Moha Gerehou: "A los negros no nos timan con el precio de los pisos porque ya no nos los alquilan"

El periodista protagoniza la obra 'Infiltrado en Vox', un alegato antirracista que se vale del humor para desmontar el discurso de la extrema derecha sobre los migrantes.

Público, Henrique Mariño, 20-03-2026

No basta con no ser racista, hay que ser antirracista, plantea Moha Gerehou (Huesca, 1992) en Infiltrado en Vox, que vuelve a escena este domingo en el Teatro del Barrio de Madrid. Allí, el periodista y autor del libro Qué hace un negro como tú en un sitio como este (Península) tratará de dinamitar el mensaje racista desde dentro, un ecosistema ultra donde se cruzará con Santiago Abascal, Rocío Monasterio, Ignacio Garriga o Macarena Olona, recreados con deepfake.

Convencido de que “Vox es la versión radicalizada del racismo que ya existía en España”, la obra —dirigida por Anahí Beholí y Claudia Coelho— se vale de la ironía para desmontar el discurso de la extrema derecha sobre los migrantes. Expresidente de SOS Racismo, Moha Gerehou está tan seguro del poder de esa herramienta que no concibe un antirracismo sin humor. “Me gusta bromear diciendo que a los negros, moros, latinos o gitanos no nos timan con el precio de los pisos porque ya no nos los alquilan”, suelta con sorna.

¿Su mensaje antirracista es más efectivo desde el teatro que desde el periodismo?

Son lenguajes diferentes. Con el periodismo vas más directo y tienes capacidad para exponer mucho más lo que quieres contar. Sin embargo, en el teatro utilizas metáforas, pero llegas con algo más, con un sentimiento, con una carcajada. Y eso, a veces, se queda más en el cuerpo de quien recibe la información. Ambas herramientas son efectivas para lanzar ese mensaje antirracista.

En su día también interpretó el monólogo ¿Cómo sería mi vida si fuera un negro de película? ¿El discurso antirracista también penetra mejor a través del humor?

Sí, es una herramienta imprescindible. Mi objetivo es que el antirracismo sea un discurso popular y que llegue a todo el mundo, sobre todo desde una perspectiva que nos permita avanzar. Siempre me ha gustado usar diferentes formatos y el humor, bien utilizado, ayuda sin duda a que la gente baje las defensas y el contenido le entre mejor y más rápido. Yo no entiendo un antirracismo sin humor.

“Vox es la versión radicalizada del racismo que ya existía en España”

¿Con Vox vemos la paja en el ojo ajeno y no la viga en el propio?

De hecho, Infiltrado en Vox se sostiene, entre otras, sobre esta idea: Vox es la versión radicalizada del racismo que ya existía en España, incluso en el mundo de la política, con ejemplos como Xavier García Albiol o Josep Anglada. La obra muestra lo más crudo del racismo cotidiano, que va más allá de Vox. Es una cuestión estructural, a pesar de que España vaya en otra dirección, hacia una mayor diversidad racial.

Vox, como excusa de muchos ciudadanos para no creerse racistas.

Claro: “¿Cómo voy a ser yo racista si Santiago Abascal quiere deportar a ocho millones de migrantes?”. La aparición de Vox ha provocado en la izquierda cierta autocomplacencia. Mientras nos entretiene luchando contra su racismo, no nos permite llevar una agenda antirracista propia. En la izquierda el antirracismo nunca ha sido una prioridad, hasta el punto de que la regularización de migrantes ha llegado en 2026 después de retrasarse durante mucho tiempo.

Sostiene que no es suficiente con oponerse a Vox, sino que hay que legislar. ¿Es suficiente la regularización extraordinaria de migrantes aprobada por el Consejo de Ministros?

Es un buen paso y el final de un camino emprendido en la pandemia, pero obviamente no es suficiente. Este sistema va a necesitar periódicamente hacer regularizaciones, por lo que hay que cortar la raíz racista de la Ley de Extranjería, que segrega a los ciudadanos. Ahora bien, si el discurso racista gana peso, cada vez será más difícil sacar adelante este tipo de medidas, porque la oposición será mayor y porque incluso dentro de la izquierda se asociará a un coste político que algunos no querrán asumir.

Y la presencia de Vox en las instituciones fuerza al Partido Popular a aceptar algunas de sus medidas para lograr su apoyo.

El racismo es un terreno común de las derechas sobre el que construir acuerdos, como hemos visto con el tema del burka.
En la obra plantea si la desaparición de Vox implicaría hablar de antirracismo.

