DOCUMENTAL

La paradoja de estar fallecida en Afganistán mientras se es activista en Madrid

El País, Héctor Llanos Martínez, 07-04-2026

Khadija Amin (Kabul, 32 años) está oficialmente muerta en Afganistán. Es lo que asegura su exmarido, el hombre con el que la obligaron a casarse. Y el testimonio de él es suficiente para que así sea ante la Administración pública, a pesar de tratarse de un rostro conocido por todo el país, al haber sido la presentadora de sus informativos matinales en televisión. Mientras, en España, no solo está viva, sino que es símbolo de activismo feminista ante el régimen talibán. En los medios de comunicación, a través de las entrevistas que Amin ha concedido y del interés que ha despertado en la prensa, conocemos su faceta empoderada. Pero los directores Vanessa Hernández Borque y Pablo Deus abordan su lado más vulnerable en los dos capítulos de la miniserie documental Khadija Amin ¿dónde están mis hijos?, una producción original de Movistar + que ya está disponible en su catálogo. [Este texto es un extracto del nuevo boletín semanal Documentalmente, de EL PAÍS. Para recibir la newsletter, puedes apuntarte aquí].Ante sus cámaras, la de los cineastas y la de la propia protagonista, vemos a una mujer a la que le han arrebatado la posibilidad de estar con sus tres niños. No puede reclamar la custodia si no puede demostrar que está viva, así que ni siquiera puede probar que es la madre de esos tres menores de edad. Es un caso de violencia vicaria que asciende a nivel estatal.🎥🇦🇫 Mañana se presenta en el Festival de Sevilla el documental ‘Khadija Amin. ¿Dónde están mis hijos?’.

💪🏼 Cuenta la historia de @khadija51922579, pero refleja también la realidad de las mujeres afganas. #cosladaconlasmujeresafganas#obataláconlasmujeresafganaspic.twitter.com/itynfeq90jCuando el régimen talibán retomó el poder en Afganistán en agosto de 2021, ella tuvo que salir de inmediato del país. Subió a un avión fletado por la Fuerza Aérea española “con su velo amarillo y su teléfono como únicas pertenencias”, recuerda a este periódico la codirectora de la miniserie. Un miembro del equipo de evacuación de España le pidió que llevara alguna prenda roja o amarilla, como la bandera española, para hacerse notar por los militares y policías españoles que la introdujeron en el aeropuerto de la ciudad, entre el caos de las miles de personas que intentaban huir del país. Logró cuatro asientos en ese avión, pero su exmarido se negó a viajar con ella y los niños.Este no es un documental compuesto por cabezas parlantes que cuentan al espectador qué está pasando. Lo hace la propia Khadija y, de forma indirecta, las personas que interactúan con ella (abogados, otros activistas y asesores), en una búsqueda de sus hijos que se ha rodado con planos deliberadamente claustrofóbicos. “Su lucha ocurre en las cuatro paredes en su casa de Madrid mientras sus hijos están en otro país. Ella, refugiada en España desde 2021, no puede ir a Afganistán porque perdería la condición de refugiada. Queríamos mostrar esa atmósfera agobiante y angustiante que es su realidad”, comenta Pablo Deus.Khadija Amin ¿dónde están mis hijos?, que apenas dura 40 minutos en total, está dividida en dos capítulos. En un momento dado, el relato se asemeja al del cine de espías, con Khadija rastreando el paradero de sus hijos en remoto y su teléfono móvil como única herramienta. Tras mucho investigar, los encuentra en Alemania, donde su exmarido se ha mudado. Cuando se acerca a ellos, ocurre lo peor: el padre de los tres niños ha preferido dejar una mejor vida en Europa para regresar a Afganistán y así evitar que ella pueda recuperar el contacto regular con ellos. Vanessa Hernández Borque explica que, al ser un proceso tan íntimo y a la vez tan complejo, en el que siempre estaban pasando cosas, decidieron grabar con el mínimo equipo (tan solo los dos cineastas y una cámara) e incorporar las grabaciones personales que ha tomado la propia periodista afgana durante años, a modo de testimonio para sus hijos, para que entiendan que nunca fueron abandonados, como ya empiezan a creer. “Hay una de las escenas que para mí fue la más dura de grabar, fue cuando ella verbaliza su vida de malos tratos”, cuenta la directora.“Ella nos decía hace poco, y de hecho salió una noticia publicada en prensa, que, si le das una patada a un perro en Afganistán, te condenan a un mes de cárcel. Si le pegas a tu mujer, solo supondría tres o cuatro días de calabozo. Puedes hasta romperle los huesos", comenta Deus, para quien el enorme choque cultural ha sido uno de los retos más complicados de grabar esta historia. ¿Cuándo hemos visto en Europa que una mujer intente hacerse una prueba de ADN para demostrar que sus hijos son suyos?“, se pregunta el cineasta.

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