"Eppur si muove"
Público, , 08-05-2026Por un momento he imaginado a un joven con las manos manchadas de un mejunje, mezcla de sangre, tierra y hierbas, que discute con su padre porque quiere pintar en el techo de la cueva la figura de un bisonte y su viejo se opone. Dice que los dioses les castigarán y les traerá mala suerte en sus cacerías. Una cueva de Cantabria, en un paraje que llaman de Altamira. En latín, “altura de miras”. La discusión ocurrió hace 20.000 años. Y aunque el joven, que se jugó el pellejo, pues el brujo de la tribu también se lo impedía, consiguió no solo convencerlos, sino animar a otros colegas a pintar caballos, jabalíes y ciervos. Unidos. Gracias a aquellos osados y a su “altura de miras”, la cueva del Paleolítico es considerada una Capilla Sixtina.
El 1553, en Ginebra, el médico y teólogo aragonés Miguel Servet es quemado en una hoguera. Atado a una estaca y con sus libros y unos troncos como materia incendiaria. Unas horas antes, se ha intentado conmutar la terrible pena por una “simple” decapitación. Pero el tribunal no ha accedido. Su delito es grave: es un hereje que ha descubierto el sistema de doble circulación pulmonar. La sangre no se oxigena en el corazón, que solo la bombea, sino en los pulmones. ¡Ohhhhhh, pura brujería! Para su hallazgo, lleva años trabajando con cadáveres, que descuartiza y extrae venas y arterias. Un hereje, un endemoniado que niega a la Santísima Trinidad, que debe morir abrasado.
Las mismas hogueras en las que quemaron a miles de mujeres valientes, que se atrevieron a rebelarse por la causa que fuera, acusadas de brujería. Recuerdo que siendo teniente de alcalde en Daimiel – sí, donde el Parque Nacional de Las Tablas de Daimiel –, observando que todos los planes de empleo eran siempre los mismos, para personas sin cualificación: limpieza de calles, jardines, etc. Se nos ocurrió, tras estudiar las listas del paro en las que aparecían 30 jóvenes titulados universitarios – historiadores, geógrafos, filólogos y filósofos – que jamás habían trabajado, crear un plan de empleo especial para ellos, dedicado a la investigación. Un plan de un año, que nos aprobó de inmediato la Administración. Los dividimos en tres grupos y a uno se le encomendó la tarea de investigar por qué a Daimiel se le conocía con el sobrenombre de El pueblo de las Brujas. Y la respuesta fue apareciendo, potente y diáfana, en cuanto comenzaron a escudriñar legajos en Toledo y en el Archivo Nacional, de los juicios del Tribunal de la Santa Inquisición a las “brujas” daimieleñas: Juana Ruiz, acusada (1540) de volar por las noches y hacer pactos con el diablo; Isabel de la Higuera, procesada (1550) por dibujar en la ceniza y hacer pócimas para “desligar”; Ana Díaz, juzgada por realizar conjuros de amor; Apolonia “la Forastera”, por curar invocando al demonio; Ana Matías, Isabel Maeso, Ana López…
Con los trabajos finalizados, se editó una trilogía que vino a presentar la mejor “bruja” – ella lo decía – que quedaba en España viva, mi querida amiga Ana María Matute. Todavía alguno de aquellos jóvenes, me dice que gracias a los puntos de aquel año de investigación y a aquella publicación, consiguió trabajo.
