La memoria negra y esclavista que España dejó fuera de su historia
Valencia se suma a las ciudades que revisan su pasado de esclavitud con rutas y actividades para recuperar el relato de las personas negras que habitaron sus calles desde hace siglos. Historiadores piden una revisión profunda del relato nacional que los incluya
El País, , 08-05-2026La plaza del Mercado Central de Valencia, hoy ocupada por terrazas y turistas que fotografían su cúpula modernista, fue durante siglos uno de los principales escenarios de la trata de personas en la ciudad. Los archivos lo documentan con precisión: desde finales del siglo XV, este fue uno de los puntos de entrada de africanos esclavizados. A pocos metros, en la desaparecida Posada del Camell, llegaron a hacinarse más de un centenar de personas encadenadas, a la espera de ser subastadas. Y, sin embargo, no hay una sola placa que lo recuerde.
“Hemos pasado toda la vida por estos sitios sin saber lo que ocurrió en ellos”, explica Deborah Ekoka, gestora cultural valenciana e impulsora de Cartografías de la memoria negra, un ciclo de rutas y actividades que pretende recuperar la presencia histórica de las personas negras y musulmanas en Valencia. El proyecto cuenta además con el apoyo del Instituto Sindical de Cooperación al Desarrollo (ISCOD) y con colaboraciones con l’ETNO, el Museu Valenciano de Etnología.
Hija de padre ecuatoguineano y nacida en esta ciudad, Ekoka creció respondiendo a una pregunta recurrente: “¿De dónde eres?”. Su padre llegó a la España peninsular cuando Guinea Ecuatorial aún era colonia española de ultramar, con un documento nacional de identidad español. Aun así, ese origen, “de madre y padre españoles”, nunca ha sido plenamente reconocido por el color de su piel.
Hemos pasado toda la vida por estos sitios sin saber lo que ocurrió en ellos
Deborah Ekoka, gestora cultural valenciana
Valencia no es una excepción. En los últimos años, ciudades como Madrid, Barcelona, Sevilla o Cádiz han empezado a revisar a través de rutas urbanas, proyectos culturales y trabajos académicos su pasado negro y esclavista, ampliamente documentado en archivos históricos públicos y privados, registros notariales, censos e incluso en las crónicas que detallaban los autos de fe de la Inquisición, pero ausente del relato de la construcción nacional. Miguel de Cervantes, por ejemplo, describió a Sevilla como “un tablero de ajedrez”, para señalar la existencia de una población mixta, blanca y negra, recuerda Ana Grau, responsable de proyectos del ISCOD.
Ese pasado está inscrito en el propio trazado urbano, aunque a veces no sea visible. Madrid, por ejemplo, conserva la calle de las Negras. Pero en Valencia, la vía que durante siglos se llamó Carrer dels Negres luce ahora el cartel de “calle de las Almas”. Fue, según cuenta Ekoka, uno de los centros de la presencia afrodescendiente en la ciudad: un espacio donde vivían familias y construyeron comunidad durante generaciones. “No hay ninguna señal que lo recuerde; el borrado también pasa por el espacio urbano, por los nombres, por lo que decidimos conservar y lo que no”, lamenta Ekoka.
Deborah Ekoka, durante el recorrido que organiza en Valencia, el pasado 30 de abril.
KIKE TABERNER
Para el historiador José Antonio Piqueras, que dirige en la Universidad Jaume I de Castellón la cátedra de la Unesco sobre Esclavitudes y Afrodescendencia, la única sobre esta doble cuestión en España, ese vacío no responde a una falta de fuentes, sino a una decisión histórica: “Hay un desinterés porque hay una premisa, y es negar la contribución de las personas negras a la propia existencia del país” en un intento de mayor aproximación a la Europa blanca.
Hay un desinterés porque hay una premisa, y es negar la contribución de las personas negras a la propia existencia del país
José Antonio Piqueras, director de la cátedra de Esclavitudes y Afrodescendencia
Esa exclusión del relato tiene efectos concretos en el presente. “La parte manchega de mi familia la he conocido siempre, pero la africana no”, explica Esther Ejome —cuyo primer apellido es García—, profesora valenciana afrodescendiente, en una de las paradas del recorrido de Valencia. “Nací en esta ciudad y aun así toda mi vida he sentido la extranjerización de mi cuerpo”, coincide con Ekoka.
Para Ejome, el problema está en cómo se ha construido la narrativa. “En la Historia Universal del Arte, por ejemplo, África no existía, por lo que no era una historia universal, sino una historia occidental. Pero siempre ha habido personas negras en la península Ibérica”.
