Ola de odio
La Vanguardia, , 11-05-2026He leído que una ola de rechazo se cierne sobre Canarias a raíz de la llegada del buque afectado por el hantavirus. En realidad, podría interpretarse como una corriente internacional de antipatía provocada por el intento del presidente canario, Fernando Clavijo, de impedir que el crucero Hondius fondeara en aguas de Tenerife e impedir a sus 150 pasajeros bajar a tierra para ser atendidos clínicamente o repatriados a sus respectivos países.
A este hecho se suma el rechazo que una parte de la población canaria ha mostrado ante la llegada masiva de inmigrantes. El eslogan “los canarios primero” gana fuerza, al igual que las campañas de turismofobia provocadas por la saturación que esta industria está generando en las llamadas islas afortunadas . Todo ello está perju -
dicando seriamente la imagen de Canarias y podría acabar afectando a su economía. No hay que olvidar que el archipiélago
vive del turismo y que los visitantes buscan paz y tranquilidad.
Hasta cierto punto, es comprensible
la resistencia de Clavijo a permitir el desembarco de los pasajeros del crucero afectado. No se trata solo del temor de
una parte de la población a una posible
epidemia, como ocurrió con el coronavirus, cuyo primer caso detectado en España se registró en estas tierras en un pasajero en tránsito.
El verdadero riesgo –ya que el sanitario es mínimo, según la Organización Mundial de la Salud (OMS)– es el económico. En pleno inicio de la campaña turística de primavera – verano, la posibilidad de contagio puede frenar seriamente las reservas, que se lo digan a la fascinante ciudad argentina de Ushuaia. Además, el hantavirus se ha convertido en un fenómeno mediático internacional, y no siempre se ha informado con rigor, sino con un sesgo sensacionalista, especialmente en las redes sociales.
Pero una cosa es esa preocupación, y otra muy distinta que el presidente canario y la Coalición Canaria que lo respalda hayan convertido un asunto sanitario en un choque institucional. Como en el juego de las siete y media, no conviene quedarse corto ni pasarse, y, en esta ocasión, Clavijo se ha excedido. Y, como la demagogia es más contagiosa que los virus, el presidente de Vox, Santiago Abascal, no tardó en sumarse al discurso, afirmando que el presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, sería capaz de provocar una epidemia para desviar la atención de los casos de corrupción que le afectan.
El colmo del disparate llegó cuando el líder de la oposición, Alberto Núñez Feijóo, convirtió la crisis del Hondius en munición electoral contra Sánchez en plena campaña andaluza. El PP incluso pidió la dimisión de la ministra de Sanidad, Mónica García, pese a que lo correcto era levantar la prohibición impuesta por el Ejecutivo canario y permitir que los pasajeros del buque desembarcaran con todas las garantías sanitarias para ser atendidos o repatriados a sus países de origen. Una decisión respaldada por las autoridades sanitarias, la OMS y la Unión Europea.
El nacionalpopulismo es una mala forma de hacer política, y el PP se equivoca haciendo seguidismo de Vox.
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