La regularización de inmigrantes enfurece a los socialistas andaluces

La agenda de Moncloa vuelve a chocar con la estrategia de las organizaciones territoriales

La Razón, , 13-04-2026

La regularización extraordinaria de inmigrantes, que este martes aprueba el Consejo de Ministros,

irrumpe en la precampaña andaluza como un elemento ajeno

a la lógica territorial. Impulsada desde Moncloa, donde siguen convencidos de que es un «arma» útil para movilizar a su electorado, la medida responde a un cálculo político nacional que en el PSOE andaluz asumen con incomodidad, convencidos de que no aporta votos, introduce ruido y puede alterar equilibrios en un escenario ya adverso. La regularización introduce de nuevo un elemento de alto contenido ideológico que permite desplazar el eje del debate, pero lo que no ven tan claro, en las filas socialistas, es su impacto territorial.

En el PSOE andaluz la lectura es más pragmática. La experiencia reciente, como se vio en Aragón, ha consolidado la percepción de que el debate migratorio ya no favorece a la izquierda cuando se traslada a campaña. Creen que moviliza solo a una parte del electorado, en concreto, al votante más ideológico (urbano, joven, progresista), refuerza identidad en un momento de desgaste y sirve para reconectar con el electorado de Sumar y a su entorno. Es decir, moviliza al convencido. Pero ese endurecimiento del debate migratorio ya no es una garantía para la izquierda: «refuerza la movilización de un votante ya fidelizado, pero tiene escasa capacidad para atraer a perfiles moderados o indecisos, y puede generar rechazo en segmentos sensibles a la presión sobre servicios públicos o al mercado laboral».

Esta es la preocupación central en el aparato territorial: no tanto el efecto directo de la medida, como su capacidad para

alterar el clima de campaña. Hasta ahora, el foco se había situado en la gestión autonómica, especialmente en sanidad, un terreno donde el PSOE considera que puede erosionar al Gobierno andaluz, aunque los sondeos no den síntomas de que avancen en esa línea. «La introducción de la inmigración desplaza parcialmente ese eje y abre un espacio más favorable para la derecha porque encuentra ahí un marco reconocible: control, gestión y estabilidad», advierte un veterano dirigente de la federación andaluza.

El movimiento de Sánchez permite interpretar que busca ofrecer, una vez más,

un flotador a Vox,

que llegaba a la campaña con signos de desgaste y pérdida de peso referencial. La inmigración es uno de sus ejes movilizadores. Sin embargo, hoy en día, este movimiento puede reforzar dinámicas que no son favorables al PSOE: concentración del voto en el PP y reactivación del partido de Abascal en nichos concretos.

Para la dirección federal, el movimiento confirma que la prioridad no está en el resultado andaluz, sino en el marco político posterior.

La regularización permite al Gobierno reposicionarse en un momento en el que su agenda estaba marcada por factores defensivos.

«Seguimos en la lógica de la polarización controlada. No buscan necesariamente ganar terreno inmediato, sino fijar posiciones», señalan desde Sevilla.

En ese sentido, la incomodidad del PSOE andaluz es asumida como un coste secundario. El partido ya opera en la comunidad con expectativas limitadas y con una estrategia orientada a resistir más que a ganar. La regularización no cambia ese escenario, pero tampoco lo mejora. Simplemente añade un factor más de complejidad en una campaña que ya estaba condicionada por la ventaja estructural del PP.

La cuestión de fondo en el PSOE es cómo se articulan los intereses territoriales y la estrategia nacional en un contexto de debilidad relativa. La decisión de impulsar la regularización evidencia que, en este momento, el equilibrio se inclina hacia lo segundo. El núcleo de Moncloa prioriza su posición, incluso a costa de introducir tensiones en campañas autonómicas donde su margen de maniobra es limitado.

El diseño y la ejecución de la estrategia política del PSOE están hoy profundamente centralizados en el núcleo de Moncloa

, donde el equipo más cercano a Sánchez ha consolidado un control casi total sobre el partido y sus campañas. No se trata solo de coordinación, sino de dirección efectiva: los «gurús» de Moncloa fijan el marco, el tono y los tiempos, y trasladan esa línea al conjunto de la organización. Las decisiones clave –desde los ejes de campaña hasta los movimientos legislativos con impacto electoral– se diseñan en ese centro de poder, reduciendo el margen de autonomía de las estructuras territoriales. «Hace tiempo que dejamos de ser una suma de sensibilidades para convertirnos en una estructura vertical».

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