¿Pero usted quién es?
Público, , 20-04-2026La Puerta del Sol se llenó este sábado de miles de venezolanos que quisieron celebrar con María Corina Machado la Medalla de la Comunidad de Madrid que le entregó su presidenta, Isabel Díaz Ayuso, al grito de “¡Libertad!” y de cánticos racistas contra Delcy Rodríguez, ella sí, presidenta por la gracia y el golpismo de Trump. Si esta plumilla consideraba una incoherencia supina el comportamiento de Machado, en las últimas horas ha acabado de concretarlo. El tirón de la opositora con permiso de Henrique Capriles entre las derechas más extremas del mundo es incuestionable, aunque eso le otorgue menos legitimidad que más a la hora de plantear sus postulados para esa hipotética Presidencia de la República de Venezuela a la que aspira, aun después de haber sido rechazada por el mismo Donald Trump que secuestró a Nicolás Maduro y a su mujer en una operación violenta e ilegal en Caracas que a las extremas derechas del mundo les parece bien, en sintonía con su fascismo.
Machado, que ha apoyado públicamente el genocidio de Netanyahu en Palestina y el seguidismo de la Casa Blanca a los crímenes del Estado de Israel; que ha regalado su Nobel de la Paz a Trump porque él cree que lo merece más que ella y supongo que ella también, pobrecita mía; que no ha dicho “Esta boca es mía” cuando su prometedor aliado Marco Rubio dijo No, de momento a esas “elecciones libres y democráticas” que aguarda Machado con sumisa paciencia mientras la exnúmero dos del régimen de Maduro sigue gobernando la República para exasperación de los racistas madrileños y/o venezolanos que le gritaron “mona” en Madrid… Esa Corina Machado a la que vitorean Ayuso, Feijóo y Abascal en España como emblema de la oposición a Pedro Sánchez empieza a difuminarse como figura principal de la oposición en Venezuela y a dibujarse como un apoyo más a la ultraderecha trumpista que carece de territorio, como una Juan Guaidó de la vida errante.
Mientras María Corina Machado se deja querer por la ultraderecha en España, los dirigentes de ésta, sean Vox o el PP, navegan en incómodas contradicciones que las exhibiciones de la opositora venezolana por todo el mundo solo acentúan más, lo que haría peligrar a medio plazo el respaldo de su papel de alternativa al poder de los hermanos Rodríguez en Caracas. Los vítores a la Nobel de la Paz regalado a Trump en la capital de España son lo esperable y un agradecimiento lógico ante la deriva madrileña de los últimos años: al Barrio de Salamanca de Madrid, uno de los más caros, no se le llama Little Caracas por la variedad de arepas o tequeños, sino por la potente inversión inmobiliaria que las fortunas venezolanas, entre otras, han hecho allí y han extendido a otros barrios como Chamberí o municipios de alta renta per cápita de las afueras de la Comunidad. ¿Pretenden estos inversores latinoamericanos devolver su fortuna a Venezuela si esta se democratizara de la mano de Trump? Lo último es más que discutible, viendo el proceso de secuestro de Maduro y la legitimación de Delcy Rodríguez; lo primero, según los expertos inmobiliarios, es seguro que no se producirá, sobre todo, teniendo en cuenta que quienes han invertido en Madrid viven mayoritariamente en ella o tienen la nacionalidad que les dieron, por ejemplo y no solo a los venezolanos, las opacas golden visa.
¿Alguien cree que Ayuso se ha vuelto proclive a la migración cuando criticó el pacto de Extremadura entre PP y Vox que busca dar prioridad a “los nacionales” en el acceso a los servicios públicos o la adquisición de vivienda, entre otras aberraciones xenófobas? La misma presidenta madrileña que en la Asamblea cargaba contra la regularización de migrantes promovida por el Gobierno de Sánchez no ha recibido un chute de humanidad de golpe cuando la ultraderecha dio luz verde a un nuevo Ejecutivo de María Guardiola, nada más lejos de la realidad. En su afán por hacer de la Comunidad de Madrid la Miami española, Ayuso se ha visto obligada a cortocircuitar con postulados humanistas para rechazar el plan de Gobierno de Vox y su colega extremeña del PP. ¿Priorizar a los españoles por encima de esas fortunas venezolanas (y mexicanas y colombianas y rusas… ) que vienen invertir a un Madrid favorable a sus insolidarios intereses fiscales e ideológicos? Que no es España; que es el dinero, imbécil.
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