Los estereotipos favorecen la violencia hacia niños y adolescentes

Los menores de edad constituyen el 12,8% de las víctimas de delitos e incidentes de odio

La Razón, Redacción Sociedad, 16-04-2026

¿Crees que la violencia empieza con un golpe? Muchas veces no. Empieza mucho antes: con una etiqueta, una mirada, o una palabra que se repite hasta convertirse en una forma de ver – y tratar – a niños, niñas y adolescentes. Bajo esta premisa surge la nueva campaña contra los estereotipos que impulsa

Educo

junto a 48 organizaciones que trabajan contra la violencia hacia la infancia en toda España.

“Nuestro objetivo es visibilizar cómo los estereotipos aumentan la vulnerabilidad de niñas, niños y adolescentes frente a la violencia.

Chicos y chicas racializados o de origen migrante están más expuestos a los estereotipos xenófobos y racistas; las niñas cargan con estereotipos machistas; y aquellos que tienen alguna discapacidad afrontan prejuicios capacitistas. Todo ello les expone a situaciones de desprotección y los hace más vulnerables a sufrir todo tipo de violencias, desde bullying, violencia online hasta abuso sexual”, alerta

María Laza

, especialista en protección de la ONG de infancia y educación, Educo, y responsable de este proyecto financiado por la Unión Europea para prevenir y erradicar la violencia a través de la sensibilización y el buen trato.

Según datos del Ministerio del Interior, en 2024 se registraron en España casi 2.000 delitos e incidentes de odio,

siendo el racismo y la xenofobia la principal motivación, seguidos de los delitos por orientación sexual, identidad de género y discriminación por sexo y género. Además,

los menores de edad constituyen el 12,8% de las víctimas de delitos e incidentes de odio.

Pero el racismo, el sexismo o el capacitismo no solo generan violencia. Las organizaciones participantes en este proyecto, que lleva el nombre

Futuro Libre de Violencia contra la Infancia

, y que están repartidas por 13 CCAA, explican que los estereotipos también reducen las oportunidades de niños, niñas y adolescentes, generan desigualdades y condicionan su desarrollo personal.

“Cuando una niña, un niño o un adolescente es visto a través del prisma de los estereotipos se reducen sus posibilidades de desarrollar un proyecto de vida libre y pleno”

, dicen.

En el video que acompaña la campaña, una mujer entra en una clase y reparte papeles a un grupo de chicos y chicas. No son hojas cualquiera: son etiquetas. “La princesita”, “el problemático”, “el rarito”, “la frágil”. No es una obra de teatro ni un juego. Es el papel que se espera que interpreten durante toda su vida, lo cual provoca su indignación y rechazo. “Esta dinámica pone de manifiesto cómo una etiqueta parece suficiente para definir a un niño o niña sin tener en cuanta quién es realmente, qué necesita y qué desea”, comenta Laza.

Por eso,

la campaña, que durará un mes, tiene un mensaje claro: la infancia no quiere etiquetas.

Su género, su origen, su cuerpo, su forma de expresarse no definen su valor ni su potencial. Y por eso es importante que las personas adultas apuesten por una educación sin prejuicios:

“Cada niño o niña ha de poder desarrollar su camino de manera libre, sin ver reducidas sus oportunidades por ser racializado, niña, por tener alguna discapacidad o por su orientación sexual.

Combatir los estereotipos es una responsabilidad colectiva que implica escuchar sin minimizar, revisar prejuicios, educar en igualdad, celebrar la diversidad y crear entornos seguros”, asegura Laza.

Desde Educo, enfatizan que es clave que todas las instituciones en las que niños y niñas desarrollan su vida – escuelas, entidades de ocio y tiempo libre, entre otras – , así como los servicios más especializados, estén preparados para prevenir e identificar situaciones de violencia, fortaleciendo especialmente la figura del coordinador/a de bienestar.

“Aunque no es posible eliminar todos los riesgos, sí es imprescindible anticiparlos y actuar de manera preventiva para garantizar entornos lo más seguros posibles”.

Como recuerda el vídeo al final, la forma en que miramos importa. Y cambiar la mirada es el primer paso para construir un futuro verdaderamente libre de violencia para la infancia.

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