La desaparición de Vox sería una gran noticia por salud democrática, pero también porque nos hacen perder mucho tiempo con debates que no nos permiten avanzar, como el que comentaba del burka. Toda la discusión racial siempre viene desde los marcos y debates que ellos plantean, mientras que falta iniciativa por parte de la izquierda a la hora de hablar de antirracismo. Por eso mi provocación: aunque desaparezca Vox, no implicaría eso necesariamente.

¿En qué falla la izquierda?

Ahora mismo, cada vez más se habla de los barrios de clase trabajadora. Sin embargo, es imposible hacerlo sin hablar de las condiciones en las que viven las personas migrantes y refugiadas, porque hoy esos barrios están ocupados por esta población. Y detrás tenemos persecuciones policiales, redadas racistas, dificultades para acceder a la vivienda… Me gusta bromear diciendo que a los negros, moros, latinos y gitanos no nos timan con el precio de los pisos porque ya no nos los alquilan. Si la izquierda quiere centrarse en los barrios, tiene que plantear propuestas antirracistas, porque además son las personas migrantes quienes están sosteniendo el pequeño comercio: fruterías, locutorios, tiendas, peluquerías… Si no afrontamos esa realidad, dejaremos fuera a uno de los sujetos que deberían transformar la sociedad.

Precisamente, en su libro recuerda cómo unos policías lo pararon a los 21 años en la Ciudad Universitaria de Madrid.

Las paradas policiales por perfil racial son una práctica cotidiana y discriminatoria. Hay estudios que revelan que a las personas negras se nos para hasta siete veces más y a las gitanas, hasta diez. Eso afecta a la vida, sobre todo a la de quienes están en situación irregular, porque pueden acabar en un CIE o incluso ser expulsados del país.

“Vox ha legitimado el racismo en la conversación pública”

¿La sociedad española es racista?

Sí. El racismo forma parte de cómo funciona Europa, que no se entiende sin el racismo colonial sobre el que se han construido sus países miembros, entre ellos España. Y la segregación racial forma parte de nuestra cotidianidad y está presente en la estructura laboral, en la educación, en la vivienda… Por eso, con la obra de teatro pretendo abrir los ojos para entender cómo el racismo moldea nuestras relaciones y que podamos darle la vuelta a todo esto.

¿La presencia de Vox en los medios, en las redes y en las instituciones ha facilitado que muchas personas se quitaran la máscara?

Es evidente que Vox ha legitimado el racismo en la conversación pública y dado argumentos a personas que ahora lo muestran abiertamente. En España hay un racismo estructural histórico y Vox, estirando los límites del racismo, ha generado un caldo de cultivo del que saca un rédito político.

¿Vox está tocando techo? ¿Dónde lo ve a diez años vista?

Soy optimista. Si la izquierda incorpora el antirracismo, puede hacerle mucho daño a Vox. O sea, si les das derechos a las personas y mejoras sus condiciones de vida, le quitas espacio político a Vox, porque no podrá aprovecharse de las desigualdades estructurales. Por lo tanto, deseo que Vox se convierta en el nuevo Ciudadanos y no forme parte del futuro de España dentro de diez años.
¿Cómo se combate a Vox?

Mejorando las condiciones de vida de la sociedad en general y, especialmente, de las personas racializadas y migrantes en particular; proponiendo nuestros propios marcos para hablar sobre migración en los medios de comunicación y en la conversación pública; y tratando de ser firmes a la hora de hacerles frente, sin coquetear ni dejarse seducir por sus proclamas; y con mucho trabajo comunitario, porque en los barrios ves situaciones de racismo, pero también de encuentro entre vecinos. Pese a que no tiene eco, de esa cotidianeidad podemos aprender mucho. El antirracismo tiene que ser una práctica cotidiana y, a partir de ahí, acabaremos con Vox y con lo que se nos ponga por delante.

Cree que el periodismo es importante para luchar contra el racismo, aunque siempre ha señalado que en las redacciones no hay afrodescendientes o son una excepción.

La presencia de personas racializadas en los medios es una cuestión de justicia. Además, si las redacciones —que deben contar la realidad— no se parecen a la sociedad que están contando, tenemos un problema. Además, hay una falta de formación antirracista. Los medios deberían hacer un esfuerzo para no tragar y no reproducir los discursos racistas de la extrema derecha, de manera que dejen de hablar de menas, de inmigrantes ilegales y de todas esas narrativas que siguen reforzando el racismo. La tarea de los medios resulta necesaria para conseguir una sociedad antirracista.

Por cierto, ¿Macarena Olona llegó a ver su obra?

Pues no [risas]. Compró las entradas, pero el estreno de la obra se retrasó. Luego Pedro Sánchez convocó las elecciones del 23J, ella estaba en campaña y no pudo ir.

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