Un Torrente demasiado facha para Vox

Santiago Segura evita la complacencia en su sátira de un partido ultraderechista inundada de 'cameos'

Diario Vasco, Oskar Belategui, 13-03-2026

José Luis Torrente siempre ha vivido fuera de su época, incluso cuando le conocimos hace casi 30 años. Es como si fuera un anacronismo grotesco … transportado por una máquina del tiempo, en su caso un Seat 1430 con pegatina de la Boite Penélope, a modo de DeLorean cañí. Desde que nos despedimos de él en 2014 han pasado muchas cosas. España es distinta, seguramente peor. Vivimos en las redes y los protagonistas del discurso público no son los que tienen más que decir, sino los que más gritan.

A modo de canario en la mina, la saga del expolicía ausculta este país a través de la mirada de un pícaro que condensa lo peor de nuestras esencias. ‘Torrente presidente’, ya en más de mil pantallas, sin tráiler, sin imágenes promocionales, advierte en unos bonitos créditos animados con dos rombos, como salidos del ‘Un, dos, tres’, que cualquier parecido con la realidad «no es una coincidencia». Santiago Segura siempre ha lamentado que su sátira de la España chusca y rancia se vea como una apología. Por eso un rótulo reitera que estamos ante «una parodia satírica», mientras suena ‘Habla, pueblo, habla’, la icónica canción del grupo Vino Tinto asociada a las primeras elecciones democráticas.

En el sexto Torrente ya no hay excusas argumentales con robos o espías. Arrancar con la Transición deja claro que la política vertebra la hora y media larga de gags y ‘cameos’. Hay muchas, muchísimas apariciones, demasiadas, porque a las nuevas se unen los amiguetes que aparecieron en entregas anteriores, de Gabino Diego, que retoma el papel de Cuco, el escudero yonqui, a Cañita Brava, el Señor Barragán y compañía, los parroquianos de la tasca madrileña con barra de zinc en la que Torrente sigue impartiendo doctrina, cagándose en los chinos y moros que encuentra por una calles distintas a las de hace una década.

Es en ese foro carpetovetónico, entre vapores de farias y sol y sombra, donde dos cayetanos de Nox reclutan al gañán para el pujante partido patriota. Santiago Segura tiene el cuidado de elegir para encarnar a su líder a un actor que no recuerda a Santiago Abascal (Ramón Langa, la voz de Bruce Willis). Cuantas más insensateces suelta Torrente en los mítines, más popularidad logra de los suyos. Hasta el punto de que se siente legitimado para arrebatarle el puesto de presidente de Gobierno a Pedro Vilches, encarnado en uno de los más divertidos aciertos de casting por… Bertín Osborne.

No existe complacencia en el retrato de los cuadros de este partido de ultraderecha, con dirigentes intrigantes y simpatizantes que confunden el 23 – F con el Black Friday. Torrente resulta demasiado indómito hasta para los nuevos nostálgicos del franquismo, que no dudarán en intentar asesinarle en el último tercio del filme, que, como en entregas anteriores, se entrega a la acción aunque sin llegar a la espectacularidad de antaño.

No será esta crítica la que desvele las dos estrellas internacionales que se cruzan en el destino del protagonista. Quizá cante un poco que desfilen el cuadro al completo de presentadores y rostros de Atresmedia, incluido el propio Torrente en ‘El Hormiguero’. Tampoco hará gracia a muchos los papeles de Vito Quiles, El Pequeño Nicolás y famosos vinculados a una ideología conservadora. ¿Porque tiene gracia que Willy Bárcenas, cantante de Taburete e hijo de Luis Bárcenas, acabe en el filme de tesorero del Gobierno? ¿Merece Lucía Etxebarría, de profesión agitadora en X, su cameo?

Para terminar, un apunte sociológico del cine en un centro comercial de Málaga en el que este crítico vio ‘Torrente presidente’. La mayoría del público eran grupos de hombres jóvenes. Y tras la escena postcréditos, con una frase ya mítica, hubo aplausos.

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