«Voy a tener los papeles necesarios para poder sentirme más libre»
Las oficinas habilitadas para gestionar la regularización de inmigrantes en Castilla y León encaran el primer día de solicitudes presenciales con una «afluencia importante»
ABC, , 21-04-2026Si algo tienen en común, son las carpetas. A la espera de que llegue su turno en las oficinas que gestionan la primera regularización de inmigrantes en años, varias personas entran, salen y aguardan, siempre con los documentos en la mano. Estos papeles deberían servir a su vez para conseguir los otros, tan ansiados, porque con ellos llega la oportunidad de trabajar y residir legalmente en España. En el primer día de tramitación presencial, en Castilla y León el flujo no es tan grande como en otras autonomías, pero el goteo de solicitantes es permanente. Para muestra, las cuatro oficinas de Correos de Valladolid que, junto la sede central de la Seguridad Social, son las encargadas de recoger los expedientes en la capital del Pisuerga, de los 450 puntos en todo el territorio nacional. El personal aprecia «afluencia importante», con un número de citas bastante repartido entre oficinas. «Está yendo bastante bien», indica Ramiro Morillo, jefe de sector de Negocio Minorista y Servicios de Correos, que destaca la normalidad del proceso: han empezado a recoger los dosieres para que el Ministerio los revise.
Las filas habilitadas para esta gestión, eso sí, van despacio. «Tenemos estipulados 20 minutos para atender a cada persona, pero a unos les lleva más y a otros menos, cada ciudadano necesita su tiempo», afirma Morillo. Los potenciales beneficiarios han despejado su agenda, pacientes. Todo con tal de «poder estar ya regular y conseguir trabajo», resume la argentina Erika Gómez, de 29 años. Su pareja y ella han acudido a la oficina de la calle Canterac tras llevar al cole a su pequeño para dejar encauzados los tres expedientes. «Ha sido un poco tedioso, pero el hombre fue muy eficaz», destaca la joven.
Llegaron en 2024 con un visado de estudios, pero al expirar este, a los cuatro meses, se quedaron en irregularidad sobrevenida y él dejó de lado los apuntes para sostener a su familia. Ella aguantó. Después de todo, «la puerta para el trabajo era estudiar». Ahora, parece que ese obstáculo cederá más fácilmente y podrán justificar su arraigo laboral, «gracias a Dios y a Pedro Sánchez», sonríe la mujer, que admite que están «muy aliviados».
Mariana también confiesa que «supone un alivio». «Voy a tener los documentos necesarios para poder sentirme más libre, más tranquila, para poder moverme y no tener miedo a la policía», explica esta colombiana de 31 años, que lleva casi siete en el país. Su madre y su hermana de 19 se reunieron con ella hace tres y ella trabaja como enfermera. Paga impuestos, destaca, pero este estado irregular no le ha permitido volver nunca a Colombia, irse de vacaciones fuera o estar plenamente tranquila. «Se podría hacer de forma más fácil», considera, a vueltas con una tasa de Extranjería que no sabía que había que pagar. Reunió todo lo requerido gracias a «un abogado que detalla el proceso» en redes sociales, pero lamenta la falta de información, sobre todo cuando «existe el miedo de hacerlo solo». De hecho, no es la única a la que le faltaba ese requisito: más de uno se tiene que apartar para transferir los 38 euros de forma telemática.
Lady Sthephany (24) y su marido Francisco (26), decidieron apoyarse en Accem para guiarles a la hora de reunir todos los documentos de su gruesa carpeta. Lo más complicado de lograr fue el certificado de antecedentes penales, porque implicó «movilizar» a su suegra y dinero para trámite y envío. Por suerte, «yo lo guardo todo», cuenta la nicaragüense, que acumuló tickets o billetes que acreditan que llevan año y medio en la ciudad. Su esposo es mecánico y ella limpia, aunque quiere prepararse con una FP de Farmacia. «Al principio, no nos lo creímos», admite la joven, que argumenta que hasta ahora, la regularización, si bien es una posibilidad «beneficiosa», era para ellos «un borrador». «Como si te dicen que te van a hacer un contrato, pero no lo has firmado», compara. Después de dejar todo bien cumplimentado sobre el mostrador, la cosa cambia: esperan que esta nueva etapa sea cuestión de pocas semanas.
Un trabajo «digno»
Para Daniel Solorzano, en la céntrica oficina de Plaza de la Rinconada, resulta un poco problemático la necesidad de pedir una cita por persona. No está seguro de conseguir citas consecutivas. Este hombre venezolano de 49 años tendrá que volver con sus dos hijos menores y no podrá lanzar la solicitud por su esposa, pero se mantiene optimista. «No pedí asilo con la esperanza de que el Gobierno venezolano cambiase», explica. Sin embargo, su realidad sin papeles fue que resultaba difícil un trabajo «digno», por mucho que Valladolid le guste. Describe la ciudad como «hermosa, tranquila, segura», pero apenas ha conseguido puestos como los de jornalero en alguna campaña del espárrago en Medina y oportunidades temporales para «sobrevivir», a pesar de ser analista de sistemas. «Mi sueño es trabajar en la fotovoltaica», cuenta.
Más estabilidad desea también Karen, una mujer de Uruguay de 39 años, que acude con una hija de diez, María Luz. Desde que vive en los alrededores, la ha sacado adelante gracias a trabajos de limpieza y cuidado de ancianos, decidiendo asentarse en la ciudad por ser donde vive su novio. Esta regularización es «buena noticia para todos», opina. «Tener papeles te abre muchas puertas, te da movilidad y tranquilidad», marca. En su caso, la mayor dificultad con la que se ha topado ha estado en la documentación de la niña, con un padre ausente. Pide comprensión para esos trámites: «Si no suma, que tampoco nos reste».
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