Boinas rojas en la Macarena para contener las patrullas vecinales
El Consistorio de Sevilla crea una unidad de antidisturbios para hacer frente a la creciente inseguridad ciudadana en el distrito norte de la ciudad. Quiere evitar que los vecinos se tomen la justicia por su mano y que prenda la mecha en otras zonas
La Razón, , 22-03-2026Aparcacoches o
«gorrillas»
que imponen una tasa obligatoria bajo amenazas e, incluso, agresiones; drogodependientes que merodean por las calles; personas con
desarraigo cultural
que beben en la calle a cualquier hora del día, orinando en la vía pública y provocando altercados. Este es el día a día de los
vecinos de El Cerezo
y otras barriadas del distrito de la Macarena, en el norte de Sevilla. Un caldo de cultivo que ha provocado una situación de inseguridad creciente en la zona y ante la que el Ayuntamiento «se lava las manos». Esta es la denuncia de la asociación SOS Cerezo y el principal motivo por el que han impulsado las
patrullas vecinales
, que recorren las calles dos veces al día para expulsar a los incívicos.
La polémica de estas patrullas ha salpicado de lleno al
Ayuntamiento de Sevilla
, que teme que la mecha prenda en otros distritos deprimidos de la ciudad, como
Cerro – Amate. Por eso, el alcalde de la ciudad, José Luis Sanz, ha movido ficha con la creación de un
nuevo grupo de antidisturbios
«de élite» con 36 agentes, adscrito a la Policía Local: el llamado Grupo de Acción y Reacción de la Policía Local (GAR). Los
GAR son una fuerza de intervención
que cuenta incluso con un nuevo uniforme,
boina roja
y un escudo que imita al Cid Campeador, «un luchador y un guerrero», como serán los GAR, apuntó el intendente principal Manuel Corregidor, jefe de esta unidad. Estos boinas rojas se han estrenado en El Cerezo para calmar los ánimos de los vecinos, que han decidido actuar por su cuenta ante la pasividad de las administraciones.
Desde la
Asociación Pro Derechos Humanos de Andalucía (Apdha)
consideran que la respuesta del Ayuntamiento hispalense es «ineficiente»: «La solución no puede centrarse únicamente en la intervención policial ya que el problema persistirá si no se abordan las
causas de fondo»
, apuntan a este diario.
El distrito de la Macarena es una de las zonas más deprimidas de Sevilla, con una renta media que apenas supera los 26.000 euros anuales, solo por delante de Cerro – Amate, y con un alto porcentaje de inmigración: más del 30 por ciento de los que llegan a Sevilla de otros países residen en el distrito de la Macarena, la mayoría de
origen andino
, siendo los barrios de El
Rocío y El Cerezo
los de mayor proporción respecto a la población total (un 26%). A ello hay que sumar la centralización de los recursos municipales para las
personas sin hogar
en esta zona, que concentra el 80% del total.
«Numerosas personas sin hogar se concentran en la Macarena con la esperanza de poder acceder a algunas de las
camas que quedan libres en los albergues
y es habitual la convivencia en el barrio con personas en total situación de exclusión que hacen la vida entera en las calles: duermen en soportales, en las aceras, se buscan la vida como pueden, etc. y se producen situaciones incómodas para mucha gente», denuncia la Asociación Pro Derechos Humanos de Andalucía (Apdha).
Desde la ONG entienden el hartazgo de los vecinos, pero consideran que las patrullas vecinales no son una solución ya que pueden degenerar en «serios problemas de convivencia». Además, temen que se prenda la mecha del racismo «avivada por el discurso de extrema derecha» y se extienda a otros barrios, como ya está pasando en
Su Eminencia.
La idea de los GAR también ha provocado un conflicto institucional con la Benemérita. La
Asociación Pro Guardia Civil (Aprogc)
critica que la Policía Local de Sevilla haya bautizado a su nueva unidad tomando las mismas siglas que el Grupo de Acción Rápida de la Guardia Civil (GAR) y exige al alcalde José Luis Sanz que tome las medidas oportunas.
