Vascos entre dos mundos
En Euskadi hay casi 77.000 jóvenes descendientes de inmigrantes que, pese a haber nacido aquí, sienten que se sigue cuestionado su identidad
Diario Vasco, , 15-03-2026En Euskadi, casi 77.000 jóvenes menores de 24 años son descendientes de inmigrantes, es decir, tienen al menos un progenitor de nacionalidad u origen … extranjero. Son chicos y chicas que han nacido aquí (seis de cada diez lo hicieron en España) o llegaron siendo niños, que han cursado sus estudios en centros vascos, hablan euskera con naturalidad en muchos casos y comparten referentes culturales con cualquier otro joven de su entorno. Sin embargo, una parte de la sociedad sigue mirándoles como si fueran de otro lugar, porque sus apellidos, su apariencia física o el origen de sus padres parecen pesar más que su propia trayectoria.
Considerados inmigrantes de segunda generación, muchos de ellos reniegan de esa etiqueta al entender que contribuye a reforzar la estigmatización y los prejuicios hacia todo un sector de la población que ya debe lidiar, a menudo, con sus propios dilemas y sentimientos encontrados por no sentirse parte de ninguno de los dos mundos que les rodea, ni de la tierra en la que han crecido ni de la de origen de sus padres. Una especie de limbo identitario que surge en buena medida en la mirada de los demás y no tanto en sus propias vivencias. Aunque son jóvenes que no han cambiado de país y de sociedad, como sí lo tuvieron que hacer sus progenitores, sienten que se sigue cuestionando su identidad y su estatus constantemente, y deben hacer frente con demasiada frecuencia a los estereotipos derivados de esa percepción. Como si la condición de inmigrantes se transmitiera de padres a hijos, junto con todo un conjunto de rasgos sociales y culturales.
Con una esperanza de vida media de 84,5 años y 3.000 muertes más que nacimientos al año, hace tiempo que Gipuzkoa crece sostenida por la población inmigrante que se ha convertido en una pieza indiscutible de nuestra realidad sociológica, en la que uno de cada siete habitantes es de origen extranjero y tres de cada diez nacimientos son ya hijos de padres llegados desde fuera. Un escenario que exige miradas flexibles e integradoras y en el que esta mal llamada segunda generación desempeña una labor muy significativa transformando la idea de lo que significa ser de aquí. Porque la identidad no es una herencia cerrada, sino una realidad viva que se construye día a día. La pertenencia a una sociedad no se hereda, se crea y se fortalece con compromiso y participación.
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