3 de Marzo. Ayer y hoy

Junto a la condena de la violencia para imponer cualquier proyecto político, el grito de que en Euskadi hay sitio para todos es el mejor homenaje a las víctimas

Diario Vasco, Eneko Andueza, 04-03-2026

Este año se cumple medio siglo de los dramáticos acontecimientos ocurridos en Vitoria – Gasteiz el 3 de marzo de 1976. Aquel día, mientras se celebraba … una multitudinaria asamblea en la iglesia de San Francisco de Zaramaga, la policía armada hizo acto de presencia e intentó disolver la reunión utilizando la fuerza más extrema que estaba en sus manos. Como consecuencia de aquella acción, cinco personas fallecidas y decenas de heridos.

Quisiera reflexionar sobre las huellas de aquel fatídico día y cómo deben marcar nuestro presente. Mirar al pasado con la intención de extraer conclusiones que nos sirvan para seguir tejiendo la convivencia democrática de hoy.

En primer lugar, como secretario general de las y los socialistas vascos, quiero mostrar mi más rotunda condena ante la desproporción y abuso de poder de una policía armada que demostró, con semejante atropello, su resistencia a romper los lazos con décadas de represión al amparo del régimen franquista. Asimismo, condeno las maniobras puestas en marcha por aquel Gobierno liderado por Arias Navarro y Manuel Fraga, heredero de un régimen dictatorial fuertemente respondido en las calles. Fue su empeño en mantener viva una dictadura encubierta el verdadero responsable de aquellas muertes.

Mi condena no es ninguna novedad. Desde el PSE – EE siempre hemos condenado, y seguiremos haciéndolo, cualquier uso de la violencia como estrategia para imponer un proyecto político. Una apuesta democrática como la que apoyó de forma unánime la sociedad alavesa y la ciudad de Vitoria – Gasteiz. Frente al abuso desproporcionado de la fuerza, la ciudadanía vitoriana demostró estar a la altura de las circunstancias. Su respuesta pacífica, sin embargo, no supuso ni un solo paso atrás en sus reivindicaciones de mejoras laborales, sociales y políticas. Apenas un año después, el 15 junio de 1977, los vitorianos y vitorianas dieron una gran lección que tampoco podemos olvidar. En aquella jornada electoral la participación en la ciudad superó el 80%. La ciudad en bloque decidió demostrar su apuesta inequívoca por la democracia como única herramienta capaz de transformar la sociedad. En aquellos barrios obreros donde la represión había sido especialmente dura, el Partido Socialista de Euskadi fue la opción más votada.

Pero no podemos olvidar tampoco la complejidad social de aquellos barrios como el de Zaramaga en los años 70. La gran mayoría de los asistentes a aquellas asambleas eran personas venidas de todos los puntos de España, sin otra intención que escapar de años de hambre, miseria y humillación en sus lugares de origen. Personas que, con su esfuerzo y compromiso, aportaron a la construcción de la Vitoria – Gasteiz democrática y moderna actual. Migrantes que reivindicaban su derecho a la ciudadanía. Exigían su derecho a formar parte de una comunidad donde no importara su lugar de procedencia, su religión, su cultura, su forma de sentir la sexualidad o su lengua. Fueron su energía, su firme decisión de reivindicar sus derechos políticos, laborales y sociales, los que dieron un puñetazo al tablero de la historia, exigiendo por primera vez su papel dentro del juego político.

Cincuenta años después, vemos cómo diferentes fuerzas políticas, algunas directamente herederas de ministros responsables de aquella matanza, señalan a quienes llegan a vivir entre nosotros como si de enemigos se tratara. Por eso, el 3 de Marzo también es el momento de reivindicar la diversidad, el derecho a la diferencia, de gritar que aquí, en Euskadi, hay sitio para todos y todas. Aquella fue una de las reivindicaciones de quienes se reunían en la iglesia de San Francisco de Zaramaga. El deseo de sentirse reconocidos en una ciudad que estaban construyendo con sus propias manos y en la que, sin embargo, el franquismo parecía discriminarles. Aprendamos también de este grito solidario cuyo eco sigue rebotando en el presente.

Hoy existe una representación política mayoritaria en torno al 3 de Marzo como día de recuerdo y reivindicación de los valores democráticos que sus víctimas encarnan. Incluso quienes en un primer momento se opusieron a las jornadas reivindicativas, quienes aconsejaban la oración y el olvido, han decidido unirse a los que deseamos que todos los días del año sean, de alguna manera, 3 de Marzo. Ese es el camino. La unión frente a la amenaza neofascista que recorre Europa. Aprovechemos nuestra mirada al pasado para comprender lo que está en juego en el presente. Ese será nuestro mejor homenaje.

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