4 años de la guerra de Ucrania
«La gente de aquí me ha arropado pero mi cabeza sigue en Ucrania»
Este martes se cumplen cuatro años de la invasión rusa de Ucrania. Svitlana Dushka y Svitlana Vynohradenko reconstruyen un nuevo futuro lejos de las bombas. «La gente nos ha acogido con mucho cariño»
Diario Vasco, , 23-02-2026Ucrania. 24 de febrero de 2022. Miles de vidas quedaron en suspenso cuando una lluvia de misiles rusos comenzó a arrasar hospitales, hogares, fábricas y escuelas. Buscaron refugio fuera de su país, donde todavía muchos intentan reconstruir sus vidas lejos de las bombas, como Svitlana Vynohradenko y Svitlana Dushka. Ellas decidieron comenzar una nueva vida en Gipuzkoa y hoy, después de un largo camino marcado por la incertidumbre y el «miedo», regentan un centro de masajes y un local de manicura y pedicura en Donostia. Se empeñan cada día por aprender el idioma, construir vínculos y hacerse un hueco en un lugar que al principio les resultó ajeno pero al que están «muy agradecidas» por el calor recibido.
Desde el comienzo de la guerra, camino de cumplir 1.500 días, Gipuzkoa se movilizó para poder atender la tragedia humana provocada por este conflicto bélico, con un impacto devastador sobre la población civil. «Porque la guerra sigue. Siguen los bombardeos, la gente está sin calefacción a 20 grados bajo cero», cuentan estas mujeres, que sienten un gran pesar cuando hablan de sus familiares.
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Viven con el corazón dividido. Una parte de ellas sigue allí, en los hogares que tuvieron que abandonar de forma repentina, sin margen para las despedidas. Cuentan que muchos de sus compatriotas han regresado a Ucrania para reencontrarse de nuevo con sus maridos, hijos o hermanos. Porque la vida sin ellos es demasiado dolorosa. «Mis conocidos han vuelto, mi madre también lo hizo. No es tan fácil», dice una de ellas, que afirma que «la guerra sigue como antes o peor. Y se está olvidando. Ojalá que se acabe esto».
Con ese deseo se concentraron este domingo por la mañana decenas de personas en el Boulevard donostiarra así como en el resto de capitales vascas para denunciar los «crímenes de guerra» tras cuatro años de invasión rusa.
«Este sitio ha sido como un milagro caído del cielo, en el centro de la ciudad y al lado de La Concha»
La ucraniana Svitlana Vynohradenko tenía una agenda llena de pacientes en su clínica de fisioterapia y osteopatía en el centro de Kiev y un nombre respetado por todo el país, pero todo aquello quedó suspendido la mañana en la que empezaron a sonar las sirenas.
Hoy, esta mujer de 54 años admira con cierto pesar los diplomas enmarcados que cubren por completo la pared del local donde ha levantado un centro de masaje, en Donostia.
Enumera cada logro uno a uno, intentando recordarse quién es. Porque es fácil perderse cuando te obligan a salir corriendo con lo puesto para salvar tu vida. Cuando comenzaron los bombardeos, Rosa apareció en su camino, como otros tantos centenares de guipuzcoanos que se movilizaron con el envío de ropa de abrigo, comida o medicamentos hasta quienes se lanzaron a la carretera para hacer llegar las toneladas de material donado con destino a la frontera con Polonia.
Esta donostiarra le ofreció un piso en Hernani donde poder empezar de nuevo junto a sus hijas. Svitlana aprendió español «poco a poco, gracias a los cursos de la Epa» y después de encadenar varios trabajos gracias al boca a boca y su extensa experiencia, acaba de abrir un modesto local en el Centro de Donostia. «Este sitio ha sido como un milagro caído del cielo, en el centro de la ciudad y al lado de La Concha. Antes trabajaba en una clínica en Bilbao y tenía mucha gente pero se me hacía muy duro ir y venir todos los días. Esto lo abrí hace cuatro meses más o menos y estoy intentando darlo a conocer», dice.
Nueva vida
«¿Volver? No lo sé, mis hijas van al cole y a la universidad aquí, están aprendiendo euskera y han hecho amigas»
Empezar de la nada no ha sido fácil. «En Ucrania tenía un nombre, sabían quién era y aquí es una desconocida», añade su amiga, que le acompaña durante la entrevista. No es cuestión de ego, sino de identidad, porque su trabajo era una parte muy importante de quién es.
Su gesto se entristece cuando se le pregunta por su familia. Echa de menos las conversaciones con sus seres queridos, las comidas familiares… Eran una familia feliz, gozaban de estabilidad económica, tenían un buen trabajo y una casa. «Mi cabeza está en Ucrania, cada día pienso en mi gente. Siempre intento sacar una sonrisa y tirar hacia adelante pero lloro cada día, cuatro años es mucho tiempo», admite. «En Kiev he dejado a mi hijo, se casó ahí y tienen un niño de un año, no lo conozco. No puedo hablar con mi familia porque están sin luz, tampoco tienen calefacción… lo están pasando mal. Mi madre vivía cerca de Rusia y lo bombardearon todo. Murió. Mucha gente se ha quedado sin casas, siguen los bombardeos, y se ha tenido que ir rejuntando con otras familias porque no tienen donde vivir», cuenta Svitlana. Por eso, cada vez que puede, colabora con el envío de cajas de ropa o comida «y una parte del dinero que gano es para Ucrania».
Familia
«En Kiev dejé a mi hijo, se casó ahí y tiene un niño de un año, no lo conozco. Ahora he conseguido reunirme con mi marido»
Su marido, ya en casa
Sin embargo, también hay momentos de luz y agradece toda la ayuda que Gipuzkoa le ha brindado todo este tiempo. «Me he sentido muy arropada por la gente de aquí, me han acogido y ayudado mucho». Además, ha conseguido reunirse con su marido, «es mayor y ha podido venir», desde Ucrania hace unos tres meses, un «alivio» que se refleja en su estado de ánimo, mucho más sereno.
En estos momentos, no tiene clara su intención de volver. Sus hijas han echado raíces en Donostia, «van al cole y a la universidad, están aprendiendo a hablar euskera. Yo también quiero aprender porque vivo aquí ahora. Me gusta la cultura vasca, es muy interesante», cuenta Svitlana, que suele participar en diferentes actividades que se organizan en la ciudad mientras intenta recomponer su vida.
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