Karina Sainz Borgo: "La xenofobia no tiene ideología"
La escritora traza en «Nazarena» la historia de una saga familiar de mujeres en permanente y profundo conflicto
La Razón, , 04-05-2026En sus páginas laten los ecos de un tiempo elástico. Las voces propias y ajenas de innumerables generaciones de mujeres que se enfrentan al conflicto interno y la hostilidad externa. La literatura de
Karina Sainz Borgo se ha estilizado hasta decantarse en «Nazarena» (Alfaguara)
, su última novela, una intensísima pieza, un «psiquiátrico literario» en el que su universo novelesco se condensa y se acelera contagiado por una fiebre tropical. Una saga de mujeres que tiene que ver con la propia, la de tres hermanas casadas con tres italianos que, en el quicio del Siglo XX, asisten al amanecer de una historia que es también el fin de un mundo. «El territorio familiar es el territorio de lo legendario –dice la escritora–. La familia es el primer laboratorio de las relaciones políticas. Desde cómo se cuenta a sí misma, generación tras generación, a cómo se relacionan sus miembros entre sí. Pero en esa política hay metáforas y hay ocultamiento. Y así fue como no me di cuenta de dónde me estaba metiendo».
La historia se convirtió en «algo más grande que yo –dice–. La empecé en 2021 y la tuve que dejar porque me estaba desbordando. Se convirtió en una novela completamente irracional». «Nazarena» es un relato en el que todos sus protagonistas sufren una imposibilidad de incomunicarse, una relación atávica con lo violento y doloroso. «Y un punto trágico, que en parte puede ser una psicopatía no bien tratada, un rasgo psicótico mal atendido, o una depresión, sin más.
Un trastorno –‘‘leí la novela de Thomas Bernhard muchas veces’’
– que no está asentado en una visión romantizada, sino en una manera de enfrentarse a la locura o la enfermedad mental de antaño», explica la periodista, asentada en España hace dos décadas. «Nazarena es una visión perfeccionada de mis obsesiones. De mi preocupación con el origen, con la violencia, con la familia, con la maternidad. La evocación familiar es solo el disparadero,
la puerta de entrada al hospital que supuso para mí escribir este libro».
Una historia de ecos familiares y también una nueva península en el territorio mítico que empieza a delimitar con sus novelas. Esta nueva obra encaja en el puzzle con un
cierto parentesco con «La hija de la española»
, de la que podría servir como precuela. «Eso del territorio literario te diré que, si está pasando, es a mi pesar. A golpe de obsesiones y de que, en el fondo, siempre estoy en el territorio de mi lenguaje», explica.
Clásicos en el Caribe
La novela plantea todo un inventario de relaciones humanas disfuncionales. «El latido es perturbado, totalmente –sonríe la escritora–. Yo siempre tiendo a plantear relaciones de sometimiento, de violencia, por ejemplo, en el sexo. Me interesa, porque lleva al territorio de lo irracional». La narración es sensorial, caribeña, rebosante para los sentidos. «Sí, pero de alguna manera ya me siento empujada a meter mi impronta plástica en el corsé de los clásicos. El mundo sin Shakespeare no tiene sentido…», ríe la autora, que e
voca «La Casa de Bernarda Alba», de Lorca: «Más que una familia, éramos un terrario», dice la novela. Uno lleno de serpientes.
Imposible leer la historia sin hacerlo al trasluz de la emigración y del proceso regulatorio que tiene durmiendo en las calles de España a miles de personas con papeles debajo del brazo. ¿Qué le dice la novela a esas mujeres?
«Una cosa principal es que la xenofobia no tiene ideología. Eso te lo puedo corroborar. El miedo al otro es atávico.
En mis novelas aparece reflejado el desplazado, el inmigrante, el periférico, pero no es porque sienta un compromiso social, sino porque pienso que, inevitablemente, todos los seres humanos hemos perseguido a otros y hemos sido perseguidos. Vivimos un momento muy duro en el que los protagonistas de este silglo, para mí, serán las mujeres y los inmigrantes. La gente que está tratando de regularizarse busca obtener un derecho legítimo, pero entran en la tensión del discurso de la migración, que está por resolverse. Pero mis personajes mujeres están en conflicto consigo mismas y a la vez son depredadoras. Este será su siglo».
El colonialismo como trauma
►En el sustrato de la historia late el colonialismo europeo: «Creo que, en el caso de España, la relación con sus colonias es mucho menos trágica que la relación que tuvieron otros imperios. Por ejemplo, los británicos tienen una relación complicadísima con sus territorios. Los portugueses tienen una relación muy traumática, como los franceses. Estamos viviendo una época –Fukuyama se equivocó– de crisis de la democracia liberal, y volvemos a los debates esenciales, a la pertenencia, al poder, a la revancha.
Yo no creo en el colonialismo como gatillo de un discurso revanchista, pero sí es un asunto irresuelto. Estamos en un momento particularmente demagógico
donde azuzar cuentas pendientes puede llegar a ser realmente útil para hacerse notar, creativamente, culturalmente. Yo no soporto la victimización, creo que es más complejo que eso, pero, claro, late de fondo en mis historias».
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