Radiografía de las familias vascas: Euskadi tiene solo 16 menores por cada 100 habitantes y el 22% son de origen extranjero

La crisis demográfica se agudiza: solo una de cada dos familias tiene hijos y se disparan los hogares monoparentales

Diario Vasco, Eva Molano, 17-02-2026

El Gobierno Vasco aprobará este martes el quinto plan de familias, infancia y adolescencia, que regirá las políticas del Ejecutivo durante los próximos cuatro años. … En un contexto de grave crisis demográfica, recoge 17 medidas para fomentar la natalidad, la conciliación, garantizar unos recursos mínimos a los menores, reducir las desigualdades en salud y educación y abordar precozmente la violencia hacia la infancia. La iniciativa trata de responder a un momento crítico: Euskadi se enfrenta a un reto mayúsculo porque hay la mitad de niños que hace cuarenta años, las personas que viven solas se han disparado un 90% en poco más de dos décadas y las parejas sin hijos han crecido casi un 50%. Mientras, los hogares monoparentales y reconstituidos están al alza. Esta es la radiografía de cómo somos en este momento concreto.

Euskadi, con una de las esperanzas de vida más elevadas del mundo, vive una crisis de natalidad sin precedentes. La pirámide poblacional dejó hace tiempo de tener esa forma triangular. Algo que las instituciones achacan, entre otros factores, al retraso en la emancipación. La edad media de abandonar el hogar familiar en Euskadi es a los 29,8 años, tres y medio más que la media europea. De hecho, el 30% de los vascos de entre 25 y 34 años no puede independizarse por la precaridad salarial y las dificultades de acceso a una vivienda. Ello lleva a una primera maternidad muy tardía. Se sitúa en los 33,4 años en madres autóctonas y en 28,7 años en las de origen extranjero. Esto influye en la tasa de fecundidad: la vasca es una de las más bajas del mundo, de 1,15 hijos por mujer. Así no se garantiza la reposición de población. La diferencia entre defunciones y nacimientos es cada vez mayor. En 2023 nacieron un 30% menos bebés que diez años antes. Al año siguiente, fue aún peor. Hubo 12.937 partos, el número más bajo desde 1975.

Total, que la población menor de edad residente en Euskadi se está reduciendo a mínimos. El colectivo ha pasado del 21% al 16% del censo desde 1981, hasta los 346.160 menores. Y se espera que en cinco años solo sea el 14% de la población. Casi la mitad viven, además, en las tres capitales vascas, Getxo, Barakaldo e Irún. La foto de la infancia es, además, mucho más diversa en clase, origen, orientación sexual, religión o discapacidad. Y sufre un mayor riesgo de vulnerabilidad porque cada vez hay más niños de origen migrante y de familias monoparentales lideradas por mujeres, colectivos más expuestos al paro y a la precaridad.

También ha cambiado la estructura de las familias. Hay más pero más pequeñas. Los hogares unipersonales (el 31% del total) y las parejas sin hijos se han disparado. Ahora solo hay 390.411 familias con hijos. Las monoparentales alcanzan las 101.050, el 10.8% del total. Han crecido un 20% en cuatro años –hay unas 17.000 más– y se duplican las derivadas de divorcios y separaciones. Ocho de cada diez están encabezadas por mujeres, principales receptoras de las custodias en los procesos de ruptura.

Una de cada cinco familias con prole dependiente es monoparental y una de cada cuatro de éstas es de origen migrante, por lo que sufren una doble desventaja y riesgo de segregación residencial y escolar. En general, las familias monoparenatales señalan el doble de fracaso escolar –6,8%– que el resto. También crecen los hogares reconstituidos, formados por personas con hijos que se divorcian y forman una nueva familia.

La escolarización llega al 99% a los 16 años. Pero los alumnos con necesidades especiales se han disparado –hasta los 23.833 en el curso 2021/22– así como los diagnósticos de discapacidad: en 2023 había 5.677 menores con un grado igual o superior al 33%. Estos y quienes pertenecen a familias de origen extranjero, presentan «un mayor riesgo de vulnerabilidad en el ámbito educativo». Los menores con problemas de salud mental también constituyen un colectivo creciente y presentan «diferencias en función del origen o la renta familiar».

La prevalencia de síntomas de ansiedad y depresión crece hasta el 27% en las chicas y el 12% en los chicos, y un tercio de los menores que viven en hogares vulnerables presentan problemas graves de alimentación. También ha habido un récord de notificaciones de desprotección infantil recibidas por las diputaciones; 2.581 en 2023. Un 25% más en una década. Y se calcula que el 17,5% del alumnado de Secundaria sufre acoso escolar.

Un tercio de la población que trabaja tiene dificultades para compaginar el empleo con la paternidad de menores de 15. Las mujeres dedican más tiempo a los cuidados e interrumpen en mayor medida su actividad laboral. Una de cada cuatro considera que la maternidad le ha perjudicado o le podría perjudicar en su carrera. Además, el diagnóstico cita estudios que demuestran que «persiste la penalización que la maternidad supone en cuanto a la remuneración y la trayectoria de las mujeres que deciden ser madres, que no se produce en el caso de los hombres».

Tener hijos agrava el riesgo de pobreza, especialmente para los colectivos vulnerables. Aumenta la probabilidad de sufrir penalidades económicas, más aún en el caso de las personas que ya están en desventaja. El diagnóstico realizado para enfocar las futuras políticas de familia apunta que «tener hijos puede suponer un factor de riesgo para las familias con menos recursos». Para muestra, un botón. El coste de la crianza, según un informe de Save the Children, ha aumentado en Euskadi hasta los 866 euros mensuales por hijo en 2024, un incremento del 13% respecto a 2022 debido a la inflación en los suministros del hogar y los alimentos. Según este análisis, el desembolso varía en función de la edad del pequeño. Criar a un niño de hasta 3 años cuesta 674 euros al mes. La cantidad se va elevando con la edad del menor hasta alcanzar su máximo, 925 euros mensuales, partir de la adolescencia. El estudio de Save the Children incluye en esas cantidades partidas como alimentación, vivienda, educación y transporte.

Todo, en un contexto en el que el acceso a la vivienda se encarece sin remedio. La Encuesta de Familias y Hogares revela que el 16% tenía problemas graves de alojamiento en 2023. El porcentaje se duplica en el caso de las familias monoparentales con hijos dependientes.

Y aunque 7 de cada 10 menores se están criando en condiciones de «bienestar» y la pobreza se ha reducido al 7,4%, las tasas de escasez son siempre superiores para los niños que para el conjunto de la población. Además, favorecer que los hijos de entornos vulnerables puedan construir futuros con autonomía financiera es un reto mayúsculo. El diagnóstico realizado para el diseño de las políticas de infancia del Gobierno vasco pone de manifiesto «las crecientes dificultades para la movilidad social ascendente» por la reproducción intergeneracional de la pobreza. Siguen existiendo más posibilidades de ser pobre cuando se han carecido de recursos siendo menor. Hay asimismo un «amplio deseo de paternidad entre la población joven», y también entre parejas con hijos, que siempre queda postergado por falta de recursos económicos, de una vivienda digna y por problemas de conciliación.

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