La Casa Blanca insiste en que la migración convierte a Europa en una «incubadora» de amenazas terroristas

La nueva doctrina de seguridad de Estados Unidos utiliza un discurso muy similar al de Trump con la OTAN para instar a los gobiernos del Viejo Continente a invertir más en «sus esfuerzos contraterroristas»

Canarias 7, M. Pérez, 08-05-2026

La nueva estrategia antiterrorista de Estados Unidos que Donald Trump acaba de firmar define a Europa como una «incubadora» de amenazas terroristas a consecuencia de… la permeabilidad de las fronteras con la migración y los «ideales globalistas». El informe, de 16 páginas, no aporta nada nuevo respecto a la visión que tenía la Casa Blanca sobre el Viejo Continente en su anterior documento de seguridad. Insiste en la «debilidad» europea y en un «declive deliberado» que sus gobiernos e instituciones deben frenar. «Como cuna de la cultura y los valores occidentales, Europa debe actuar ahora», subraya el documento elaborado por el polémico asesor en contraterrorismo del Despacho Oval, Sebastian Gorka.

«Resulta evidente para todos que los grupos hostiles bien organizados explotan las fronteras abiertas y los ideales globalistas relacionados. Cuanto más se expandan estas culturas extranjeras y cuanto más persistan las políticas europeas actuales, mayor será la probabilidad de que se produzca terrorismo», sostiene el texto, que vuelve a remarcar esa distancia que la Administración del líder republicano quiere establecer con sus aliados al otro lado del Atlántico. Aunque el asesor afirma que estos países son los «socios preeminentes y a largo plazo» de Estados Unidos en materia de contraterrorismo, alerta de que «el mundo es más seguro cuando Europa es fuerte. Pero Europa está muy amenazada y es a la vez un objetivo terrorista y una incubadora de amenazas terroristas».

El «semillero», según la doctrina de seguridad de la Casa Blanca, es producto de que la acogida de inmigrantes y una política de «fronteras abiertas» propician la infiltración de radicales, la expansión de grupos extremistas y las labores de reclutamiento de nuevos miembros, tanto migrantes como ciudadanos europeos. En un discurso que recuerda plenamente al de Trump con la OTAN y su presión para aumentar las inversiones del PIB en defensa militar, el asesor de la Casa Blanca advierte que «Europa debe aumentar significativamente sus esfuerzos antiterroristas de inmediato».

¿Cómo? El documento reúne un largo abanico de consejos, que abarcan desde lo ideológico (el «mantenimiento de charlas sinceras sobre el islamismo») hasta la compartición activa de Inteligencia, el aumento de los recursos policiales y militares en cada país y la asunción de una «mayor responsabilidad» en la lucha antiterrorista, «lo cual incluye operaciones en África».

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La nueva estrategia no está llamada evidentemente a calmar las tensiones con el Viejo Continente, pero tampoco se espera este efecto. Medios norteamericanos consideran que las quejas del informe intentan empujar al resto de naciones implicadas en el combate contra el terrorismo global para que refuercen sus medios. Una maniobra, de nuevo, parecida a la que Trump ejerce con la Alianza Atlántica para que los aliados europeos inviertan más en seguridad y autodefensa.

El principal objetivo
Para la Casa Blanca, de todas formas, la principal amenaza actual no es el yihadismo. Es el narcotráfico. La doctrina de 2026 supone un cambio bastante elocuente respecto a la del año pasado y encaja con la cruzada de Trump para expandir su control en América Latína y combatir a los cárteles de la droga, con la epidemia del fentanilo azotando las calles de su nación. «Nuestra nueva estrategia antiterrorista prioriza la neutralización de las amenazas hemisféricas mediante la desarticulación de las operaciones de los cárteles hasta que estos grupos sean incapaces de introducir sus drogas, a sus miembros y a sus víctimas de trata en Estados Unidos», explicó Gorka durante la presentación de la hoja de ruta del gabinete.

Sus palabras dibujan una pista de aterrizaje para los ataques a narcolanchas en Venezuela y las operaciones conjuntas que Trump quiere incentivar en México, Colombia o Ecuador. Los expertos señalan que, al etiquetar al narcotráfico como una prioridad terrorista de primer orden, habrá menos objeciones a la intervención de las tropas estadounidenses en terceros países.

El informe incluso amplía el radio de acción a territorio europeo. «También colaboraremos estrechamente con nuestros socios antiterroristas serios en Europa para contrarrestar conjuntamente» todo tipo de «amenazas híbrídas», desde el fanatismo sangriento de Estado Islámico a las mafías de la droga. Todos ellos han «explotado libremente las débiles fronteras de Europa y la disminución de los recursos antiterroristas» para convertir al Viejo Continente «en un entorno operativo permisivo», insiste la doctrina.

El resto del documento es una mezcla de los ‘sospechosos habituales’ del Despacho Oval. Washington cree que entre sus frentes destacados figuran los anarquistas, los «extremistas violentos de izquierda» y los grupos «radicalmente pro-transgénero». En este cajón cabe todo. El asesor presidencial asegura que nada de esto es palabrería política. Obedece al «principio de que Estados Unidos es nuestra patria y debe ser protegida» por lo que no tolerará que clanes criminales o incluso Estados extremistas (¿referencia a Irán?) «conspiren» en su contra. Como tampoco, a nivel interno, «grupos políticos violentos y laicos como Antifa».

¿Quién es Sebastian Gorka?
Gorka, director de la Oficina Antiterrorista de la Casa Blanca, es un viejo conocido de los medios, polemista y productor de programas de tinte muy conservador. Descendiente de una familia húngara y nacido en Londres en 1970, ejerció como asistente adjunto de Trump entre enero y agosto de 2017. Compartió estudios estratégicos con su yerno, Jared Kushner.

Sebastian Gorka, aesor en contraterrorismo de la Casa Blanca. (Reuters)
El final de su breve trabajo no está claro. Él adujo que presentó su dimisión de forma voluntaria porque la Administración había variado su enfoque y «removido» a los líderes populistas (hoy serían MAGA) que impulsaron a Trump, entre ellos Steve Bannon, cesado una semana antes. La Casa Blanca, por el contrario, explicó que había echado a su asesor, entre otros motivos, a petición de varios congresistas republicanos por su aparente relación con círculos antisemitas. Una publicación revelo que en el pasado tuvo una presunta vinculación con una organización húngara aliada del nazismo.

Gorka estudió en la Universidad y durante ese tiempo se alistó en el Ejército Territorial Británico, actualmente conocido como la Reserva, un cuerpo de voluntarios que entrena durante varias semanas al año tácticas militares o de emergencia. Hoy en día tiene casi 30.000 miembros. Al parecer, él formó parte de una unidad de Inteligencia. Su siguiente paso fue Hungría.

Durante casi una década trabajó en el Ministerio de Defensa y colaboró con la derecha nacionalista húngara antes de regresar a Estados Unidos, donde se nacionalizó. Analista de seguridad, máster en relaciones internacionales y diplomado en Ciencias Económicas, ha sido comentarista de la Fox y trabajado en varios medios de marcado carácter conservador. Uno de sus programas se llamó ‘America First’.

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