Los vecinos de el Cerezo y otras barriadas de la Macarena esperan expectantes la eficacia de los boinas rojas del Ayuntamiento . Mientras, sus patrullas vecinales se reúnen dos veces al día para
«recuperar el barrio»
, apunta Isabel, residente en esta barriada desde el año 1992. Reconoce que gorrillas «los ha habido siempre», pero que «ahora son mucho más agresivos»: «Te acosan, te rompen los retrovisores si no pagas, yo tengo todo el coche arañado». Pocos son los vecinos que se encaraban, porque
«llevan armas blancas». Hasta ahora. Muchos de los que como Isabel se han unido a estas patrullas reconocen que han perdido el miedo y que están dispuestos a actuar. Es eso o abandonar sus casas.
Junto a ella está Maite, que se fue a vivir al barrio cuando empezó la pandemia de coronavirus. Entonces, «como nadie podía salir, estaba tranquilo», pero una vez se levantaron las restricciones, los problemas enraizados desde hace décadas en esta barriada norte de Sevilla resurgieron aún con más fuerza. «Hubo un día en el que se produjo un punto de inflexión y fue cuando mi hija llegó llorando, muy asustada porque un gorrilla
le rompió el retrovisor
y la persiguió», relata a este diario. Por ello, cuando «me enteré de lo de las patrullas vecinales, no lo dudé y me uní a ellas».
Cuando estas patrullas empiezan su recorrido, los aparcacoches se esfuman.
La fuerza del grupo los espanta.
«Iros de aquí, no os queremos», gritan a uno que merodea por la calle Sánchez Pizjuán. Los vecinos aseguran que nunca han utilizado la fuerza y que no se han producido apenas encontronazos. Es lunes y el día está tranquilo. Por eso, se dedican a pegar los carteles que convocan a la
manifestación de este 25 de marzo
organizada por SOS Cerezo para reclamar «más seguridad, más limpieza, respeto y convivencia, sin gorrillas ni botellonas».
Los comercios de la zona ya lucen el cartel. La mayoría están
regentados por inmigrantes
, que apoyan la protesta vecinal y la secundan. Por eso, dicen los «patrulleros», cuesta entender que «hayan querido tacharnos de racistas o vincularnos a algún grupo político». «Si vives en El Cerezo, no puedes ser racista, es incompatible», responde Pepe (nombre ficticio), un hombre criado en el barrio y creador de estas polémicas patrullas, ya que los primeros días salían con la cara tapada.
Pepe es el que dirige el grupo y el que pone las normas. A la altura de la calle Ermita Virgen del Rocío manda callar para no molestar a los que rezan en un pequeño local que actúa como mezquita. Más adelante, en la plaza Blanca Paloma, se para en la
peluquería de Yousef,
un marroquí que lleva más de 20 años en el barrio y que busca lo mismo que el resto. «Estoy con los vecinos, es un tema de respeto, de convivencia», apunta.
Desde el Ayuntamiento, en un inicio, focalizaron el problema en un tema únicamente de seguridad ciudadana agravado por la inmigración y echaron la pelota al tejado del Gobierno, al que exigieron más presencia de Policía Nacional. Una respuesta insuficiente para los vecinos de la Macarena, que decidieron
tomarse la justicia por su mano.
Para contener la indignación los Boinas Rojas han entrado en acción.
Este grupo está compuesto por 36 agentes, entre los que hay un intendente principal, un inspector y cuatro oficiales, que trabajarán en varios turnos y también durante los fines de semana. La creación de esta unidad era algo que se lleva gestando mucho tiempo. Ya hace veinte años que se planteó la necesidad de crear un grupo de intervención. Desde entonces ha habido ideas que no llegaron a buen puerto hasta ahora.
(Puede haber caducado)