¿De dónde brotan los fachas?

Nosotros los exquisitos bien haríamos en darnos una vuelta libreta en mano allá donde habita la España real y cabreada

La Razón, , 25-02-2026

Eluden analizar las razones, pero señalan el crecimiento de las derechas como si fuera una de esas epidemias cinematográficas de apocalipsis zombi en las que los muertos vivientes infectan a los humanos con una simple mordedura. Sencillo, una buena dentellada igual a un nuevo «facha». Así, sin preguntarle el porqué, sin más.

Elección tras elección y encuesta tras encuesta, los consumidores de sales contra el sofoco, frente al ascenso de opciones políticas como la que representa Vox, no paran de alertarnos desde sus respectivos púlpitos allá donde les lean o escuchen sobre los jinetes apocalípticos ultraconservadores que avanzan hacia nosotros enarbolando banderas antisistema, en especial la del rechazo a la ola de inmigración no regulada. Tampoco dudan en señalar a los errores estratégicos del centro derecha convencional –al Núñez Feijóo de turno– como corresponsable de ese aumento de los radicales, como si no hubiera razones de peso que explican ese crecimiento y como si el fenómeno no fuera común a todo Occidente, empezando por la Norteamérica de Trump y pasando por la propia Europa donde, dicho sea de paso, es justo el PP español la única formación que absorbe el golpe frente al tsunami de la ultraderecha, manteniéndose de lejos todavía como primera opción de los electores.

Si nos centramos en las razones de la proliferación de tanto «facherío», tal vez reparemos, de entrada en la muy distinta percepción de la realidad que tenemos muchos informadores, analistas, comunicadores, políticos y politólogos frente a la de llanos ciudadanos de a pie que, como se ha visto en Extremadura o Aragón representan esa España rural escéptica y escamada por el acuerdo con Mercosur, o esos otros votantes de zonas urbanas no precisamente exclusivas en las que efectos colaterales de la inmigración no regulada son bastante más perceptibles que en las áreas pudientes donde el buenismo solidario se muestra groseramente gratuito. Es aquí –y solo me detengo en la cuestión agraria y en la inmigración, aunque hay otras– donde curiosamente Vox está sabiendo conectar. No proliferan «fachas» por razones epidémicas; lo que aumenta es el número de ciudadanos entregados a opciones políticas que, aun siendo populistas y no exentas de demagogia, están sabiendo ubicar y señalar problemas reales. Nosotros los exquisitos bien haríamos en darnos una vuelta libreta en mano allá donde habita la España real y cabreada. Igual nos ilustra, tal vez no sean «fachas».

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