Sin presencia de burka y niqab en Gipuzkoa
La comunidad musulmana del territorio asegura que los casos en los que se usa la prenda para cubrir el rostro son residuales y sin impacto social
Diario Vasco, , 18-02-2026Gipuzkoa no tiene un problema social vinculado al uso del burka y del niqab, ya que el número de mujeres que lo utilizan es «prácticamente … inexistente», según reconocen representantes de la comunidad musulmana consultados por este periódico. No constan cifras oficiales, y las menciones que ocasionalmente han saltado a la opinión pública «son más bien un capítulo anecdótico», aseguran.
El debate en torno al uso de este tipo de prendas que cubren el rostro ha venido esta semana de la mano de Vox, que el martes presentó una iniciativa en el Congreso de los Diputados para prohibir el empleo del burka y el niqab en los espacios públicos. Una medida que no salió adelante y cuyo único apoyo vino del Partido Popular, al tiempo que grupos como Junts, PNV y Coalición Canaria compartieron la necesidad de abrir un periodo de reflexión pero denunciaron que el partido de ultraderecha utiliza el tema con tintes xenófobos.
Más allá del ruido político, en el territorio no se percibe mayor preocupación sobre esta cuestión. «Estamos hablando de prendas que hace unos años podían verse muy esporádicamente, pero que a día de hoy prácticamente han desaparecido», asegura Saad Malec, educador social y fundador de la Asociación Jatorkin Al – Nahda en Tolosa, dedicada a la integración del colectivo inmigrante magrebí. «Lo habitual hoy en día es el velo y el jimar, esa prenda con forma de capa que llega hasta la cintura pero que deja toda la cara al descubierto».
Malec nunca ha llegado a ver burkas. «Sí algún niqab estos años atrás. Había una mujer en Anoeta que lo llevaba, y otra que residía en Tolosa y que marchó a vivir a Toulouse». Se trata de «casos sueltos» de una tendencia observada a partir de 2013, «cuando se despertó entre algunas personas cierta simpatía hacia la causa de Siria», época en la que el Estado islámico tomó el control de áreas del país e impuso el uso obligatorio del niqab y del burka, algo que acabó reflejándose «muy tímidamente» en el territorio.
Tres años después de consolidarse el Estado islámico, las imágenes de mujeres quemando o quitándose el velo al ser liberadas por las fuerzas kurdas (SDF) evidenciaron el alivio tras salir de un régimen opresivo, «y probablemente aquí, en Gipuzkoa, también se dieron cuenta de que aquello no llevaba a ningún lado», reflexiona Malec.
Entretanto, las personas que profesan el islam en el territorio van en aumento y han pasado de 17.982 a 30.057 en un lustro. Casi un 70% más en apenas cinco años. Este incremento ha aupado al islamismo a convertirse en la primera religión minoritaria del territorio, aventajando a ortodoxos o evangélicos.
En los últimos diez años se han abierto once nuevas mezquitas en Gipuzkoa. Eibar tiene cuatro, y una de ellas es Arrahma, ubicada en la calle Jardiñeta. Fundada en 1982, es la primera que abrió sus puertas en Euskadi. El Maimoun Srassi es uno de los responsables del centro desde su apertura. Cuando se le pregunta sobre el debate abierto esta semana en torno al burka y el niqab, parece renegar, poniendo tierra de por medio ante el ruido de fondo. «La política no tiene nada que ver con la religión, y en este caso además estamos hablando de una estrategia para conseguir votos. Lo único que puedo decir es que incluso hoy en día hasta los países musulmanes están dejando de usar el burka», asegura Srassi.
Desde otros municipios como Irun señalan que en las escasas ocasiones en las que se ha visto alguna mujer usar este tipo de prendas cubriendo su rostro, por lo general, se trataba de personas con destino a Francia, donde la situación es bien distinta. De hecho, las cuestiones relacionadas con el velo y, de manera general, con cualquier prenda asociada al islam, forman parte del debate público en el país galo desde hace más de 30 años.
En octubre de 1989, la expulsión de tres alumnas de secundaria en la localidad de Creil por negarse a quitarse el velo en clase suscitó la primera gran secuencia de debates intelectuales, mediáticos y políticos. Hace solo unos meses, los líderes del partido conservador Los Republicanos, que en la última década no ha dejado de perder terreno frente a la extrema derecha lepenista, impulsaron en el Parlamento varias medidas para prohibir el velo, una situación que no se da en Gipuzkoa.
«Aquí el uso del velo está muy asentado, mis hijas lo utilizan para taparse el pelo. Han nacido aquí, y sus hijas también lo utilizan. Estamos hablando ya de tres generaciones de personas que con toda naturalidad hacen uso de la prenda, y que hablan euskera», confiesa Srassi.
El responsable de la Mezquita Arrahma lamenta la dinámica de los partidos políticos «que siempre parecen buscar fallos en los demás y quieren manchar nuestra cultura. Ante ello el Islam nos recuerda que hay que centrarse en nuestros propios errores. A ese respecto, en Gipuzkoa no hay ningún debate en torno a esta cuestión. He conocido algún caso de uso de burka en ciudades como Barcelona o Sevilla, pero de manera muy puntual y, curiosamente, se trataba de españolas convertidas al islam».
La iniciativa defendida por la diputada de Vox Blanca Armario llegó a definir el martes el burka como una «mazmorra textil», y el velo integral como una «práctica incompatible con los valores fundamentales de Europa». Desde la tribuna, enmarcó la propuesta en una ofensiva más amplia contra lo que calificó como «inmigración masiva» procedente de países islámicos.
El PNV votó en contra de la propuesta presentada por la formación ultraderechista pero abrió la puerta a mantener un debate sobre esta cuestión.
La formación jeltzale considera que las «contradicciones históricas» en torno a este tema merecen un debate «sereno, riguroso y plural, sin sesgos ideológicos ni apriorismos de ningún tipo, que permita valorar las distintas perspectivas, así como su impacto y oportunidad en el contexto social actual».
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