Libertad para no ser sometidas como mujeres
Durante demasiado tiempo se ha querido disfrazar esta imposición como la libre elección de la mujeres conforme a sus creencias. Nada más lejos de la realidad
La Razón, , 23-02-2026Como
mujer de izquierdas y feminista
, no entiendo el debate de la
prohibición del burka y el niqab en espacios públicos. Ni desde el respeto a la
libertad religiosa
, ni desde la visión con
tintes racistas e islamofóbicos
que destilaba la proposición debatida en el
Congreso de los Diputados
a propuesta de
Vox.
Durante demasiado tiempo se ha querido disfrazar esta imposición como la
libre elección de las mujeres conforme a sus creencias religiosas.
Nada más lejos de la realidad. No existe precepto alguno en el Corán que obligue a las mujeres a
taparse el rostro e íntegramente el cuerpo. Los versículos que aluden a la modestia instan a cubrir el pecho y recatar la belleza, pero
todo lo demás han sido imposiciones extremistas
que buscan la
opresión y el sometimiento de la mujer
en el ámbito público y privado.
Quienes dudan en nombre de esa supuesta libertad religiosa deberían escuchar a las
mujeres iraníes y afganas
que se rebelan descubriendo su cabello en defensa de su libertad individual. Lo hacen sabiendo que puede costarles la vida. Las protestas tras el asesinato de
Masha Amini
y el lema
«mujer, vida, libertad»
evidenciaron hasta qué punto estas imposiciones se sostienen mediante
violencia y represión.
Como recuerda
Najat El Hachmi
, se ejerce
presión sobre las mujeres para ajustarse a normas que no han elegido libremente. Ella las denomina
«prisiones ambulantes». Y desmonta el marco de Vox cuando afirma que
«el problema no es de seguridad ni de convivencia; el problema lo tienen las mujeres que sufren esta violencia».
El rechazo en las Cortes a una iniciativa que no buscaba la
libertad ni la dignidad de las mujeres musulmanas
debería haberse acompañado de un
nuevo texto legislativo
impulsado por las fuerzas democráticas, en línea con
otros países europeos que ya lo han regulado.
Esta opresión
trasciende el hogar. Estudios universitarios europeos apuntan que el burka y el niqab generan
exclusión, aislamiento y pérdida de libertad. Hay testimonios de mujeres que relatan cómo
“eran borradas del mundo” e “invisibilizadas”
, y cómo recuperar el rostro supuso
recuperar su identidad, su educación y su capacidad de amar en libertad.
La defensa de la
Constitución y la libertad religiosa (artículo 16)
no impide reconocer que determinadas prácticas implican
subordinación y sumisión de las mujeres. Muchos sentimos la necesidad de denunciar que lo que pretendía la
extrema derecha
era
alimentar el miedo, el odio y la exclusión
, vinculando inmigración con inseguridad.
Por eso, cualquier
medida de prohibición
, en sintonía con países como
Francia, Dinamarca, Portugal o Bélgica
, debería ir acompañada de
políticas de apoyo educativo, formativo y espacios seguros de escucha. Un camino que combine
respeto cultural y no criminalización
, evitando nuevos estigmas.
La cuestión de fondo no es solo si la prenda debe ser legal o no, sino
por qué se impone y con qué fin. La libertad es para
ser y sentirse libre. Nunca debería utilizarse para
oprimir, someter o invisibilizar a una mujer. Cuando eso ocurre,
no es libertad; es la imposición de un régimen teocrático.
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