Ha llegado a albergar a 1.600 personas
Senegaleses contra magrebíes, la 'guerra' por la Copa África en el centro que visitará el Papa: "Mejor que no nos traigan a ningún marroquí"
En el norte de Tenerife, el antiguo acuartelamiento militar de Las Raíces se ha convertido en el mayor y más polémico centro de acogida de las islas. En él, la atención humanitaria y los problemas de convivencia se entrecruzan con conflictos laborales. "Allí se queda la gente que va por el buen sueldo. Quienes lo hacen por vocación quedan apartados"
El Mundo, , 05-05-2026«¿Pedri nació aquí?». Musa no sale de su asombro mientras peregrina por el camino Rodeo Alto rumbo al supermercado de la carretera de La Esperanza, en Tenerife. Tiene 18 años y llegó a la isla en cayuco hace un mes. Lleva desde entonces en el Centro de Acogida de Emergencia y Derivación de Las Raíces y ahí se hace llamar Musa Pedri, dada su admiración por el centrocampista del Barcelona y la Selección Española. Pero nadie le había dicho que su ídolo nació en Tegueste, a apenas 12 kilómetros.
«Tengo que ir a conocer el sitio. Además, ahí quizá alguien aprecie mis labores cultivando tomates», chapurrea en castellano. Es el único que lo habla de los 30 jóvenes que esa tarde pasean rumbo al supermercado. Ellos no lo saben, pero en breve serán el centro de atención cuando el Papa León XIV visite el polémico complejo de Las Raíces, levantado en 2021 en unas instalaciones militares ubicadas frente al Aeropuerto de Tenerife Norte-Los Rodeos.
Dependiente del Ministerio de Inclusión, Seguridad Social y Migraciones está diseñado para la primera acogida y atención humanitaria de personas migrantes que llegan a las islas y está gestionado por la ONG Accem, que aún no tiene noticias de la visita papal. «No tenemos ni agenda oficial ni nada», explica a CrónicaFrancisco Navarro Atiénzar, Responsable Territorial de Accem en Canarias. Las Raíces es sólo para hombres y acoge en la actualidad a 500 personas «entre 18 y 34 años», aunque en el pico de la crisis migratoria llegó a albergar a 1.600. En él se despliegan 300 efectivos de Accem, que fue creada en 1951 por la Conferencia Episcopal con el nombre de Asociación Comisión Católica Española de Migraciones. En 1991 abandonó el adjetivo religioso y pasó a ser una entidad civil aconfesional. En la actualidad cuenta con más de 3.800 trabajadores, presencia en 13 comunidades autónomas y más de 200 programas sociales. En 2024, gestionó 225,1 millones de euros en subvenciones.
Las Raíces fue polémico desde su apertura. En abril de 2021, un enfrentamiento entre marroquíes y subsaharianos dejó un reguero de sangre en las escaleras de acceso a la enfermería y se saldó con diez personas heridas, tres de ellas hospitalizadas. La Policía Nacional tuvo que entrar en el recinto y el altercado acabó con ocho detenidos entre los residentes.
La rivalidad entre marroquíes y senegaleses se ha recrudecido tras la final de la Copa de África que les enfrentó en enero. Senegal ganó 1-0 en la prórroga tras varias polémicas arbitrales. Marruecos recurrió y la Junta de Apelación de la CAF le otorgó el título. El caso se dirime ahora en el Tribunal de Arbitraje Deportivo.
“Puede haber conflictos de convivencia como en cualquier lugar”
En el exterior de Las Raíces, Lamine, un senegalés que lleva seis meses en el centro, advierte al respecto: «Tras lo que pasó en esa final, mejor que no traigan a ningún marroquí». Pero el responsable de Accem, descarta malestares internos. «Puede haber conflictos de convivencia como puede haber en cualquier lugar donde convivan personas adultas que no han crecido juntas y que no se conocen, pero conflictos graves o violentos llevamos mucho tiempo sin tener uno», detalla. «Nosotros teníamos personas marroquíes y senegaleses y pusimos la final. Hubo el mismo pique que si nos juntamos uno de Albacete y otro de Murcia. Se soltaron un par de “toma esa” pero luego se fueron a cenar juntos», recuerda.
Dentro de Las Raíces no se separa a la gente por nacionalidad, sino por orden de llegada. En el exterior, a los más veteranos se les identifica rápidamente por llevar los mejores móviles y el mejor calzado. Pese a la humedad y el frío de la zona, rodeada de eucaliptos, los recién llegados caminan con cholas (chanclas). Y los que llevan un poco más de tiempo añaden calcetines. Ex trabajadores de Accem han denunciado que han visto a migrantes «que han estado un mes sin calzado cerrado».
«Normalmente cuando una persona llega por costa se le destruye toda la ropa que tiene y Cruz Roja les da un kit de ropa. Cuando llegan a nuestro centro nosotros tenemos otro kit más completo y se le incluyen unas cholas y unas zapatillas normales. Es un poco cultural que haya chicos que vayan en cholas, no es porque no tengan, es porque quieren ir así, se sienten más cómodos», dice Atienza.
«Los sueldos de Accem en Las Raíces son conocidos por ser los mejores del sector. Pero lo social en España está jodido», explica Marta, nombre ficticio de una trabajadora con más de cinco años de experiencia que prefiere el anonimato. «Se queda la gente que va por el sueldo. Quien va por vocación, se implica e intenta aportar un desarrollo a los migrantes, acaba apartada», denuncia. A su entender, decirles que todo lo que hacen «está bien» es «lavarse las manos». «A tus hijos no les dices siempre que todo lo hacen genial. Ese es el conflicto, y por eso mucha gente acaba quemada», manifiesta.
Carpas que ‘lloran’
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Marta dejó Las Raíces hace dos años, antes de su remodelación, cuando cada noche veía como los migrantes que dormían en endebles carpas sufrían el contraste entre el calor atrapado dentro y la humedad exterior de Los Rodeos. «Esto hacía que el techo ‘llorara’. Las gotas de condensación caían durante toda la noche sobre las personas que dormían ahí, sobre los colchones y sobre sus mantas». Porque otra cosa no, pero mantas hay muchas en Las Raíces. Nada menos que 10.000.
«¿Si no tienen nada que ocultar, por qué cierran siempre las puertas del centro a toda velocidad en cuanto aparecemos?», se pregunta un voluntario que acude habitualmente a Las Raíces a entregar ropa y comida a los migrantes. Pero la mayor queja vecinal se encuentra en el exterior. Todo el que conoce la zona sabe que a escasos 20 metros de la entrada al centro se mantiene la llamada esquina de los porros. Rodeada de restos de latas de conservas, cajetillas de cigarros y botellas de cerveza, hubo un tiempo en el que dormían allí varios jóvenes. Donde ahora hay sillas de despacho en la que se sientan a pasar la tarde había colchones. «Hasta que no vino la prensa a sacar fotos no los sacaron de allí», recuerda Marta.
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