Racista, machista y clasista, quisá fue coinsidensia

El Mundo, Arcadi Espada, 21-04-2026

El insulto es un arte de un gran refinamiento. Mi compañero de cole Antonio Pamies lo ha demostrado con obstinado saber en sus libros sobre el asunto. El gran insulto debe aspirar al máximo grado de personalización. De ahí que sea un error técnico usar negro o judío como insulto. Aunque también hijo de puta, que nunca convoca la protesta de la sucia corriente principal y debería. El que así insulta ahoga su bramido individualizado y el colectivo pasa a convertirse en la víctima principal. A las razones técnicas se añaden, claro está, las morales. Y puede que el método conlleve alguna penitencia íntima del que insulta, consciente de que pagan víctimas por pecadores. Pero en otros casos no hay penitencia, sino orgullo: el que llama a uno fascista observa con satisfacción como ensucia a media humanidad discrepante. Y no mentemos casos acérrimos como el de Schopenhauer, autor de un formidable insulto contra las mujeres: «Sería muy deseable que se pusiese a este número dos del género humano en el sitio que por naturaleza le corresponde» (El arte de insultar, Artur Schopenhauer. Selección de Javier Fernández Retenaga y José Mardomingo Sierra)

Mi lector, siempre tan a la que salta, habrá dado ya con la razón del precalentamiento: «¡Fuera la mona!», le gritó el domingo Carlos Baute a Delcy Rodríguez y con Baute la Puerta del Sol entera. La palabra mona ha desencadenado la rápida reacción del comandante Albares, que ha denunciado un delito de racismo, fiado seguramente a la proximidad cromática entre la piel de la mayoría de monos y la de la llamada Delcy. No digo que no. Pero hay otra posibilidad: y es que la presidenta de Venezuela sea fea como una mona, al estricto juicio, líbreme dios, de Baute y su coro. Claudine añade que, en venezolano, mona es una persona ordinaria. O sea que racista, machista y clasista, quisá fue coinsidensia. Pero en cualquier caso, e incluso en la verosímil hipótesis sincrética, el insulto a la presidenta lleva la tara del prêt-à-porter. Y aun otra podría argumentarse, que es la tara animalista, deshumanización y demás: ratas judías, dragones de Barcelona, cerdos de Marrakech, mariposas de Cádiz, oh viejo hermoso Walt. Pero ahí tendríamos un enfadoso problema con la llamada Delcy, que hace un tiempo llamó cucaracha a María Corina Machado. Un insulto de amplio espectro, porque no dejaba de ser la hutu que llamaba inyenzi a la tutsi antes de aplastarlos en número de 662.347, aprox.

O sea que, francamente, y habiendo criminal, narcotraficante y torturadora, y observando con qué facilidad estos insultos podrían adquirir una naturaleza fáctica, no sé a qué te liaste, Baute.

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