Una vez más, la inmigración
La Vanguardia, , 07-05-2026La altura y profundidad del debate político actual han hecho de la inmigración una más de las pelotas de pádel que los partidos se lanzan entre sí. Huelga decir que de ese debate no saldrá solución alguna. Afortunadamente, una nota de opinión del Cercle d’Economia del pasado mes de febrero aborda el asunto en sus aspectos económicos y sociales y los sitúa bajo el prisma de lo que debe ser el objetivo último del proceso migratorio: la integración, elemento indispensable de la cohesión social. Del éxito o del fracaso del largo proceso de integración dependerá nada menos que el futuro de nuestra convivencia.
No es la primera vez que eso sucede en la historia reciente de Catalunya. Entre 1960 y 1975, durante la gran migración que marcó el inicio del desarrollo español, la población de Catalunya pasó de 4 a 6 millones de personas, un aumento del 50%, de los que casi millón y medio eran inmigrantes. Venían de casi todas las regiones de España, atraídos por las oportunidades que ofrecía nuestra economía. Aunque eran todos ciudadanos españoles, la emigración no era libre: en muchos casos al emigrante se le exigía un contrato de trabajo para proseguir su viaje.
A su llegad había de buscar alojamiento donde podía; de ahí los barrios enteros de barracas que llenaron la periferia de Barcelona (solo ante la perspectiva del Congreso Eucarístico de 1953 se eliminaron las que se veían desde lo alto de la Diagonal; las del Somorrostro duraron bastante más). La película El 47 recuerda la precariedad del transporte público. Los niños empezaban a trabajar a los diez años, y grupos de jóvenes voluntarios ayudaban en algunos barrios a alfabetizar a los pequeños. Los recién llegados no fueron acogidos con alacridad (un estado de ánimo en que se mezclan la animación y la alegría, según el diccionario), como recuerda el despreciativo término de charnego , que se les aplicaba con demasiada frecuencia. Con todo, hoy podemos decir que la integración se ha logrado en grado muy aceptable. Como botón de muestra está mi buen amigo Vicente Moreno, nacido en el campo de Córdoba y afincado en el Vallès, hoy firme defensor de la independencia de Catalunya. Pero no hay que olvidar que el proceso ha llevado dos generaciones.
Comparada con la situación en 1950, la actual tiene tres factores en contra: con unos flujos de inmigración algo superiores a los de entonces encaramos una época de crecimiento lento del PIB (la media entre 1959 y 1973 fue del 7% anual, hoy es como mucho del 2%), y los emigrantes vienen de países con culturas diferentes, a veces muy diferentes. Además, algunos cálculos estiman que harían falta 23.000 viviendas nuevas al año solo para absorber los flujos migratorios esperados, mientras que, en la cúspide del proceso constructor en España (la década de los sesenta), se construían 18.000. El acceso a la vivienda será un problema constante durante años.
Pero el elemento vital para lograr la integración es proporcionar una educación aceptable a los hijos de los inmigrantes. Ellos son quienes pueden integrarse y ser integrados o, por el contrario, al sentirse marginados, constituir una sociedad hostil dentro de la nuestra. Esa educación no puede darse poniendo en riesgo la de los que ya tienen derecho a ella. Los expedientes adoptados hasta ahora están llevando al deterioro de la escuela pública, que es el verdadero vehículo del ascensor social, y el esfuerzo, de recursos y de medios humanos para transformar el sistema se antoja enorme. Otros asuntos habrán de pasar con menos.
Digámoslo sin circunloquios: hoy no estamos en medida de atender de forma adecuada los flujos migratorios previstos. La primera prioridad es limitar el número de inmigrantes a los que estimamos poder integrar, teniendo en cuenta empleos productivos, vivienda, sanidad y escuelas. No nos engañemos, ni engañemos a quienes quisieran venir con promesas que no podemos cumplir. El “Esto lo lograremos” de la canciller Merkel dio alas a Alternativa para Alemania. “Políticas públicas realistas y un discurso honesto”, como dice el Cercle, están en la base del éxito. Y no tenemos mucho tiempo.
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