Mª Ángeles Espinosa, presidenta de Unicef España: "El nivel de pobreza infantil en un país rico como España es insultante"

Desde hace un mes, esta madrileña ha tomado las riendas del Comité Español del Fondo de la ONU para la Infancia. Uno de los retos de la organización es reducir el número de niños pobres que viven en nuestro país: 2,7 millones.

El País, Mar Muñoz, 02-03-2026

Mª Ángeles Espinosa Bayal (Madrid, 60 años) tiene la misma edad que Unicef, organización cuyo Comité Español preside desde hace un mes cuando recibió el testigo de manos de Gustavo Suárez-Pertierra. Aunque esté recién estrenada en el cargo, lleva media vida vinculada a la agencia de la ONU que vela por los derechos de los niños, la mayoría de ellos desde el ámbito académico.

Como investigadora y profesora de Psicología Evolutiva y de la Educación en la Universidad Autónoma de Madrid, su foco ha sido la infancia vulnerable, una sensibilidad que la acompaña desde niña. Siempre supo que la suya era una posición de privilegio: “Mis padres me inculcaron que había que hacer cosas para mejorar la vida de los demás y no solo en situaciones extremas. Mi hermana y yo sabíamos que éramos afortunadas porque teníamos una familia que nos quería, que nos educaba y que esa no era la situación en la que vivían otros niños”, afirma. Hoy, al frente de Unicef España, considera “un honor” poner sus conocimientos al servicio de “tan noble causa”.

El azulón reconocible de su logo, la filantropía y los christmas navideños están asidos a la imagen de marca de una organización que, desde nuestro país, no trabaja sobre el barro de las catástrofes ni en las tiendas de campaña de las crisis humanitarias. En la guerra contra la vulneración de los derechos de la infancia, las trincheras de Unicef España se encuentran (1) en la sombra de los despachos como un lobby que busca influir en las políticas públicas y (2) en la captación de fondos, o sea, en la recaudación de dinero contante y sonante. Ese, como el que aportan los otros 32 Comités Nacionales, va a parar en su mayoría a la hucha internacional con la que Unicef sostiene proyectos de desarrollo en más de 150 países, atiende crisis latentes y socorre ante emergencias concretas.

Los últimos datos (2024) dicen que en España se captaron 113 millones de euros y el 75% se depositó en la bolsa común. El resto se invierte en nuestro país en la recaudación de más fondos, en programas y actividades de sensibilización y visibilización del trabajo de Unicef y en acciones para influir en la política. Una última parte (3,8%) sostiene el funcionamiento de la propia estructura del Comité Español.

Unos 2.000 menores viven sin luz en la Cañada Real (Madrid). ¿Nuestro país puede recibir recursos de Unicef para paliar situaciones como esa?
España es un país de altos ingresos y como tal no puede recibirlos. Tampoco podríamos utilizar los fondos que captamos nosotros para hacer labor asistencial aquí. Nuestra labor es, por ejemplo, hacer presión sobre los ayuntamientos implicados [Madrid, Coslada y Rivas-Vaciamadrid] y llamar la atención sobre la situación de esos niños. Son otras organizaciones las que trabajan allí, al pie del terreno. Sin querer ser pretenciosos, uno de los logros más importantes de Unicef España ha sido poner la pobreza infantil como tema prioritario en la agenda política de este país.
¿Cómo lidian con los gobernantes de uno y otro signo?
Es una tarea que hay que hacer siempre con mucho cuidado, porque somos una organización apolítica. Nos sentamos con las administraciones y ponemos a su servicio los datos de nuestros estudios para influir en el diseño de iniciativas que mejoren el bienestar de la infancia. Son informes hechos con mucho rigor y que incluyen siempre la voz de los niños, que para nosotros es un elemento esencial. Tenemos más de 450 consejos de participación infantil, donde los chavales debaten sobre la situación de su entorno para poder elevar sus demandas a los poderes públicos.
Su estudio El beneficio de hacer: el potencial de políticas concretas para revertir la pobreza infantil lo ha usado el Gobierno en el diseño de una estrategia para luchar contra esa vulnerabilidad de aquí a 2030. Incluye su propuesta de implantar una prestación universal de 200 euros mensuales a las familias con menores.
Ahora se entiende más, pero cuando Unicef España empezó a trabajar en esto éramos incómodos, porque decíamos que sí, que en España hay pobreza infantil. El 29,2% de niños viven en hogares que ingresan menos del 60% de los ingresos de la media, lo que supone que unos 2,7 millones viven en situación de pobreza o exclusión, lo que es insultante para un país rico como España, según ha dicho el Comité de Derechos del Niño de la ONU. Ese porcentaje sube cuando hablamos de familias monoparentales o de inmigrantes. Llevamos muchos años defendiendo una prestación por crianza y celebramos la noticia, pero exigimos que haya presupuesto para ponerla en marcha lo antes posible.
¿Cómo son los niños pobres españoles?
Niños que pueden ser nuestros vecinos, cuyos padres, uno o los dos, trabajan. No están desnutridos, no van descalzos ni visten harapos, pero no pueden comer carne, pescado, fruta y verdura dos o tres veces a la semana, no pueden poner la calefacción en invierno ni un ventilador o aire acondicionado en verano, tienen problemas para comprar material escolar al inicio del curso, no pueden ir a extraescolares o a las excursiones del colegio…

