«Claro que tuve miedo, pero en la patera me repetía que íbamos a llegar»
Walid Elmansouri llegó a las islas siendo menor de edad. Gracias al proyecto Urdimbre ahora puede trabajar
Canarias 7, , 12-04-2026Walid Elmansouri tenía 14 años cuando dejó su tierra natal, Nador (Marruecos), en busca de una vida mejor, de una oportunidad. Tras cuatro días en el mar a bordo de una patera, sin agua ni comida, arribó a Lanzarote después de que Salvamento Marítimo le rescatara, junto a 49 compañeros más, en alta mar.
«Yo no pasaba hambre, pero allí no veía futuro». Así resume el j oven en pocas palabras su vida anterior, la que dejó atrás hace ya casi cuatro años.
Al llegar al archipiélago, siendo menor, fue atendido en un centro de acogida para chicos, y en diciembre del año pasado cumplió los 18. Con la mayoría de edad, cientos de jóvenes migrantes cómo él se enfrentan a la incertidumbre de no saber qué pasará con ellos, puesto que dejan de estar tutelados por el Gobierno de Canarias.
Para ello nació el programa ‘Urdimbre. Retos hacia el empleo’ de la Consejería de Bienestar Social del Gobierno de Canarias. Con el objetivo de darles una alternativa laboral, conectan a empresas de las islas con chicos migrantes que acaban de alcanzar la mayoría de edad y que ansían tener un trabajo para poder ayudar a sus familias y comenzar a labrar un futuro.
Hace ya un año que la iniciativa está siendo el faro que ilumina el camino de estos chicos. Comenzó a andar en 2025 y, desde el principio, contó con el respaldo de numerosas empresas del archipiélago. Ya son más de una veintena de entidades las que han incorporado en su plantilla a jóvenes extutelados por el Ejecutivo autonómico.
En concreto, en torno a 1.500 jóvenes se han beneficiado de este proyecto, que también incluye formación a través del Servicio Canario de Empleo. Así, 700 han sido contratados directamente por empresas de sectores tan diversos como la construcción, el sector hotelero, el agrícola o la automoción, como explica el viceconsejero de Bienestar Social del Ejecutivo canario, Francis Candil.
La iniciativa surgió en un contexto de saturación en los recursos de acogida de las islas, sobre todo, de chicos que estaban a punto de cumplir los 18 años. Durante los últimos años, Canarias ha llegado a tutelar a más de 6.000 niños y niñas migrantes, superando así, con creces, su capacidad de acogida.
De esta forma, el Ejecutivo autonómico tuvo que actuar rápido, y llegó a tener más de 80 centros en activo para atender a estos niños y niñas que han emigrado solos, sin la compañía de un familiar.
Pero el camino no acababa ahí. Muchos de ellos y ellas han querido seguir con su proyecto migratorio en las islas tras cumplir los 18. Por lo que surgía la siguiente duda: ¿qué ocurriría con ellos tras esto?
Es lo que le sucedió a Walid. Tras tres años residiendo en varios centros de menores de Gran Canaria, cuando entró en vigor el mecanismo a través del que se deriva a los niños y niñas migrantes que residen en territorios en situación de contingencia migratoria –aprobado en abril del año pasado–, se le hizo una entrevista para saber qué quería hacer, dónde quería continuar viviendo. «Yo les dije que no, que yo me quería quedar aquí», apunta. En estos momentos reside en un centro para jóvenes extutelados ubicado en Valleseco y gestionado por la entidad Engloba.
Atrás queda ya su travesía en la patera. «Claro que tuve miedo, pero fui todo el viaje dándole mi apoyo a un amigo con el que viajé. Él estuvo mucho tiempo llorando, y yo solo le repetía ’no te preocupes, que vamos a llegar», rememora.
Y llegaron. Por eso, ahora el chico no se ve en otro sitio que no sea Canarias. Ya ha echado raíces en Gran Canaria, y los días que libra los aprovecha para dar un paseo con sus amigos por la tarde por Triana o Vegueta, donde se enfrascan en largas conversaciones sobre sus aspiraciones y sueños. En definitiva, todo lo que un joven de las islas haría. «Aquí conozco todo, tengo amigos… Para mí sería muy difícil irme a la península ahora, donde no conozco a nadie ni cómo se vive allí. Además, la gente de Canarias me parece muy simpática», cuenta Walid.
