La cifra de vascos que vive en hogares hacinados aumenta un 80% en un lustro

La carestía de la vivienda es uno de los principales problemas de exclusión social en Euskadi, donde el 7,6% de la población reside en menos de 15 metros cuadrados

Diario Vasco, Macarena Tejada, 09-04-2026

La carestía de la vivienda se ha convertido en una de las principales causas de exclusión social en Euskadi. Miles de personas, sobre todo en … localidades como Donostia, se han visto obligadas a dejar su ciudad natal e irse a vivir a un municipio de los alrededores por no poder hacer frente a la compra o alquiler de un piso. Y aun y todo, el número de vascos que vive en un hogar con hacinamiento grave, esto es, que tenga menos de 15 metros cuadrados por persona, ha aumentado un 80% en un lustro. El 7,6% de la población reside en estas circunstancias en el País Vasco, frente al 4,4% de 2018, según el último informe sobre exclusión y desarrollo social en Euskadi de la Fundación Foessa de Cáritas, que hace referencia a datos de 2024. Así, en un lustro se ha pasado de 92.400 personas que apenas tenían espacio en sus hogares, a 166.000. Es casi el doble.

Los «gastos excesivos» de la vivienda se han convertido en un rompecabezas para miles de vascos, que hacen malabares para llegar a fin de mes y tener un techo bajo el que dormir. Así se explica que cada vez haya más familias que residen en casas más pequeñas de lo que necesitan si se tiene en cuenta el número de integrantes o que sea más habitual encontrarse con personas que comparten pisos en los que la sala de estar se ha convertido en habitación. Incluso cada vez hay más vascos a los que no les queda otra alternativa que dormir en la misma habitación que otra persona por falta de recursos económicos. Y así lo confirman los datos.

Si en 2018 apenas el 4,4% de la población en Euskadi vivía en un hogar con hacinamiento grave, este porcentaje subió cerca de dos puntos en 2021, cuando llegó al 6,1%, y hasta el 7,6% en 2024, según la encuesta sobre integración y necesidades sociales de la Fundación Foessa, que se realiza cada tres años. Aunque en 2018 y 2021 Euskadi tenía menos proporción de personas que vivían en estas circunstancias comparado con el conjunto del Estado, por primera vez ha superado la media de España (7%), lo que manifiesta el gran problema de la vivienda que existe en el País Vasco, con localidades como Donostia a la cabeza.

Más allá del hacinamiento grave, el mayor desafío para los vascos es hacer frente a los gastos del día a día, como la compra de comida, después de abonar el alquiler o la hipoteca. Hasta 249.000 personas realizan un sobreesfuerzo de gasto en vivienda que compromete la cobertura de sus necesidades básicas. Son el 11,3% de la población. Con incidencias menos severas, en torno al 2,6%, se encuentran las situaciones relacionadas con personas que viven en hogares insalubres, con humedades, suciedad y olores. Esto afecta a unos 57.000 vascos. Además, hay otros 14.000 que residen en lo conocido como ‘infraviviendas’, que pueden ser chabolas, bajeras, barracones, prefabricados o similares.

Más allá de todo lo relacionado con el hogar, hay un gran número de personas residentes en Euskadi que viven en exclusión social, sobre todo, por su condición de inmigrante. El 13% de la población se enfrenta a obstáculos en la participación política derivados de su condición extranjera. En torno a 287.000 personas viven en hogares en los que al menos una persona carece del derecho a la participación y representación política. Es el 13% de la población, frente al 6,1% de 2018. Estos datos se entienden mejor si se habla del porcentaje de la población de nacionalidad extranjera en Euskadi, que se ha incrementado notablemente durante este periodo, pasando de 6,7% a 12,1% en un lustro.

El acceso a la vivienda, el origen… Pero también hay otros indicadores menos habituales que hablan de una Euskadi donde se ha reducido la exclusión social, pero han aumentado las situaciones de integración precaria y todavía hay miles de personas conviviendo con la pobreza en su día a día. Por ejemplo, en temas relacionados con la salud. 157.000 personas han dejado de comprar medicinas o prótesis, o seguir tratamientos o dietas por problemas económicos y situación de pobreza moderada. Es el 7,1% de la población. Además, se contabilizan 58.000 hogares (2,7% del total) en los que alguien ha pasado hambre en los diez últimos años con frecuencia o lo está pasando ahora, y otros 36.000 (1,7%) en los que todas las personas adultas sufren discapacidad, enfermedad crónica o problemas graves de salud que les generan limitaciones para las actividades diarias de la vida.

Los malos tratos –tanto psicológicos como físicos– también tienen un impacto directo en las situaciones de exclusión social y en Euskadi hay 26.000 personas que residen en un piso donde alguno de los habitantes ha sido maltratado en la última década.

Pese a que el acceso a los servicios sociales está reconocido como derecho universal en Euskadi, cada vez menos personas optan por esta alternativa. Según el estudio de la Fundación Foessa, uno de cada diez vascos reside en algún hogar que ha solicitado este apoyo. Desde 2013 viene produciéndose una caída en el porcentaje de personas en hogares que piden ayuda a los servicios sociales, aún teniendo en cuenta el repunte de 2021 por la pandemia del coronavirus. En 2018, el 14% acudió a algún servicio de este estilo en Euskadi, frente al 10,8% de 2024.

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