¿Cuáles son sus objetivos para la presidencia que comienza?
Recojo un excelente legado y hay una parte del trabajo que será necesariamente continuista. Nuestro objetivo es fortalecer la captación de fondos regulares, como las aportaciones de los socios y los donativos, que son los recursos más valiosos, y aumentar la contribución de Unicef España a la organización.
La mutilación genital, la situación de las niñas en países como Irán y Afganistan, niños perseguidos por las políticas migratorias de Donald Trump, el conflicto en Gaza… ¿Malos tiempos para la infancia?
Estamos asistiendo probablemente a uno de los momentos más críticos de los últimos 50 o 60 años. La infancia, con sus lógicas diferencias, se encuentra en una situación similar a la de la Segunda Guerra Mundial, aunque en los últimos 20 años se ha progresado mucho en mortalidad infantil, en desnutrición, etc. La pandemia y las crisis del multilateralismo y de la cooperación internacional para el desarrollo han colocado a los vulnerables en una situación difícil.
En general, ¿somos los españoles un pueblo generoso?
Somos la decimoquinta potencia económica mundial, pero hay otros países más ricos que aportan menos a la organización internacional. Los españoles somos muy solidarios. Ahora contamos con 473.850 socios.
¿Cuál es su perfil?
En nuestro país los socios siempre suben. Crisis como la del ladrillo o el covid-19 ni siquiera supusieron un descenso. Hacen una contribución media de 150- 160 euros al año y su permanencia es bastante prolongada. Son personas de unos 40-50 años. Eso no quiere decir que los jóvenes no sean solidarios, pero con la situación actual no es fácil comprometerse con aportaciones mensuales o anuales. Para ellos estamos buscando otras iniciativas más dinámicas, como por ejemplo Unidos por, que es una contribución más puntual y dirigida a proyectos concretos.
Más de la mitad de sus seguidores en redes sociales están en Facebook, pero los jóvenes andan en TikTok y en Instagram.
Tenemos capacidad de innovación e intentamos acercarnos a ellos. Contamos con grupos de chicos que nos asesoran sobre qué temas interesan más a los jóvenes, qué les preocupa, cómo tenemos que dirigirnos a esa audiencia y en qué formatos. También estamos en centros educativos trabajando con unos 330.000 alumnos explicando nuestro trabajo y que los niños tienen derechos por serlo, nadie se los tiene que dar. Buscamos generar esa conciencia y base social para que, de adultos, se acerquen a Unicef y se hagan socios o hagan un donativo.
¿Les han perjudicado mucho los ‘christmas’ electrónicos?
Desde que en el año 1949 se lanzó la primera postal navideña se han vendido millones de tarjetas de felicitación a nivel mundial, lo que permitió salvar la vida de millones de niños, pero los tiempos cambian. Pensamos que su desuso podría tener gran impacto pero hemos buscado otros medios para seguir captando fondos.
Diga otras formas de colaborar.
El Regalo Azul, del que estamos muy orgullosos. En cumpleaños, bodas, aniversarios, bautizos, etc., se puede regalar, según la cuantía, vacunas, agua potable, balones de fútbol, abrigos, mochilas escolares… El homenajeado recibe una tarjeta con información de a qué se ha destinado su regalo.
¿Hay muchas tragedias , como la crisis humanitaria en Sudán u otras, que acaban olvidadas?
Sí. Las llamamos emergencias silenciosas, porque algunas duran 20 o 30 años y ya nadie se acuerda de ellas. Para estas situaciones no podemos hacer ninguna campaña, como en una catástrofe puntual, porque no movilizan esa solidaridad en la población, pero necesitan que aportemos fondos.
El Comité de Derechos del Niño de la ONU ha tirado a España de las orejas por la situación de los menores inmigrantes no acompañados, especialmente en Canarias.
Ha propuesto la creación de protocolos y una unidad multidisciplinar para atender a esos niños de un modo integral.
yod¿Todos los niños son iguales?
En todos los países que hayan ratificado la Convención sobre los Derechos del Niño (que son todos, menos EEUU), un niño inmigrante tiene los mismos derechos que uno autóctono. No son legales ni ilegales. Los niños son niños.

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