Crítica Literaria
‘El nombre en el muro’: hay que tomarse en serio a los nazis
El País, , 13-02-2026Unos años atrás, en algún momento de un estremecedor 2020 que iba a cambiarlo todo, Hervé Le Tellier descubrió que alguien había escrito un nombre en el muro exterior de su nueva casa, en la aldea de La Paillette, al sur de Francia; cuando poco después descubrió que ese nombre se repetía en el monumento a los hijos de la localidad “muertos por la patria”, Le Tellier (París, 1957) se dijo que tenía una historia entre manos y que nada quería más que contarla.Esa historia es la de André Chaix, un joven aprendiz industrial de La Paillette que se unió a la Resistencia francesa, luchó en La Drôme y murió allí en un ataque alemán el 23 de agosto de 1944 a los 20 años, 2 meses y 30 días. Para narrarla, Le Tellier —que es escritor, matemático y crítico literario, además de editor de Raymond Queneau y de Georges Perec y miembro del extraordinario taller de experimentación literaria que conocemos con el nombre de OuLiPo— se apoyó en fotografías, documentos procedentes de los archivos de la Asociación Nacional de Antiguos Combatientes, bibliografía especializada sobre la Resistencia en La Drôme y testimonios de los familiares de Chaix que aún viven en el área; también se valió de un porcentaje razonable de especulación, pero, como afirma, le “habría parecido obsceno inventar nada”.El nombre en el muronarra, pues, una historia real, y su propósito es contarla lo mejor posible, así como expresar un descontento y una irritación viscerales, pero —en última instancia— bastante corrientes, ante el estado de cosas. “Viendo cómo va el mundo, no tengo duda de que hay que seguir hablando de la Ocupación, del colaboracionismo y del fascismo, del racismo y del rechazo del otro hasta su aniquilación. De ahí que no haya querido que este libro evite al monstruo contra el cual luchó André Chaix, que haya optado por dar voz a los ideales por los que murió y por cuestionarme nuestra naturaleza profunda, ese deseo de pertenecer a algo más grande que nosotros que conduce a lo mejor y a lo peor”, sostiene.Digresivo y desconcertantemente ligero, didáctico, inobjetable en su cuestionamiento de las complicidades pasadas y presentes con el fascismo y el odio al otro, Le Tellier es mejor cuando narra la vida de su protagonista. Pero esa vida fue breve y los libros son largos, y El nombre en el muro —y con él, su autor— se pierde muy pronto en extensas reflexiones sobre la responsabilidad alemana en los crímenes del nazismo; una “desnazificación” de posguerra que, tanto en Alemania como en Francia, fue deliberadamente mal hecha; las continuidades entre el colaboracionismo francés y el Rassemblement National de Jean – Marie y Marine Le Pen; los experimentos sociológicos en torno a la obediencia del tipo “tercera ola”; las artes escénicas en París durante la Ocupación; la solidaridad y la desobediencia de los habitantes de Dieulefit durante la guerra; la historia de la 11ª Panzerdivision alemana, etcétera.Nada en El nombre en el muro está fuera de lugar, aunque como pasaba con La anomalía —el libro que lanzó a Le Tellier al estrellato en 2021— uno se pregunte cómo alguien que es parte de un grupo de experimentación literaria puede conformarse con una escritura tan poco arriesgada. Uno se pregunta, también, si no se encuentra ante un libro concebido para un uso escolar: todas sus ideas son buenas, pero uno ya las ha leído muchas veces y, a menudo, mejor expresadas por otros. De hecho, las conclusiones de su autor —“Hay que tomarse en serio a los nazis, y también sus delirios”, “La vida, como las películas en blanco y negro, está llena de grises”, “El destino es una enorme broma, por no decir una estafa”, etcétera— y su escaso peso terminan pesando más, paradójicamente, que el homenaje a un puñado de hombres y mujeres que salvaron la humanidad, que este libro también es.
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