La epidemia invisible que afecta a jóvenes y mayores: las claves del plan del Gobierno contra la soledad

El Consejo de Ministros ha dado luz verde este martes a un plan que fija un marco común para la prevención de la soledad a lo largo de todo el ciclo vital. La soledad no deseada afecta al 20% de la población en España, siendo los más afectados los jóvenes, los mayores de 75 años, personas con discapacidad o migrantes.

Público, Laura Anido, 25-02-2026

Mercedes tiene 80 años. Hace cuatro que murió su marido y desde entonces vive sola en su casa, rodeada de recuerdos y largos silencios. Pedro, de 17 años, siente que no encaja en el instituto y ha ido reduciendo su mundo a una pantalla y a conversaciones virtuales. Noor tiene 34, es marroquí y llegó a España hace un año. Su familia, su red de apoyo y su vida anterior se quedaron al otro lado del Mediterráneo.

No se conocen, no comparten generación ni historia de vida, pero los tres viven la misma experiencia: la soledad no deseada. Un fenómeno que no es marginal, en España una de cada cinco personas se siente sola sin quererlo. Ahora, por primera vez el Gobierno ha anunciado una estrategia para combatir la situación. Es la primera medida que se elabora en España en este sentido y pretende establecer un marco común para abordar la prevención de la soledad en todas las etapas de la vida. “El problema no es la soledad, sino que es algo que no siempre se puede elegir. Tenemos que garantizar que haya una comunidad a la que acudir cuando se busque compañía”, ha expresado este martes el ministro Pablo Bustinduy.

La soledad no deseada afecta al 20% de la población en España, según el Barómetro de 2024 del Observatorio Estatal de la Soledad no Deseada (SoledadES). Lejos de ser una etapa puntual, los datos revelan que se trata de una soledad cronificada: el 67,7% de quienes la sufren llevan más de dos años en esta situación y casi seis de cada diez, más de tres.

Por edades, son los jóvenes quienes declaran mayores niveles de soledad (25,5%), una incidencia que desciende según avanzan los años en la edad adulta hasta que vuelve a repuntar a partir de los 75 años. Que sean los más jóvenes quienes encabecen las cifras de soledad puede resultar contradictorio en una era de hiperconexión. Sin embargo, en muchos casos, “los propios medios digitales son los que acaban aislando y generando dependencia”, explica Matilde Fernández, presidenta de SoledadES y exministra de Asuntos Sociales. “Hay personas jóvenes que ya se comunican únicamente a través de redes sociales”, añade.

Fernández apunta además a un factor generacional: “Son más exigentes en la calidad y cantidad de las relaciones, tanto familiares como de amistad. Esperan mucho de sus vínculos y también de los poderes públicos, porque han nacido en una sociedad de derechos y esperan respuestas inmediatas ante las problemáticas”.

También son preocupantes los datos de soledad no deseada entre las personas con discapacidad, el 50,6% la sufren. Según el informe del Observatorio SoledadES, casi cuatro de cada cinco personas con discapacidad que sufren soledad llevan más de dos años en esta situación, y el 73% más de tres. Asimismo, las personas con discapacidades que afectan a la comunicación o las relaciones personales son las que presentan una prevalencia más alta, con valores que superan el 75%.

En el caso de las personas mayores, Fernando Flores, presidente de PLADIGMARE (Plataforma por la Dignidad de las Personas Mayores en las Residencias) advierte de que en residencias y centros sociosanitarios la soledad no deseada “se acerca peligrosamente al 90%”. No por falta de gente alrededor, sino por la ausencia de relaciones significativas. “La institucionalización saca a las personas de su entorno vital y rompe sus rutinas y vínculos. Muchas personas viven en un estado semilatente, con pocas actividades y con cuidados centrados en la vigilancia más que en el acompañamiento real”, explica.

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