Su familia tuvo que pagar miles de euros para que se subiera a una patera hacia las islas ante la falta de una alternativa legal. «Allí mucha gente lo hace. Mi padre quería que yo fuera a la península, pero cuando llegué a aquí me metieron en un centro de Lanzarote porque era menor. Después me trasladaron a Gran Canaria, a un recurso de Arinaga, y ya por último a Vegueta. Al principio me sentí un poco mal, porque no era la ida que tenía, pero luego me acostumbré», relata el chico.
Así, empezó a estudiar en el instituto de El Batán. La primera barrera a la que se enfrentó fue la del idioma, que le dificultó sacarse cuarto de la ESO. Sin embargo, poco a poco fue mejorando, y ahora es capaz de comunicarse perfectamente en español. Tras ello, comenzó el título de FP Básica en Electricidad y Electrónica en el IES Felo Monzón. Fue el año pasado, mientras realizaba las prácticas de la formación, cuando llegó a su vida el proyecto Urdimbre gracias a su trabajadora social. «Hice la entrevista de trabajo hace ya un año, en junio. Estaba muy nervioso, pero después de una semana me avisaron de que me habían cogido», rememora el joven, que trabaja para la empresa FCC, una de las entidades que colaboran con la iniciativa.
Gran desempeño en el trabajo
Yanira Ojeda, técnica de Recursos Humanos de la corporación, recuerda con entusiasmo cómo empezó Walid a trabajar con ellos. «Es muy bonito ver los avances que van haciendo los chicos». apunta al otro lado del teléfono. Sobre todo, remarca el nerviosismo con el que se enfrentan los aspirantes a las entrevistas. Recuerda con cariño al primero que entrevistó: «Le costaba hablar español, pero luego vimos una evolución súper buena. Por eso nos seguimos animando a contratar a más chicos como él». Y es que las instituciones a las que prestan su servicio están «muy contentas con el desempeño de los trabajos que hacen» los jóvenes en la misma situación que Walid.
Desde que el Gobierno de Canarias se puso en contacto con la empresa, que ofrece servicios de limpieza viaria, de edificios y locales, de mantenimiento de jardines, entre otros, la entidad quiso aportar su grano de arena.
Como explica el viceconsejero de Bienestar Social, «la propuesta nació porque las entidades necesitaban mano de obra, y era importante generar oportunidades de empleo para estos chicos». Porque lo esencial en este proyecto, remarca Candil, es responder «a esa necesidad de los chicos, cuando cumplen los 18, de tener un proyecto de vida y evitar que vivan situaciones delicadas, por ejemplo que se queden en la calle cuando cumplen la mayoría de edad».
Y después de un año, el proyecto tiene la maquinaria bien engrasada. Se han ido firmando nuevos convenios, como con el grupo RIU, ARI o Femete, algunos de las más recientes.
En el caso de FCC, que tiene presencia en otros puntos del archipiélago, a lo largo de su colaboración en el programa han dado puestos de trabajo en torno a 42 chicos extutelados en Gran Canaria, aunque no descartan incorporar a la plantilla a jóvenes que vivan en otras islas del archipiélago.
Según apunta el viceconsejero del área, el proyecto nació en un momento en el que los recursos de acogida estaban saturados y en ellos residían muchos chicos a punto de cumplir los 18 años. Por eso, el futuro de la iniciativa consistirá en «adaptarse a las circunstancias concretas». Después de que se reformara la ley de extranjería, muchos jóvenes han sido derivados a otras regiones, lo que ha aliviado la situación en los centros del archipiélago. «Lo que nos gustaría, desde luego, es que si se tienen que dar procesos migratorios se hagan de manera ordenada», asevera Candil. De esta forma, incide, se podría hacer «una planificación» para analizar en qué medida se puede ayudar a las empresas a encontrar mano de obra y, por ende, dar una oportunidad laboral a otros jóvenes como Walid.
El sueño de Walid
Hace ya más de tres años que Walid se subió a una patera y, por fortuna, pudo llegar a buen puerto. Ahora, tiene claro que quiere seguir trabajando y estudiando. Por eso, entre sus planes está cursar el ciclo superior de electricidad, aunque también quiere sacarse el carnet de conducir para moverse con más facilidad por la isla. Pero si se habla de una meta fija lo tiene claro. «Mi gran sueño sería tener una casa y poder ayudar a mi familia siempre», cuenta con una gran sonrisa.
Sus familiares, con los que habla todos los días, viven ahora con tranquilidad al saber que él está bien. Porque después de cruzar el mar siendo un niño, su fin ahora es claro: construir su vida aquí.
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