El voto hispano se aleja de Trump

La Vanguardia, Juan M. Hernández Puértolas, 11-05-2026

La clave de la victoria de Donald Trump en las últimas elecciones presidenciales, primera vez en 20 años en que un candidato republicano obtenía más votos populares que su adversario demócrata, residió en sus avances en colectivos tradicionalmente favorables al partido ahora en la oposición. No es que Trump se impusiera en segmentos habitualmente deficitarios en las anteriores candidaturas republicanas, pero sí que recortó muchas distancias, lo que, unido al mantenimiento de su fiel base conservadora, propició su ajustada victoria.

Con toda probabilidad, fue el voto hispano – o latino, como se le llama en Estados Unidos – el que más sorpresa suscitó en aquellos comicios, no en vano se ha solido decantar en promedio histórico a largo del presente siglo en una proporción de dos a uno para el bando demócrata. Pues bien, Trump se hizo en noviembre del 2024 con el 45% del voto hispano, proporción que alcanzó un ya mayoritario 53% si se circunscribe al electorado masculino hispano.

Esa deriva se atribuyó en su día al conservadurismo de este segmento de la población en materias sociales de tipo identitario o de derechos reproductivos y, aunque suene un tanto paradójico, a una cierta aceptación del plan de Trump contra la inmigración irregular, abonando el conocido lema de que el último que llegue, que cierre la puerta. Pero una cosa era sellar la frontera con México y otra bien distinta las detenciones arbitrarias propiciadas en diversas ciudades del país por el empoderado y agresivo Servicio de Inmigración y Control de Aduanas, más conocido por sus siglas en inglés, ICE.

La creciente evidencia de que las detenciones y eventuales deportaciones poco o nada tenían que ver con supuestos antecedentes penales y todo que ver con el aspecto físico de la persona han contribuido al fuerte descenso de la popularidad de Trump entre la población de origen hispano, que la revista The Economist situaba recientemente en un magro 22%. Obviamente, tampoco ha ayudado al Partido Republicano que tres de las tradicionales reivindicaciones de la comunidad hispana, la elevación del salario mínimo federal, la educación primaria universal y la promoción de viviendas asequibles apenas hayan avanzado en estos intensísimos 17 meses del segundo mandato de Donald Trump.

Según el último censo, la comunidad hispana representa casi una quinta parte de la población estadounidense y en los dos estados más populosos, California y Texas, supone cerca del 40% de las respectivas poblaciones. A este ritmo, constituirán en esos dos estados la minoría mayoritaria – esto es, superarán a la población blanca – en fecha tan cercana como el año 2030. Otras proyecciones sitúan esa posibilidad para todo el conjunto del país en el año 2050.

Rápidamente y a modo de conclusión hay que añadir que no todo el voto hispano es homogéneo y que la inmigración originaria de México, predominante en California, Texas o Arizona, está más a la izquierda que la originaria de Cuba, Venezuela y otros países del Caribe, lo que ha dado por ejemplo un sesgo fuertemente conservador a la otrora electoralmente competitiva Florida. Se atribuye al presidente Reagan la afirmación de que los hispanos eran republicanos, pero que aún no se habían dado cuenta de ello. Sea como fuere, se han convertido en una parte muy solicitada del electorado, hoy por hoy crecientemente alejada de la retórica xenófoba del presidente Trump.

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