Una migrante irregular que trabaja por horas en la economía sumergida: «He llorado mares desde que llegué a España»
Auxiliar de enfermería, aceptó un puesto de interna por 1.200 euros mensuales pero cuando llegó el momento de cobrar solo le daban 500
Diario Vasco, , 30-03-2026María –se trata de un nombre supuesto para preservar su identidad– no lo ha tenido nada fácil desde que llegó a Valladolid hace dos años … procedente de Perú. Aunque nació en 1973 en la región andina de Apurímac, desde niña residió en Lima y fue en la capital donde se estableció y donde tuvo a sus cuatro hijos. Allí tenía empleo como profesional de los cuidados, ocupación para la que se formó, pero después de «muchas situaciones difíciles» –se vio obligada a sacar adelante sola a su familia tras un divorcio complicado– decidió cambiar de país animada por la posibilidad de obtener más ingresos para los suyos.
«Estaba en la duda de irme a Estados Unidos o venirme a España cuando una amistad que me conocía me ofreció un trabajito aquí», recuerda. «Era una chica de la selva» que se retiraba y le propuso quedarse con su puesto de interna en un domicilio atendiendo a una señora. «Me dijo ‘vas a ganar 1.200 (euros)», continúa. «Mi hijo mayor, que es profesor, como tenía un poquito de ingreso me dijo ’Mamá, yo te voy a apoyar’, y con eso y que saqué un préstamo para mi bolsa de viaje me vine», prosigue.
«Yo pensaba ‘trabajo dos años, me regularizo, trabajo un año más y me voy a Perú para estar con mis hijos’», señala esta auxiliar de enfermería a quien las cosas no le salieron como había imaginado. «Solo trabajé tres meses», lamenta con amargura, un periodo de tiempo en el que apenas cuidó a la persona en su casa porque al poco tiempo la ingresaron en un hospital debido a un problema intestinal. En el centro sanitario estuvo acompañándola «día y noche, que es ‘matado’, no es fácil», relata, y lo peor fue que cuando llegó el momento de cobrar su empleador, el hijo de la paciente, se negó a abonarle lo acordado y le ofreció 500 euros al mes como máximo.
Según cuenta a El Norte de Castilla, su argumento era que «allí hay enfermeras y hay médicos y yo iba a estar dormida. Mentira, porque como veían que tenía un cuidador ni se le acercaban», rememora. Una labor de atención muy sacrificada que continuó cuando recibió el alta, «porque tenía una bolsa que se abría y se ensuciaba todo y me tenía que levantar a las dos y a las cuatro de la madrugada para llevarla al baño y para ducharla», relata, además de ocuparse «de la cocina y de la limpieza».
El patrón de María terminó por enviar a su madre «a una residencia», liquidándola a ella con 2.000 euros por tres meses. Desde entonces subsiste a base de trabajos por horas como cuidadora o asistenta en la economía sumergida, porque su situación irregular –«no tengo ’papeles’»– le impide optar a nada mejor. Incluso ha estado viajando a Madrid en busca de estabilidad laboral. «He llorado mares desde que llegué a España», confiesa entre lágrimas.
Su gran consuelo es haber podido traer «a mi niño de 12 años», el pequeño, con quien vive en una habitación alquilada por la que paga 400 euros pero donde no le dejan empadronarle. Ella sí lo está, en casa de una persona que le ha hecho ese favor, y por eso tiene todas sus esperanzas puestas en el proceso de regularización «para poder acceder a un contrato». «Lo único que quiero es trabajar y estar tranquila», dic
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