'Cacereño' reaviva la herida de la 'prioridad nacional'

El mensaje de la novela de Guerra Garrido desnuda moralmente el pacto PP-Vox sobre la inmigración

Diario Vasco, Alberto Surio, 23-04-2026

María Guardiola, reelegida presidenta de la Junta de Extremadura gracias a la mayoría PP – Vox, es cacereña y seguramente sabrá quién era Raúl Guerra Garrido y su relevancia en la literatura. El escritor donostiarra de adopción escribió en 1969 su primera novela ‘Cacereño’, un valioso trabajo sobre la dimensión existencial y social de la emigración en Euskadi. Su protagonista era José Bajo, un humilde hombre de Extremadura que convierte el libro en una historia de desarraigo y amor, una lucha por conseguir un espacio habitable por la libertad y el reconocimiento.

En aquella época, el País Vasco vivió una fuerte inmigración de otras comunidades pobres de España. La llegada de pueblos enteros de Cáceres y Badajoz a Gipuzkoa, por ejemplo, provocó un vuelco sociológico y suscitó también reacciones racistas y clasistas en un imaginario de la época, en pleno franquismo, que era alérgico a la pluralidad y tenía una visión muy reduccionista y tradicionalista de lo vasco. La expresión ‘Cacereño el último’ mezclaba un desprecio y un desdén que hoy nos avergüenzan. Era una frase deleznable que reflejaba el miedo irracional hacia lo diferente, la desconfiada mirada hacia el emigrante que llegaba de fuera. La frase se utilizaba para aludir a los extremeños que, buscando una vida mejor, dejaban atrás sus pueblos y llegaban al País Vasco, solo para encontrarse con el rechazo de quienes se sentían ‘autóctonos’, con la convicción de que los que venían de lejos eran menos que ellos. Nos molesta recordar esto pero fue así. Hay que decirlo y mirar a la cara a la realidad con valentía. El supremacismo no es algo nuevo.

Muchos de aquellos emigrantes y sus hijos forman hoy parte de la sociedad vasca con absoluta normalidad. Un ejemplo de integración y de ascensor social. Sin embargo, hay algunas actitudes de hoy que nos recuerdan el mensaje moral de la novela. Nos interpelan a la conciencia y nos siguen señalando que, más allá de las identidades y de los apellidos, más allá de las raíces y de los orígenes, está la dignidad humana. Por encima de todo.

En este contexto, la novela ‘Cacereño’ se convierte en un espejo incómodo de una realidad que hoy lleva a Extremadura a un debate a flor de piel sobre la ‘prioridad nacional’ recogida en el programa de coalición PP – Vox para favorecer a los autóctonos frente a los foráneos. La apuesta es ideológica y marca un mantra cultural que abre la puerta a discriminar a los ‘de fuera’, aunque se utilicen palabras como ‘arraigo verificable y duradero’ para endulzar el contenido, que es una auténtica bomba de relojería contra la igualdad y contra la propia Constitución. El pacto nos hace pensar en la vida de Pepe Bajo, aquel joven que abandona su pueblo extremeño para trabajar en la Euskadi industrial de la prosperidad. Sus vivencias reflejaban las dificultades y las humillaciones de aquellos que, como él, llegaron buscando una oportunidad, pero fueron recibidos con el rechazo de quienes se consideraban ‘de aquí’. No olvidemos que el gentilicio de ‘cacereño’ se convirtió en un estigma despectivo.

Por eso, la cultura del ‘nosotros’ frente al ‘ellos’ vuelve como hoy un fantasma siniestro. Lo preocupante es que es un discurso tóxico y simplista que cala con facilidad incluso en sectores alejados culturalmente de la extrema derecha. Por eso este mensaje cobra aún más fuerza este jueves, Día del Libro. El marco de la extrema derecha europea se va imponiendo, con un enfoque claramente excluyente en cuestiones como la ‘prioridad nacional’. No estamos solo ante un juego de palabras, estamos ante una verdadera batalla de valores. La inclusión de los inmigrantes, que en su día fueron los ‘cacereños’ y los ‘castellanos’ de Euskadi, es ahora más que nunca una pugna de principios en la que no cabe mirar de perfil.

En un momento en que los discursos xenófobos y excluyentes ganan terreno en nuestro entorno, y no sabemos cómo frenar la marea que sigue subiendo, la obra de Guerra Garrido adquiere una relevancia sorprendente. La novela ‘Cacereño’ es todo un recordatorio de que, si no se tiene mayor cuidado, la historia puede repetirse aunque sea en forma de farsa. Si no vigilamos con atención los efectos del vendaval, terminarán reabriéndose las compuertas de la discriminación, basadas en el mismo miedo irracional al ‘otro’ y en los prejuicios identitarios que nos siguen persiguiendo. No son secuelas del pasado. Siguen tristemente presentes.

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