La pequeña isla donde Colón hizo escala hacia América recibe hoy tantos inmigrantes como habitantes tiene

El territorio insular fue meridiano cero y hoy es la frontera más tensa de Europa

La Razón, Jorge Siverio, 04-05-2026

El medio británico

The Express

se fijó en ella y le dedicó un reportaje que sus casi 12.000 herreños leerían con orgullo mezclado con cansancio. Satisfacción, porque la Isla acumula una historia que no merece el olvido al que la condena su tamaño. Cansancio, porque 2025 fue el año en que el puerto de La Restinga recibió

10.800 personas llegadas en cayuco desde África. Casi la población entera de

El Hierro

, en doce meses. Pero vayamos por partes.

1634: la sala de mapas

En el siglo XVII, bajo el reinado de Luis XIII y la influencia del

cardenal Richelieu

, Francia impulsó con fuerza el desarrollo científico y cartográfico. En aquella época, los mapas europeos no compartían un mismo meridiano de referencia, sino que cada potencia utilizaba el suyo, lo que complicaba la navegación y aumentaba los riesgos en alta mar. Poco a poco fue imponiéndose una convención heredada de la Antigüedad, como era

situar el meridiano cero en el extremo más occidental del mundo conocido. Muchos cartógrafos lo fijaron en la isla canaria de El Hierro, identificada con las antiguas

Islas Afortunadas

, y en la tradición francesa se estableció su posición como veinte grados al oeste del meridiano de París.

Ya en el siglo II, Claudio Ptolomeo había colocado su referencia geográfica en esas islas del Atlántico, que marcaban el límite occidental del mundo descrito por los geógrafos clásicos. Con el descubrimiento de América, aquella idea de “fin del mundo” quedó superada, pero la convención cartográfica sobrevivió. Durante siglos, el llamado meridiano de Ferro – asociado a la zona de la actual Punta de Orchilla – siguió utilizándose en numerosos mapas europeos como punto de partida para medir longitudes.

Así fue hasta el siglo XIX, cuando la creciente globalización de la navegación hizo necesaria una unificación definitiva. En

1884, la Conferencia Internacional del Meridiano

celebrada en Washington adoptó como referencia el

meridiano de Greenwich

, ya ampliamente utilizado por la marina británica y muchas otras naciones. Con ello, El Hierro perdió su papel central en la cartografía mundial, aunque conservó su lugar en la historia como uno de los antiguos “extremos” del mundo conocido.

La otra orilla del Atlántico

A finales del siglo XV, las naves que se atrevían a cruzar el océano Atlántico aguardaban en

Canarias

la llegada de los alisios. En esos vientos iba escrita la posibilidad del viaje. Fueron ellos los que empujaron las rutas de

Cristóbal Colón

hacia el oeste, los que abrieron un camino sobre el mar que cambiaría el mundo.

Hoy, esos mismos vientos y esas mismas corrientes siguen trazando trayectorias en el agua. Pero ya no llevan promesas de conquista. Tampoco de regreso, sino precarias embarcaciones que parten de

Mauritania, Senegal o Gambia

con rumbo, aunque no cierto.

En 2025, 10.800 personas llegaron a El Hierro en situación irregular,

una cifra que desborda la isla y que casi iguala a quienes viven en ella.

El Hierro fue durante siglos el borde desde el que el mundo se medía. Hoy es el extremo desde el que Europa mira hacia otro lado.

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