8M, burka y otras celdas
Penoso es que algunas feministas e incluso autoproclamadas superfeministas españolas pregonen que el burka y demás celdas opresivas son señas identitarias y protectoras de las musulmanas
La Razón, , 03-04-20268M, burka y otras celdas
Barrio
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8 de marzo y 25 de noviembre, fechas distintas y a la vez relacionadas. El 8M demanda la inserción plena de la mujer en la vida en igualdad con el varón, no sólo su desempeño laboral. El 25N es un grito de denuncia ante la realidad de la violencia de género. Cuando hay asesinatos reclaman más la atención. Pero al lado tenemos miles de casos sin sangre (o con poca) en España y muchos millones en el mundo. Es el drama que afecta a más personas. Su cénit, pienso, la esclavitud sexual.
El feminismo de nuevo cuño surgido en España hace unos años atraviesa momentos delicados: Errejón y Monedero (cualquiera sabe si el siguiente será quien fue jefe de ambos). Cojonudo, nunca mejor dicho, dúo (o trio) calavera del consejos doy, para mí no tengo. Son casos menores. Ahora bien, si sirven para alumbrar otros terroríficos, ¡olé!
También, antes de conocerse esos entresijos, Podemos y Sumar recibieron críticas correctas del feminismo tradicional e incorrectas de mujeres y hombres de ideología muy reaccionaria. Ya escribí que feminazi es insulto, no diagnóstico. Mejor argumentar que están equivocadas, que su idea del feminismo opera en contra del mismo, que están royendo los cimientos del edificio que creen defender. Sí se masca un aire de vendetta en los reproches cruzados entre ambas formaciones con motivo de la afloración de acosadores (o presuntos) en sus filas. Riñas tristes y ajenas al feminismo eficaz. Por el contrario, el que ejerce Paula Fraga desde la abogacía, la prensa y su cuenta de X es cordial, eficaz y no excluyente de los varones. No insulta a nadie, arguye, algo que no siempre vemos a la inversa.
La independencia económica es clave para que las mujeres, maltratadas o no, gobiernen sus traineras (vidas). También debería serlo, para las primeras, una actuación más firme de las autoridades. Las medidas que se toman son insuficientes. Hoy son muchas las que trabajan. Quiero decir las que lo hacen fuera de casa, remuneradas, porque las labores del hogar siguen a su cargo casi siempre. Así que su inserción laboral es determinante cuando del contigo, pan y cebolla se pasa a una situación insostenible. La contraparte: si hay hijos, ¿quién se ocupa de ellos? Los abuelos, si los hay ysi se prestan. Si no, las mujeres inmigrantes, mayormente americanas. Las mismas que, a veces, son víctimas de sus maridos o parejas, que, entre otras cosas, suelen dilapidar en alcohol las parcas ganancias de ellas.
Los médicos españoles de la primera mitad del siglo XX, como Marañón (y más los anteriores y menos los posteriores), se aplicaron a reglamentar las vidas femeninas. Su conclusión: la maternidad, lo esencial. Lo demás, tangencial. Ordenancismo obsoleto en nuestro XXI, aunque queden restos. Evidentemente, sus cuerpos están adaptados a la maternidad: ellas paren y crían su prole; salvedades aparte, la cuidan mejor que los varones. Por ello son más reacias a las guerras.
Con lo que les cuesta parir y criar no las seduce el ardor guerrero de tantos varones. Saben que los conflictos bélicos llevan a la muerte o mutilación de sus hijos. Y a violaciones en masa de ellas. Estoy leyendo Imperios de crueldad, de Alejandro Rodríguez de la Peña. ¡Cuántas salvajadas de la soldadesca napoleónica en España! Pero también de los amigos libertadores lusos y británicos. No hay que ir muy lejos de donde escribo: ¡Si pudiéramos escuchar el llanto y los gritos de las donostiarras de 1813!
Unas palabras para las musulmanas. Las democracias de Europa y ámbitos similares deberían pedir cuentas a las teocracias islámicas por la multisecular invisibilización física y emocional de sus mujeres. Sí, porque la obligada ocultación de caras y cabellos, ya cruel, entraña otra peor: la negación de los cálidos efluvios de la vida social para ellas.
Penoso es que algunas feministas e incluso autoproclamadas superfeministas españolas pregonen que el burka y demás celdas opresivas son señas identitarias y protectoras de las musulmanas. Yo no insulto, diagnostico, yerre o no. Lo afirmo porque leí a una mema (diagnóstico) que las elegantes mantillas de algunas españolas en procesiones de Semana Santa son el burka del catolicismo. Desafortunada comparación: tales señoras llevan ese estético complemento del vestir en ocasiones solemnes. Ponerlas al nivel de las infortunadas momias obligadas a sufrir el bozal – mazmorra del burka es lamentable.
Apoyemos el 8M y siempre, además de las reivindicaciones de las españolas, las de las musulmanas. Ni un cauce como el del Amazonas bastaría a contener las lágrimas que han vertido desde el nacimiento del islam y que hoy continúan derramando. Incluso ya en España, donde pocas se libran del férreo control de sus familias.
Julio Aguilar Ruiz
es doctor en Geografía e Historia por la UPV/EHU
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