Soledad estratégica

Europa necesita ya la máxima unidad para avanzar en su autonomía defensiva sin plegarse al dictado de Trump ni dejar caer a Ucrania

Diario Vasco, Editorial DV, 16-02-2026

No merece la pena perder tiempo en comparar las intervenciones de Marco Rubio y J. D. Vance en la Conferencia de Múnich. El tono amistoso … que eligió el sábado el secretario de Estado de Donald Trump, frente a la acritud del vicepresidente hace un año, se esgrime para explicar ahora una ovación en pie que solo puede justificarse desde la ingenuidad o la falta de comprensión de la situación en que la beligerancia de Estados Unidos coloca a sus socios en la OTAN.

Las pretendidas aspiraciones presidenciales de Rubio en 2028 lo invitarían a mostrarse amigable, sin renunciar a sermonear a Europa, doce meses después, con su censura de la apuesta del continente por el comercio sin trabas y la presencia en las organizaciones internacionales, junto al desprecio por el compromiso contra la crisis climática o la consideración de amenaza existencial de «la ola migratoria masiva sin precedentes». Difícilmente se puede hablar de «valores compartidos» entre ambas orillas del Atlántico cuando Washington impulsa una visión imperial cuya única norma es la fuerza. Ni fingir preocupación por el futuro del Viejo Continente a la vez que se muestra apoyo explícito a formaciones antidemocráticas que se sirven de la comunicación tóxica para ganar apoyos con el objetivo último de minar desde dentro el proyecto comunitario. En la capital bávara, Rubio se reunió con el canciller alemán pero eludió un encuentro previsto con dirigentes de otros países europeos. Hoy verá en Budapest a Viktor Orbán, que recibe reiterados mensajes de apoyo de la Casa Blanca ante sus cruciales elecciones de mayo.

La urgencia para afrontar la soledad estratégica de Europa es la misma después de la cita de Múnich, y exige la máxima unidad posible para avanzar en la autonomía defensiva. La inmensa mayoría de los Veintisiete coinciden en reforzar las capacidades presupuestarias y militares, pero en ocasiones desde posiciones de debilidad interna que pueden invitar a la propaganda. Es el caso de Pedro Sánchez y su apresurado rechazo al rearme nuclear; o de Emmanuel Macron al ofrecerse a compartir un escudo atómico que en un año puede estar en manos de la ultraderecha. El desafío inmediato para los europeos es la prisa de Trump por dejar caer a Ucrania en su objetivo de entendimiento económico con Rusia. Los europeos no pueden quedar al margen de la negociación que se retoma mañana y pasado en Ginebra.

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