La coherencia frente a la indignidad del sanchismo

«El nivel ético lo podemos constatar con la adhesión de los que le traicionaron y que le apoyan tras ser comprados con cargos o prebendas»

La Razón, , 25-04-2026

La

incoherencia de Sánchez resulta asombrosa. Es cierto que nos hemos acostumbrado, pero no podemos darle carta de naturaleza. No puede dar ninguna lección quien ha pactado con los enemigos de España e incumple la Constitución. Hay que recordarle cuál es la realidad frente a las mentiras, porque ha normalizado que España viva sin Presupuestos como consecuencia de su incapacidad para negociar con sus socios y aliados. Es una realidad objetiva que es coherente con las tácticas y estrategias que ha utilizado para llegar y mantenerse en el poder. Hace tiempo que conocíamos lo sucedido en el polémico Comité Federal del PSOE de 2016, que García – Page asegura que «aquello fue un pucherazo cutre». Los vídeos publicados por

The Objective

y que fueron filmados durante esa reunión muestran una práctica que se ha mantenido desde entonces. Cuando se habla de las cloacas del PSOE, no es una ficción, sino una triste realidad. El presidente de la comunidad de Castilla – La Mancha asegura que fue el «peor día» de su vida. No lo dice alguien de la fachosfera, sino un dirigente socialista con peso político y credibilidad.

Es una lástima que no cuente con más detalle lo sucedido y, sobre todo, que no se abriera un expediente disciplinario a los que protagonizaron aquel pucherazo. Por tanto, lo que sucedió aquel día fue el antecedente de lo que sucedería posteriormente. A esto hay que añadir las irregularidades en las primarias que le permitieron regresar al poder y el origen de los enormes recursos que le sirvieron para asaltar la Secretaría General del PSOE. Hay un antes y un después en la historia del socialismo español. Ahora se pueden entender muchas cosas, así como de los sujetos de dudosa catadura que le acompañaron en la aventura. El nivel ético lo podemos constatar con la adhesión de los que le traicionaron y que le apoyan tras ser comprados con cargos o prebendas. No hay más que observar el capitalismo de amiguetes que le rodea y la creación de redes de lobistas que se han extendido al amparo de La Moncloa. Por supuesto, no hay mejor lealtad que la retribuida. Los sanchistas son los modernos condotieros que se limitan a servir a quien les paga.

Es difícil encontrar una basura mayor que el sórdido origen del proceso que llevaría al triunfo del sanchismo. Desde entonces, la basura política ha ido llenando la sede del PSOE, La Moncloa y el Gobierno socialista comunista. No hay que menospreciar a Sánchez. Es el secretario general más poderoso de la historia de su partido. Es vergonzoso que los que vivieron el pucherazo se hayan rendido y sean ahora sus socios y colaboradores. Soy consciente de que aquellos que necesitan un sueldo público para vivir o el paraguas de La Moncloa para hacer sus negocios con regímenes autoritarios han estado dispuestos a sacrificar sus principios, si es que los tenían, y ahora decir justo lo contrario de lo que defendían hace no demasiado tiempo. La democracia se resiente cuando se traslada a los ciudadanos que los que criticaron el intento de pucherazo están entregados a quien gobierna, abrazado al fanático sectarismo del populismo radical de izquierdas. No es lealtad al PSOE someterse al sanchismo. Los que antaño fueron implacables críticos de Sánchez deberían preguntarse por qué han cambiado de bando y cuál es realmente su credibilidad. En algunos casos, como Borrell, resulta sorprendente.

Tras tres derrotas consecutivas, hay que reconocer que a Sánchez le importa poco la coherencia. Critica los pactos entre el PP y Vox, olvidando que lo ha hecho con Pablo Iglesias, que detestaba, con los comunistas de Sumar, los independentistas y los antiguos dirigentes del aparato político y militar de la banda terrorista ETA. No parece que sea una tarjeta de presentación coherente. Desde luego, ni Extremadura ni Aragón han querido regresar al pasado, por eso han votado mayoritariamente a favor del centro derecha y, con claridad, han decidido que sean presididas por dirigentes del PP. No querían ni al desprestigiado Gallardo, que tuvo que dimitir, o a su marioneta Alegría, que no lo ha hecho porque no tiene dónde ir. Es una triste realidad que caracteriza al PSOE y explica la poderosa red clientelar que se ha organizado desde La Moncloa. Los críticos han prácticamente desaparecido, porque los dirigentes de las organizaciones nacionales, regionales y locales dependen de los sueldos oficiales que garantiza Sánchez a cargo de los presupuestos públicos.

¿Cómo puede decir que los pactos entre el PP y Vox son de la vergüenza con estos antecedentes? No se limita a ello, sino que habla de «un salto hacia atrás sin precedentes en derechos y en dignidad, también en pérdida de oportunidades». En primer lugar, es un inquietante desconocimiento del ordenamiento constitucional y, por supuesto, las leyes de ingeniería social o las prácticas políticas del sanchismo no son ningún avance en derechos o dignidad. No lo son los escándalos con prostitutas, los prostíbulos y las saunas gays, la sumisión al independentismo o las cesiones a Bildu, la corrupción sistémica del PSOE o sus cloacas. Por otra parte, cabe recordarle que Vox es una formación más digna y ética que cualquiera de sus socios y aliados. No coincido con ella en algunas cosas, pero sus dirigentes no son racistas, homófobos o machistas. Ningún dirigente del PP pactaría con ellos si así fuera. Y, por supuesto, no han aplaudido ningún tipo de violencia, que es algo que no podemos decir de un indeseable como Otegi y sus colegas. Nada que ver con recibir el aplauso de la basura que representan los dirigentes de la izquierda populista iberoamericana, los ayatolás o los grupos terroristas como Hamás o Hizbulá. Por tanto, Feijóo tiene que sentirse orgulloso de que el PP gobierne desde la centralidad y al servicio de los españoles que defienden la Constitución y el Estado de Derecho.

Francisco Marhuenda.

De la Real Academia de Jurisprudencia y Legislación de España. Catedrático de Derecho Público e Historia de las Instituciones (UNIE)

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