El arraigo social y cultural que comienza por un documento: el carné de la biblioteca como pasaporte a la regularización
La Asociación Karibu lanza un programa que ayuda a los migrantes a acercarse a la cultura española a través de las bibliotecas. Sus carnés son una forma sencilla de demostrar permanencia y arraigo, requisitos para la regularización
El Mundo, , 23-04-2026«Me gusta leer, es una manera de cambiar mi vida». Francine es una congoleña de 30 años que huyó de su país hace dos años y dos meses. Sus palabras son más que una frase bonita escrita en los marcapáginas que se regalan por el Día del Libro. En su caso, la lectura sí está cambiando su vida. Gracias a ella, está perfeccionando su español y profundizando en la cultura española. Mientras gestiona su documentación para regularizar su situación, su carné de la biblioteca es una de las pocas herramientas con las que cuenta para construir arraigo.
La nueva regularización extraordinaria de migrantes, aprobada por el Gobierno de España y puesta en marcha esta semana, consta de varios requisitos para su tramitación. Entre ellos, que el interesado acredite su presencia en España desde antes de 2026, que carezca de antecedentes penales y que presente alguna documentación que pruebe su identidad, residencia e integración. Respecto al último punto, y con la intención de complementar esa solicitud, nace Capítulos de esperanza, una iniciativa impulsada por la Asociación Karibu en colaboración con la agencia de publicidad McCann.
«La participación en la vida cultural, a través de la lectura, puede convertirse en una forma de demostrar arraigo», es la premisa de la que parte este proyecto que busca «facilitar la integración comunitaria de personas extranjeras en situación irregular a través de un primer documento [el carné de la biblioteca] que les acredite su estancia continuada». Además de ayudar a probar el periodo de permanencia, la idea es «reforzar el arraigo cultural mediante la invitación al descubrimiento de obras representativas de la cultura española», según explican sus impulsores.
La iniciativa de Karibu, una asociación enfocada en migrantes de origen africano, arrancó el pasado 7 de abril y la editorial La Fábrica ya se sumó a ella. Para potenciar Capítulos de esperanza, crearon una colección compuesta por ocho libros emblemáticos de nuestra literatura y con portadas inspiradas en la estética de los pasaportes. Ejemplares de Don Quijote de la Mancha, Lazarillo de Tormes, Don Juan Tenorio, La colmena, La vida es sueño, El camino, La casa de Bernarda Alba y La Celestina que donarán a las bibliotecas públicas para que sean accesibles a la comunidad migrante.
Colección ‘Capítulos de esperanza’ de la editorial La Fábrica.
Colección ‘Capítulos de esperanza’ de la editorial La Fábrica.
Asimismo, como los libros están pensados para la comunidad migrante, la iniciativa plantea que los textos cuenten con imágenes y sean adaptados al grado de dominio del castellano de cada persona. Para ello, la web de Capítulos de esperanza cuenta con un formulario, desarrollado con inteligencia artificial, para crear un «plan de lectura» personalizado según los intereses y el nivel del idioma de cada individuo. Eso sí: sin alterar lo sustancial del relato y sus personajes. «Es una adaptación para que se pueda entender mejor, así como los españoles no leemos la versión original de El Quijote, en castellano antiguo», señalan los artífices de la idea. Adicionalmente, la intención es ampliar la oferta hasta los autores, publicados en español, más contemporáneos.
Derecho a la cultura
El centro de análisis Funcas contabilizaba, en 2025, 840.000 personas en situación irregular en España. En nuestro país, el acceso a la cultura está reconocido como un derecho de los ciudadanos en la Constitución. Desde entidades como Karibu y otras asociaciones se defiende que este derecho debería extenderse a todas las personas, independientemente de su situación administrativa. Para la Unesco, «los derechos culturales son esenciales para la dignidad, la realización personal y la cohesión social». En este sentido, las puertas de las bibliotecas públicas están abiertas.
En España, sacarse el carné de la biblioteca suele ser un trámite gratuito y sencillo. Como requisito se exige presentar algún documento identificativo: a falta de un DNI, debería servir un pasaporte, un comprobante de domicilio o incluso un documento del país de origen, según afirman desde Karibu, puesto que han acompañado a varios africanos a obtener su pase bibliotecario. La última vez que Francine visitó la biblioteca salió con el libro El discernimiento, que lleva en su bolso para leer a ratos. Asegura que le dedica entre una hora y una hora y media diaria a la lectura.
La congoleña cuenta que siempre ha disfrutado de los libros. Antes se limitaba a los que podía conseguir por internet. «Leer me ayuda a comunicarme, a la pronunciación, a conocer la cultura española», sostiene. Pese a que Francine todavía no tiene papeles, afirma que está contenta en su nuevo hogar: «Mi experiencia ha sido positiva. España es un país abierto, hospitalario y con gente muy simpática».
«Vivir la libertad»
Sin embargo, reconoce que la mayor dificultad que encontró fue la barrera idiomática. Al llegar, no entendía nada de lo que le decían, pero durante la entrevista con EL MUNDO se le entiende todo casi a la perfección. Esta treintañera emigró «para buscar una vida mejor». Ella está haciendo, desde enero, un curso de facilitadora comunitaria social y también de atención socio-sanitaria en personas dependientes. «Mi plan es continuar mi formación para ser más libre, vivir la libertad y ayudar a quienes están sufriendo», comparte. Francine sabe que su plan de adaptación pasa por la biblioteca.
«Las bibliotecas juegan un papel decisivo en la integración social de las personas migrantes», corrobora Gonzalo Oyarzún, bibliotecario y académico chileno con trayectoria en el desarrollo de bibliotecas en Iberoamérica. «Estoy convencido de que el acceso a la cultura, a la lectura, al entretenimiento, incluso a otros bienes humanos como el deporte, el encuentro y la conversación, siempre va a influir en la inclusión de una persona en otro país. Cuando alguien se siente parte de su cultura, de su lectura y de sus formas de entretenimiento, comienza a ser parte de las cosas más fundamentales de la vida en sociedad», explica.
Nicole Ndongala, directora general de Karibu y activista de derechos humanos.
Nicole Ndongala, directora general de Karibu y activista de derechos humanos.Ángel Navarrete
Oyarzún, en su libro La biblioteca imaginada, recoge un episodio ocurrido en este lado del Atlántico y con una biblioteca como escenario. Se trata de una experiencia del poeta uruguayo Germán Machado y narrada por él mismo: «Viví un par de años en Cataluña como un ilegal. No tenía residencia ni ciudadanía. Pero no puedo decir que haya sido un “sin papeles”, porque papeles yo tenía. Uno. Sólo uno. Era el carné de la Red de Bibliotecas Públicas de la Generalitat… Ese era mi documento oficial de residencia y de ciudadanía. Me hace ilusión pensar que las bibliotecas dan ese derecho antes que cualquier otro organismo público, que las bibliotecas dan esa acogida, que las bibliotecas son esa tierra firme donde echar raíces, vengas de donde vengas y estés como estés».
Nicole Ndongala, directora general de Karibu y activista de derechos humanos, defiende el proyecto que surge de su asociación. «Como decía Mandela: “la educación es el arma más poderosa para cambiar el mundo”. Yo también creo que la cultura es una base para integrarse a una sociedad… Esto va mucho más allá de un simple trámite: es integrarse a través de la cultura. No solamente ayuda para demostrar algo en el caso de la regularización, sino que sirve para toda la vida aquí en España».
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