El 'río de hierro'; así nutren los cárteles de la droga de México sus arsenales con armas estadounidenses

La presidenta Claudia Sheinbaum propone dialogar con el Gobierno de Trump e implicarlo en la lucha contra un contrabando que proporciona a los narcos el 80% de su armamento y munición

Diario Vasco, Alin Blanco, 26-02-2026

Las dos grandes obsesiones del presidente estadounidense son las drogas y los inmigrantes procedentes de los países latinoamericanos. Sin embargo, la cruzada de Donald Trump … contra el narcotráfico podría librarse también dentro de sus propias fronteras. La muerte de Nemesio Orteguera, ‘El Mencho’, el jefe del poderoso Cártel Jalisco Nueva Generación (CJNG), ha puesto nuevamente de relieve la importancia de las armas estadounidenses en las actividades del narco.

‘El Mencho’ vivía rodeado de un imponente equipo de seguridad provisto de armamento de guerra. El ministro mexicano de Defensa, Ricardo Trevilla Trejo, informó de que sus tropas decomisaron un lanzacohetes, diez armas largas, pistolas y granadas en la operación contra la guarida del conocido traficante. La mayoría habían sido compradas en Estados Unidos, lo mismo que otras 4.359 armas y 649.000 municiones incautadas en enero en el marco de la lucha contra la delincuencia y el narco en México. La propia Oficina de Alcohol, Tabaco, Armas de Fuego y Explosivos (ATF) estadounidense ha denunciado este inquietante hecho, al que los legisladores del país azteca le han puesto nombre: el ‘río de hierro’.

El ‘rio de hierro’ consiste en la compra en EE UU de pistolas, rifles, municiones y cualquier artefacto que sirva para explotar y disparar para luego transportarlos a México. Las operaciones de contrabando a mayor escala corresponden evidentemente a los grandes cárteles, que manejan arsenales sofisticados y cuyos sicarios tienen el hábito de gastar munición a mansalva. En 2020, un comando del CJNG intentó asesinar al entonces secretario de Seguridad, Omar García Harfuch, en pleno centro de la capital y le disparó hasta 400 rondas de proyectiles. Harfuch salvó la vida de milagro, en gran parte gracias al blindaje de su vehículo.

Pero además existe el pequeño tráfico que inunda el país de revólveres, fusiles y cartuchos estadounidenses. México es muy estricta con la venta de armas, de modo que miles de pequeños traficantes se desplazan a las armerías de Texas y Arizona próximas a la frontera y luego introducen los arsenales en dobles fondos de camionetas o caravanas. Siete de cada diez armas utilizadas en crímenes en el país norteamericano entre 2017 y 2021 fueron adquiridas en EE UU. Y el río no ha parado de crecer.

El Gobierno de Claudia Sheinbaum denunció en febrero que gran parte de la munición incautada a los cárteles son ‘made in USA’. Casi la mitad de los cartuchos decomisados desde 2012 proceden de una fábrica en Kansas City, en el Estado de Misuri. Desde octubre de 2024, las autoridades mexicanas han incautado 18.000 armas de fuego, de las cuales el 80% proceden de EE UU. Pero no solo es la cantidad. El Gobierno azteca alerta de que el armamento más letal –como ametralladoras, lanzagranadas, fusiles Barret y lanzacohetes– también procede del vecino del norte.

La fábrica de donde procede el 50% de la munición incautada es, en realidad, el mayor fabricante de cartuchos de rifle que utiliza el ejército estadounidense. Estos proyectiles de calibre 50 de alta potencia no solo atraviesan los chalecos antibalas, sino que están diseñados para uso militar y agujerean blindajes ligeros, vehículos y aeronaves. Es casi imposible protegerse de la munición que llega a los pandilleros desde el sur de Estados Unidos.

La investigación llevada a cabo por el Consorcio Internacional de Periodistas de Investigación (ICIJ) y el diario ‘The New York Times’ ha descubierto que los proyectiles fabricados en esta planta no han estado restringidos al ejército estadounidense, sino que las autoridades han permitido a contratistas privados venderlos a distribuidores, intermediarios y comercios minoristas, y estos lo introducen en el mercado civil. Según ha constatado el ICIJ, al menos 16 vendedores ofrecen en internet balas elaboradas allí o con componentes procedentes de esa fábrica.

El secretario de Defensa de México, el general Ricardo Trevilla, ha asegurado que en los últimos catorce año se han decomisado cerca de 137.000 proyectiles de este tipo, y el 47% de ellos provenía de armerías del sur del país vecino abastecidas por las instalaciones de Lake City. Esta munición, que también ha sido empleada en tiroteos masivos en Estados Unidos, se ha convertido en un elemento básico para los grupos del crimen organizado en México.

Claudia Sheinbaum está dispuesta a iniciar un diálogo con el Gobierno estadounidense para «analizar cómo es posible que armamento de uso exclusivo de su ejército esté entrando en México». En una estrategia calculada, la presidenta quiere hacer a la industria de las armas estadounidense corresponsable del poder y la violencia de las organizaciones criminales transnacionales que el propio Donald Trump urge a México que combata. De este modo, Sheinbaum busca que Washington se implique en esta misma lucha, mediante el freno al contrabando y la aplicación de un mayor control a los fabricantes.

«El blindaje con el que contamos no puede proteger a nuestro personal del nivel de penetración de este tipo de bala», declaró a la prensa en 2024 Luis Cresencio Sandoval, antecesor del general Trevilla Trejo. Se refería a los cartuchos que emplearon los pandilleros para atacar un convoy militar en el norte de México y que dejó un soldado muerto y a otros tres, heridos. Los proyectiles eran de EE UU.

El Gobierno mexicano calcula que cada año entre 200.000 y 500.000 armas de fuego se introducen de manera ilegal en su país desde la frontera norte. El país azteca tiene estrictas restricciones sobre la compra y posesión de armas. Solo pueden adquirirse legalmente en dos tiendas gestionadas por el ejército.

El Pentágono asegura, por su parte, que vender munición directamente desde su planta de Lake City ahorra al Estado decenas de millones de dólares cada año.

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