De qué sirve hablar sobre la inmigración
Tanto en España como en Europa seguimos dando palos de ciego en el manejo de la inmigración
El Mundo, , 20-04-2026Uno de los argumentos clásicos a favor de la libertad de expresión es que ayuda a resolver los problemas colectivos. Lo expuso Mill en Sobre la libertad: una sociedad que puede debatir libremente acerca de sus asuntos alcanzará mejores soluciones que una sociedad cuyos debates están sometidos a la censura y el tabú. Cuanto más amplio sea el abanico de opiniones que podamos tener en cuenta, más fácil será identificar cuáles son las más útiles o, al menos, las que gozan de un consenso real.
No parece, desde luego, que esa hipótesis se esté cumpliendo en el debate sobre la inmigración. Es cierto que este es mucho más bronco hoy que en 2005, cuando se produjo la última gran regularización en España. Pero también se diría que el debate es ahora bastante más plural. Da la impresión, sobre todo, de que las posturas críticas con los efectos de la inmigración estaban mucho más atenuadas, o más expuestas al tabú, a mediados de los 2000 que en la actualidad.
El caso es que no parece que esa mayor pluralidad haya ayudado a encontrar mejores soluciones. Que un Gobierno que lleva ocho años en el poder recurra a una regularización excepcional ya muestra que han fracasado las recetas aplicadas previamente para frenar la irregularidad. Que se invoque tanto un modelo aplicado hace dos décadas también sugiere una asombrosa falta de ideas nuevas. Que siga habiendo serias dudas sobre la capacidad de la administración de gestionar la avalancha de solicitudes indica además que, por mucho que se haya hablado de este tema en los últimos años, las soluciones que se aplican siguen siendo improvisadas y cortoplacistas. Y que esto haya ocurrido sin pasar por el Congreso ni buscar un acuerdo con la oposición indica que la mayor pluralidad del debate no ha permitido alcanzar nuevos consensos.
Puede que todo esto se explique por las peculiaridades del Gobierno actual: su falta de una mayoría parlamentaria, su apuesta por la polarización y por medidas de gran impacto mediático, etc. O puede ser, sencillamente, que tanto en España como en Europa seguimos dando palos de ciego en el manejo de la inmigración. Que lo hemos reconocido como uno de los grandes desafíos de las sociedades occidentales, sin que esto nos haya ayudado a saber bien qué hacer al respecto. Aparte de hablar sobre ello.
(Puede haber caducado)