Gloria Campoy: «Caldes de Malavella acogió 3.000 refugiados durante la Guerra Civil, más de 400 eran de Irun»
La investigadora catalana busca testimonios de familiares para que participen en la charla que dará en septiembre en la ciudad
Diario Vasco, , 08-05-2026Gloria Campoy es una investigadora catalana que está completando la base de datos del Memorial Democràtic de la Generalitat de Catalunya con información relativa al millón y medio de refugiados que Cataluña acogió durante la guerra.
En sus estudios de documentación, Irun es un nombre que se repite continuamente y cuya presencia le ha llegado a sorprender. «Como respuesta a lo que estaba ocurriendo en la Guerra Civil, la Generalitat de Catalunya dispuso que todos los ayuntamientos de Cataluña acogieran un 10% de población refugiada. Algunos, por la capacidad que tenían, acogieron más, el equivalente al 20% o al 30% de su población». Pero si hubo un municipio que destacó en ese sentido fue, desde luego, «Caldes de Malavella. En aquel tiempo tenía entre 3.500 y 3.000 habitantes, pero era una ciudad con balnearios. El de Vichy Catalán era el mayor y el más conocido, pero había otros muchos, algunos que aún existen. En un ejercicio de solidaridad, Caldes de Malavella acogió 3.000 refugiados, dobló su población. Creo que es importante recordarlo, destacarlo y ponerlo en valor, porque en tiempos de guerra, las cosas no eran fáciles, no era fácil siquiera conseguir comida y hubo mucha solidaridad».
Lo que ha llamado la atención de Campoy es que de esos 3.000 refugiados «más de 400 (423 ya confirmados) eran de Irun. Yo voy haciendo el estudio de los refugiados acogidos pueblo por pueblo y sólo en dos casos, el Caldes de Malavella y el de Esparraguera, hay una única población de origen que represente un porcentaje destacable sobre la población nativa del municipio de acogida, pero el caso de Irun en Caldes de Malavella es claramente el mayor, casi una relación de uno por cada cinco. Eso no pasa ni cuando hablamos de poblaciones de origen tan grandes como Bilbao». Quizá por eso interés por la ciudad fronteriza aumentó y contactó con la Asociación Republica Irunesa Nicolás Guerendiain, que también ha promovido muchos estudios y análisis sobre el exilio de la población local antes, durante y después de la guerra. «Es verdad que allí, en Irun, hay mucha información, mucha documentación. Se ha trabajado mucho. También es verdad que mi enfoque y el de la asociación son diferentes en algunos puntos porque ellos atienden todas las personas que salieron de Irun y yo busco a las que terminaron llegando a Cataluña».
Del trabajo conjunto con los miembros de Nicolás Guerendiain ha nacido una colaboración que ya se ha concretado de dos maneras.
De una parte, la web de la asociación republicana ha incorporado el listado actual (puede seguir creciendo) de las más de 400 personas de Irun que ya se ha confirmado que estuvieron refugiadas en Caldes de Malavella. Es una base de datos que de alguna manera complementa con otro enfoque la línea que ya se emprendió con la publicación de un estudio sobre los niños y niñas que salieron de Irun y Hondarribia por la guerra y que también incluye una exhaustiva lista bien documentada. Todo disponible en asociacionrepublicanairunesa.org.
El otro fruto de la colaboración entre la entidad y Campoy es una charla que la investigadora ofrecerá en Irun el próximo mes de septiembre en colaboración también con el Ayuntamiento. «Estoy buscando testimonios de familiares de personas que salieron de Irun y acabaron como refugiados en Cataluña», explica ella. «Me gustaría que pudieran dar testimonio en ese encuentro que tendremos allí. Algunos podrán contar lo que saben y otros quizá lo que hagan sea plantear preguntas. Tanto lo uno como lo otro es importante».
Aquellas personas que quieran ponerse en contacto con la investigadora pueden hacerlo a través del correo electrónico gcampoy.eoc.edu. También se puede hacer a través de la asociación republicana local (140431@asociacionrepublicanairunesa.org).
Campoy sabe que se ha embarcado en una tarea titánica, muy laboriosa. «Pero es importante. Los padres no quisieron hablar de lo que hicieron a sus hijos por precaución ante la dura represión de la época y los hijos no quisieron preguntar. Ahora los nietos quieren saber, porque resulta que sus abuelos tuvieron a una familia de refugiados en casa y no lo sabían. Ya no hay nadie para contárselo, pero hay registros y creo que es importante, tanto para Irun como lugar de origen como para Cataluña como destino de refugiados, saber lo que pasó. Si de la Guerra Civil se habla poco hasta en las clases de historia, de la parte social y humana, prácticamente nada», reivindica esta investigadora.
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