Catorce años más tarde del juicio a Isabel de la Higuera, nace en Pisa Galileo Galilei. Otro hombre del Renacimiento ajusticiado que revolucionará la historia de la humanidad y de la ciencia. ¿Su gran delito? Creer a Copérnico y demostrar la teoría heliocéntrica, frente a la geocéntrica. Es decir, el centro de “nuestra” cosmología es el Sol y no la Tierra. Una Tierra que gira, que se mueve. Un enfrentamiento, en definitiva, entre religión y ciencia. Perseguido y censurado durante años por el Santo Oficio, en 1633 es condenado “a prisión perpetua” y se le obliga a abjurar de sus ideas. Cosa que hizo, para conseguir la conmutación por “arresto domiciliario vitalicio”, despidiéndose del mundo con la famosa frase “Eppur si muove” (“Y, sin embargo, se mueve”). Muriendo ciego, recluido en su casa, años más tarde. Una victoria para la iglesia, para la jerarquía eclesiástica, siempre hermanada con el poder. El ejecutivo, el económico y el judicial. Hermanada literalmente: un hijo duque, el otro cardenal, el tercero presidente de la Audiencia. La iglesia y el poder económico impidiendo el progreso científico y social.
La historia es contumaz. Alguien, para desacreditar mi opinión, dirá que estoy hablando de hace cuatro siglos. Y es cierto. Pero, por desgracia, siempre ha sido lo mismo. A Miguel Servet lo quemaron tres veces. Cuando fue apresado la primera vez, ya sentenciado a la hoguera, consiguió escapar. Los inquisidores, rabiosos, quemaron, in absentia, a un muñeco de trapo. Con sus libros. Siempre quemando libros, como los nazis. En USA, Trump no los quema, pero los prohíbe y despide a la directora de la biblioteca del Congreso por su política de diversidad. La segunda vez fue la verdadera, al ser atrapado nuevamente en Ginebra. Pero en el 1944, mitad del siglo XX, el gobierno colaboracionista francés de Vichy (colaboracionista con Hitler), retiró y fundió una estatua de bronce dedicada a Miguel Servet, en Annemasse, por simbolizar el libre pensamiento. Con las esculturas fundidas, los nazis hacían cañones y tanquetas.
Este escrito no es una lección de historia, sería un atrevimiento por mi parte, pero sí un recordatorio para los jóvenes incultos y manipulables que, como no se lo expliquemos bien, mañana estarán apaleando a todas las personas diferentes a ellos, igual que hace unos meses apalearon a musulmanes en Torre Pacheco.
Para que no pierdan la memoria, recordarles que hasta hace solo 45 años, el Ku Klux Klan, vestidos como nuestros nazarenos, se dedicaban a quemar a negros. Una horda de blancos, no muy diferente a la que invadió el Capitolio. Los perseguían, los linchaban, los mutilaban, los arrastraban tirados por caballos y, finalmente, los quemaban vivos o los ahorcaban. ¿Motivo? ¡Ser negros! El último, Michael Donald, un joven afroamericano de 19 años de Alabama. El nuevo Ku Klux Klan se llama hoy Supremacismo Blanco. El ICE, que mata a ciudadanos a balazos, se lleva a niños de cuatro años, mientras arrastra a sus padres por el suelo, los patalea, los mete en jaulas y los deporta a otros países, no está muy alejado de aquello. ¿Motivo? ¡Ser inmigrantes! ¡Qué terrible delito, Dios mío, buscar pan para tus hijos!
