Las empleadas del hogar están «atrapadas en la exclusión social»
Cáritas denuncia que la profesión está invisibilizada y marcada por la irregularidad y el abuso. «No nos quieren contratar», asegura una de las empleadas
Canarias 7, , 30-03-2026Irene Brugués y Yolanda García son dos mujeres migrantes. La primera procede de Venezuela, la segunda, de Cuba. Ambas tienen mucho más en común de lo que parece: trabajan como empleadas del hogar. Una labor que con frecuencia se traduce en ausencia de derechos y desigualdad. «Estamos presentes, pero no nos tienen presentes», matiza Yolanda.
Cáritas Diocesana de Canarias celebró este lunes un acto en su sede de Las Palmas de Gran Canaria, con motivo del Día internacional de las trabajadoras del hogar, que se conmemora cada 30 de marzo. La entidad denunció que esta profesión «permanece invisibilizada, poco valorada y marcada por condiciones irregulares o de abuso».
La responsable del área de empleo de Cáritas, Elizabeth Herrera, subrayó que estas personas «se ven vulneradas y atrapadas en la exclusión social», así como que la meta a conquistar pasa por «unas condiciones laborales dignas, como las de cualquier otro trabajador».
La profesión está sostenida por un perfil claro: mujeres. «La mayoría son mujeres de entre 45 y 55 años, con cargas familiares y con mayor dificultad para el acceso laboral, pues al tener menores e incluso mayores a cargo les es más complicado».
Es el caso de Irene, quien mantiene a sus dos hijos y a su madre: «Trabajo por ellos. Soy la cabeza de la familia, trabajo, estudio y, aun así, tengo tiempo de venir aquí y compartir con Cáritas siempre, porque aún me siguen ayudando, desde un principio hasta ahora», aseguró.
La entidad atendió solo el año pasado a una veintena de mujeres en estas circunstancias, brindando apoyo integral a muchas de ellas, no solo orientación laboral y formación, sino que también ayudas para la alimentación o para acceder a una vivienda.
Muchas de estas empleadas trabajan sin contrato, una cuestión en parte motivada por la burocracia que implica. «Los trámites burocráticos los hacen las familias que quieren contratar, que no son empresas, y muchas veces ni siquiera tienen apoyos para hacer frente a esos trámites. En ocasiones, incluso, son personas mayores», especificó Herrera, asegurando que muchas veces las familias tienen voluntad de contratar pero no las herramientas para hacerlo.
En este sentido, la responsable del área se mostró esperanzada con la Mesa Técnica de Empleadas del Hogar, que constituyó el Gobierno canario el pasado febrero para abordar la realidad de esta profesión.
No obstante, reparó en que se trata de un sector que «se trabaja a puerta cerrada, en casas particulares, por lo que la inspección laboral no llega y lo que ocurre dentro de un hogar, no siempre está a la vista de todos».
Trabajo ‘en negro’
Cáritas Diocesana de Canarias recriminó que el empleo doméstico sigue ligado a la discriminación racial. Tanto es así que el 42% de las personas inscritas en el Sistema Especial de Empleadas de Hogar de la Seguridad Social en 2025 eran extranjeras.
«Trabajo, estudio… Soy la cabeza de familia, con mi madre y dos hijos a mi cargo. Trabajo por ellos»
Irene Brugués
Empleada del hogar
Sus circunstancias personales, sin red de apoyo en el destino y en plena batalla para legalizar su situación, las convierte en personas especialmente vulnerables. Muchas terminan siendo víctimas de la economía sumergida, pese a que cuentan con una titulación.
La burocracia vuelve a hacer de las suyas en este punto, pues homologar los estudios lleva su tiempo y, mientras tanto, el dinero debe entrar a casa para la supervivencia propia y de la familia.
«Muchas, muchísimas de nosotras, tenemos carreras y todo, pero estamos aquí, hay que hacer lo que sea para mantener el hogar, siempre que sea un trabajo digno, pero no son dignos con nosotros», indicó Yolanda.
Siendo así, muchas empleadas del hogar se ven forzadas a asumir jornadas interminables, salarios bajos, despidos sin garantías o incluso abusos para evitar perder lo único que les permite el sustento y quedarse en situación de sin hogar.
El resultado no es otro que una caída libre hacia una espiral de indefensión laboral y vulnerabilidad extrema.
«Muchas tenemos carreras, pero estamos aquí, hay que hacer lo que sea para mantener el hogar»
Yolanda García
Empleada del hogar
La experiencia de Irene y Yolanda así lo constatan. «Siempre hemos tenido problemas porque no nos quieren contratar, no nos reconocen nuestro trabajo, que es importante, si nos llaman y piden este servicio, es porque es necesario», sostuvo Yolanda.
La empleada del hogar señaló que «siempre hay malas experiencias», también las hay «muy buenas, pero son más las malas». Ejemplificó que muchas veces su trabajo consiste en «atender a un ancianito» y que «son más las situaciones con las familias, que con el propio paciente». «No nos tratan como debe de ser», matizó.
«Lo peor suele ser el trato, somos muy vejadas», afirmó Irene, manifestando que empleo doméstico se considera «un trabajo muy bajo, y no debería ser así».
Soluciones
Ante este escenario, Cáritas exigió medidas urgentes para «dignificar el sector y proteger» a sus trabajadoras. Una de ellas consiste en garantizar el cumplimiento del Real decreto-ley 16/2022 para la «mejora de la Seguridad Social de los trabajadores del hogar».
Otra pasa por la lucha contra la discriminación de estas profesionales, con el fin de «evitar situaciones de abuso y poder que derivan en exclusión social». La tercera, por reconocer los derechos fundamentales de las personas migrantes, a través de la nueva propuesta de regularización en España.
La responsable del área de empleo de la entidad fue más allá y puso el foco en la necesidad de visibilizar este trabajo, «que sostiene a la comunidad y sociedad, en un país que avanza cada vez más hacia el envejecimiento». «El empleo doméstico es imprescindible», concluyó.
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