Papeles para todos... menos los ucranianos

Ese medio millón de personas con sus pulseritas azules y amarillas no vienen a España a mejorar su vida, sino a conservarla

El Mundo, Federico Jiménez Losantos, 08-04-2026

Sánchez deja nunca pasar la ocasión de empeorar sus ocurrencias, por insuperablemente malas que parezcan. Si la regularización masiva de inmigrantes, sin la menor cautela para identificar y rechazar a delincuentes fichados y borrando de hecho la diferencia entre legales e ilegales, es una irresponsabilidad criminal que destruye el espacio Schengen de seguridad europea, ahora ha querido reforzar su papel de coyote de la nueva Marcha Verde prohibiendo a los ucranianos, y solo a ellos, acceder a esa regularización masiva, indiscriminada y aparentemente reservada para los hijos de Alá.

Los ucranianos son cristianos y blancos, han demostrado en estos cuatro años su voluntad integradora en la sociedad española, trabajando mucho y formando familias cuyos niños cumplen los requisitos sanitarios y escolares para ser muy bienvenidos en un país donde sólo nacen mascotas. Los ucranianos son, por resumir, exactamente lo contrario de los menas a los que el Tiktokero Epiléptico abre de par en par las puertas de España y la UE. Les llamamos menores sólo por costumbre, porque ni se sabe ni se quiere averiguar, pese a poder hacerlo, su verdadera edad, y tampoco su procedencia, que facilitaría su deportación. Y aunque no en todos los casos, en muchos han demostrado que ni buscan trabajar ni piensan respetar a las chicas en la calle. Gracias a Marlaska, ya no hay manadas de musulmanes; cuatro veces más violaciones en grupo, pero no caigamos en la islamofobia.
La mayoría de los que llegan del Sur, sobre todo de Marruecos, viene a mejorar su nivel de vida, no huyendo de la guerra o de las persecuciones religiosas. Algunos, sí, pero a esos cristianos que huyen de las matanzas de Boko Haram el Gobierno de Sánchez no les facilita la entrada. Y cabe pensar que el mismo Sánchez que felicita el Ramadán y no las Pascuas, y que le entregó el Sáhara ilegalmente, lo hace por la misma sumisión al Sultán marroquí de Elma Saiz cuando sale en defensa de los menas frente a los refugiados de Kiev, porque los medios, según denuncia, damos mejor imagen de los ucranianos. La que merecen, naturalmente. ¡Sólo faltaría!

Ese medio millón de personas con sus pulseritas azules y amarillas no viene a España a mejorar su vida, sino a conservarla, y mientras los niños van a la escuela y las madres trabajan, los jóvenes no merodean por los parques, sino que muchos entrenan en campamentos cercanos a Madrid para volver al frente, a jugársela, un invierno más, defendiendo de Putin a su país y al nuestro. Bienvenidos sean, ellos sí.

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