Intentaba decir, que la historia del ser humano es la lucha permanente contra el poderoso. Cuando se le derrota, avanzamos. Si dejamos de luchar y de oponer resistencia, si nos entregamos, entonces retrocedemos. Los derechos nunca están garantizados. Ellos son muy fuertes, son los dueños del capital. Saben manejarlo: tienen los medios de comunicación con su propaganda para engañarnos, las redes sociales que son suyas, para manipularnos a través del consumo, para idiotizarnos. Dinero para comprar a los políticos, a los más mediocres, sus votos y voluntades. Son los dueños de la tecnología, de los ejércitos y las armas para tenernos siempre asustados, a la espera de que “alguien” nos ataque. Manejan los tribunales de justicia y las instituciones. Nacionales e internacionales. Lo tienen todo para cumplir su único objetivo: no perder el poder económico y sus privilegios. Que el negocio no se les escape de las manos. Ir dándonos unas migajas, para conformarnos, para tenernos callados, mientras ellos se quedan la porción grande de la tarta. Ahí están los datos del reparto de la riqueza del planeta: unos datos espeluznantes. Y todo el conflicto que se está generando con la llegada al poder de esos personajes incalificables, multimillonarios degenerados, que gobiernan el mundo, tiene una única razón: parar en seco, incluso retroceder, con los avances sociales conseguidos en las últimas décadas. Asfixiar el estado de bienestar, hasta desmantelarlo. Como si, según ellos, los derechos y servicios conseguidos fueran excesivos. Por eso hay que acabar con la sanidad y la educación públicas, los servicios sociales que combaten las desigualdades, y monetizarlo todo. Y buscar culpables: los inmigrantes, los pobres, los miserables. Que se maten entre ellos. Entre nosotros. Dejando que el de arriba se forre.
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EFE
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“Y, sin embargo, algo empieza a moverse”. Sus propios abusos y excesos, su megalomanía e inmoralidad, acabarán con ellos. Orbán primus fuit.
Del rechazo trumpiano al inmigrante, han importado a España la ignominia llamada “prioridad nacional”. Una vuelta al geocentrismo patrio, contra Galileo otra vez. Vuelven los inquisidores con sus antorchas. Con ese engañabobos obsceno que suena tan bien: “Los españoles primeros”. Basado en mentiras. ¿Cómo es posible que en Extremadura hayan tardado medio año en constituir el gobierno, hasta encontrar la clave racista de la “prioridad nacional”? ¡Pero si en Extremadura solo hay un 4,7% de inmigrantes, la cifra más baja de España! ¿Por qué os dejáis engañar por esa mala gente? ¡Cómo me duele Extremadura! ¿Qué problema puede ocasionar la inmigración en esa región? ¡Ninguno! ¡Todo lo contrario! Beneficios. En todo caso, preocúpense de los que se van, y no de los que llegan. ¡Qué políticos más impresentables! Más que votarlos, bótenlos de una puñetera vez.
La que se ha ido, IDA por sus iniciales, a pasar diez días a México, es la presidenta de Madrid. Mientras lees esto, estará como una reina – católica, no azteca – por esa Riviera Maya, en su viaje oficial, tomándose, a la salud del contribuyente, un buen mezcal. Ha ido, IDA, simplemente, para malmeter en las relaciones hispanomexicanas, ahora que se están recomponiendo diplomáticamente. Porque, antes de su salida, ya se dedicó a insultar a los mexicanos y a la presidenta Claudia Sheinbaum. La política más culta, mejor preparada, científica y humanista, elegante y humilde, comprometida, de toda América. Su antítesis. Diciendo que México es un “narcoestado” y que “debería recuperar la libertad”. Mientras en Madrid pone medallas a Milei y a Corina Machado, se larga a México a provocar. A liarla parda. Los patriotas, con su ego desbocado y su enfermiza voracidad mediática, haciendo el mayor daño posible a la patria. Le acompaña Nacho Cano, ¡puffff!, con su espectáculo Malinche, para homenajear a Hernán Cortés. Isabel Díaz Ayuso, la gran provocadora chulapa, va a hablar a los mexicanos de libertad. A dar a los mexicanos, que acogieron generosamente a nuestros exiliados republicanos, su lección magistral. Cuando en España ya todos sabemos de qué va “su libertad”.
El mundo progresa gracias al pueblo, a sus héroes anónimos. También a esos pintores de Altamira, a las brujas de Daimiel, a Miguel Servet y a Galileo Galilei. Los obstáculos y los retrocesos para el progreso los ponen estos otros. Siempre a la contra. Los mismos. Con su permanente no en la boca. Sí, echan el freno, ciertamente. “Eppur si muove”. Caminamos. Hay esperanza. El ser humano avanza.(Puede haber caducado)