La Cofradía de los Negros
La documentación que respalda la presencia negra en España no es menor ni marginal. José Antonio Piqueras sitúa a la Valencia de finales del siglo XV y principios del XVI como una de las principales ciudades esclavistas de la Península. “Entre 1490 y 1520 llegaron aquí más personas africanas esclavizadas que a toda América en esos mismos años”, explica el historiador. Según recuerda, basándose en las investigaciones de la historiadora Vicenta Cortés, “uno de cada tres mercaderes de Valencia se dedicaba al comercio de personas esclavizadas” en torno al año 1500, cuando la ciudad era la más poblada de la Península.
En determinados periodos, continúa, alrededor del “14% de la población” de la ciudad fue esclava, y aproximadamente la mitad de esas personas eran negras. “Era imposible no verlas. Estaban en todas partes”, resume. Trabajaban en casas nobles, en talleres artesanos, en el comercio urbano y en los espacios públicos.
Piqueras insiste además en desmontar una asociación que hoy se da por sentada. “Hasta el siglo XV y comienzos del XVI la esclavitud no estaba racializada”, señala. Durante siglos, explica, las personas esclavizadas no eran mayoritariamente negras, sino que procedían del “Cáucaso” o de las zonas que ocupan actualmente “Bulgaria y Grecia”. El giro se produce “a partir de finales del siglo XV”, cuando el aprovisionamiento masivo de personas desde África abarata los costes y transforma el sistema. Es entonces cuando se consolida la identificación entre persona esclavizada y persona negra, una asociación que, como señala el historiador, tendrá consecuencias duraderas.
Pero los archivos no solo registran compraventas o censos. También documentan redes de apoyo y organización comunitaria. A pocos minutos del Mercado Central de Valencia, en la actual plaza de San Agustín, se encontraba la Cofradía de los Negros de la Sagrada Virgen María de la Misericordia, fundada en 1472, “por 40 hombres negros libertos”, según Ekoka. “Es una de las hermandades de personas negras más antiguas documentadas en Europa y no era solo una institución religiosa; era una red de ayuda mutua, un fondo de emergencia, un espacio de protección”, añade.
Los archivos recogen casos como el de Ursola, una mujer negra esclavizada que fue brutalmente golpeada por su propietario, Francesch Martínez. La cofradía la acogió, la curó, llevó al agresor ante los tribunales y reunió el dinero necesario para comprar su libertad. Historias como esta cuestionan la imagen pasiva con la que a menudo se ha representado a las personas esclavizadas. “Había agencia, había estructuras de apoyo e incluso una figura llamada procurador de los miserables, una especie de abogado de oficio, que les ayudaba a denunciar los abusos o incumplimiento de contratos”, subraya Ejome.
El racismo actual se sostiene precisamente en ese borrado de la presencia negra en la historia de este país
Yeison F. García López, activista de Conciencia Afro
Hubo también personas negras que alcanzaron reconocimiento en el campo de las artes, el ejército o la corte. Piqueras recuerda que los archivos documentan biografías como la de Juan Latino, humanista y catedrático en la Universidad de Granada en el siglo XVI, o la de Juan de Pareja, pintor y antiguo esclavizado que trabajó en el taller de Velázquez y desarrolló después una carrera propia.
“El racismo actual se sostiene precisamente en ese borrado de la presencia negra en la historia de este país”, señala Yeison F. García López, activista de Conciencia Afro y uno de los organizadores de Madrid Negro, una ruta similar a la valenciana en la capital de España. “Este país ha intentado proyectar una imagen homogénea y blanca, negando su propia diversidad histórica”, protesta.
Por eso, considera que es necesaria una reparación, que no se limite a gestos simbólicos, en la que participe la población afrodescendiente y que apunte a una revisión profunda del relato nacional: desde los currículos educativos hasta la señalización urbana, pasando por el acceso a los archivos o la producción cultural. “Cuando se borra esa presencia, se construye la idea de que las personas negras son algo reciente y ajeno”, añade.
De ahí que iniciativas como la de Valencia no sean solo ejercicios culturales, sino intervenciones sobre el presente. Porque para quienes participan en estas rutas, el efecto es inmediato: el Mercado Central ya no es solo un icono modernista y la calle de las Almas ya no es otra vía más de la ciudad. Ekoka lo resume así: “Cambia la mirada y la ciudad deja de ser la misma”.
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