El escritor estrella que cabrea a los periodistas y cuestiona cómo nos cuentan la historia: "Los europeos decidieron que era lícito explorar el mundo y saquearlo"

Ta-Nehisi Coates expone en ‘El mensaje’ una nueva reflexión sobre la raza, la identidad y la política que genera gran controversia en EEUU, especialmente por su crítica a la hegemonía informativa de la visión israelí en el conflicto palestino

El Mundo, Jorge Benitez, 12-02-2026

Hace 10 años a Ta-Nehisi Coates se le proclamó como la voz de los Estados Unidos negros, el heredero de James Baldwin y estrella polar de un periodismo fresco y comprometido. Todo fue gracias a un libro de menos de 200 páginas, titulado Entre el mundo y yo (Seix Barral), que fue aplaudido por la crítica como un aullido literario contra el racismo en el que cuestionaba no sólo la historia de su país, sino su calidad democrática.

Coates tomaba el relevo nacional de los intelectuales y políticos que lucharon el siglo pasado contra la discriminación que sufría la negritud. Criticó, cuando nadie lo hacía en el seno de la izquierda, al gran símbolo racial de este siglo: Barack Obama. Llegando incluso a acusar al que fue presidente de EEUU de usar en sus discursos un doble lenguaje populachero que iba variando en función de la audiencia: más apasionado y duro si el público era negro y más conciliador si éste era blanco.

Tras este Yo acuso yanqui previo a la era huracanada de Donald Trump, este periodista nacido en Baltimore hace 50 años se convirtió en un icono pop del pensamiento crítico. Sus artículos eran codiciados por las más prestigiosas publicaciones, sus cursos de escritura suponían una peregrinación de aspirantes a literatos y su lenguaje, atractivo tanto para los académicos como para el público joven, llamó la atención del imperio Marvel Comics. Coates, la gran esperanza negra, fue contratado para guionizar aventuras tanto de Black Panther, el príncipe africano de la rica y ultra tecnológica Wakanda, como del superhéroe por antonomasia de su país: el Capitán América.

Pero 2016 no es 2026. Muchas cosas han cambiado. Su discurso punzante y bandolero siempre de gran calidad literaria ha sido contestado en foros que antes sólo lo recibían con el halago. Este cambio de recepción lo ha provocado la publicación de su nuevo libro, El mensaje, que edita en España Capitán Swing.

En esta obra, Coates relata tres viajes por tres territorios Senegal, el Sur de EEUU y Palestina en los que describe la tragedia que crece en el choque entre las historias que contamos y la realidad en el terreno que se pisa.

«Quizá la guerra se esté librando en la calle, pero nunca podría ganarse allí, pues, en última instancia, lo que combatían era la palabra», escribe casi a modo de manifiesto. Para él, las luchas políticas y morales se deciden siempre en el terreno del lenguaje y de las historias que contamos.

«Mi libro ha generado mucha polémica en Estados Unidos», reconoce Coates por videoconferencia. «Pero los hechos son los hechos».

Se refiere especialmente a la parte del libro dedicada a Palestina. Sin duda, la más polémica. Denuncia en ella una falta de ecuanimidad informativa a la hora de abordar el conflicto. «Son muy pocos o quizás ninguno los medios de comunicación estadounidenses que tienen a palestinos trabajando en sus oficinas de Tel Aviv y Jerusalén cubriendo Cisjordania», dice Coates. «Eso es un hecho. Puede que no pienses que sea importante, pero sí lo es. ¿Por qué? Porque no hay nadie que cuente lo que le pasa a la mitad de la población involucrada en el problema».
Considera el escritor que lo sucedido en esta zona del mundo supera en crueldad planificada a las leyes racistas de Jim Crown (la discriminación en los estados del Sur en EEUU vigentes desde el siglo XIX hasta los años 60), al colonialismo y al apartheid sudafricano.

Un juicio que no ha gustado a muchos. El papel de Israel causa una enorme polarización en EEUU, tanto en el área más conservadora del partido Republicano que aglutina dos facciones en guerra civil como son los defensores del Israel más belicoso y los antisemitas como en la izquierda, que aglutina mucho voto judío pero también un voto joven cada vez más propalestino. En una entrevista en la CBS, Coates fue acusado por el entrevistador de «extremista» y de «ofender al pueblo judío». Los directivos de la cadena decidieron retirarla por «no cumplir con los estándares editoriales» de este canal de televisión.

Así justifica el autor su acusación sobre la política hebrea desde hace décadas: «No es sólo que la Policía dispare contra tu hijo, aunque también sea eso. No es solo un proyecto carcelario racista, aunque también sea eso. Y no es solo la desigualdad ante la ley, aunque eso estuviera por todas partes. Es el propósito al que responden todos esos recursos: el expolio de tu casa, un expolio tanto cercano como perpetuo».

En El mensaje da la sensación de que la segregación cultural y emocional que describe Coates en El baile del agua, su novela ambientada en las plantaciones de esclavos de Virginia, se hubiera colado en los checkpoints israelíes.

«En Cisjordania descubrí que había carreteras separadas y matrículas separadas», dice recordando su experiencia en Oriente Próximo hay que decir que su viaje duró sólo 10 días, una de las razones por la que sus críticos le acusan de tener una visión simplista. «Los palestinos son seres desiguales. Incluso la asignación del agua no funciona igual para un colono judío en un asentamiento que para un gazatí».

¿Cree que el miedo a las redadas del ICE que viven tantos hispanos en EEUU acerca la comunidad latina a la negra, que conoce desde mucho antes la violencia policial y el desarraigo institucional?
Ojalá. Me encantaría. Lo que sucede es que la gran mayoría de las personas que llegan a EEUU como inmigrantes huyen de una situación que es mucho peor en sus lugares de origen. Para ellos EEUU es la tierra prometida, mientras que para los estadounidenses negros, EEUU es su hogar. Un hogar donde han sucedido cosas terribles, que es un territorio en disputa.P. ¿Qué impacto moral ve en lo que está sucediendo en su país?
¿Qué impacto moral ve en lo que está sucediendo en su país?
De repente hay personas que apoyaron a Trump que se están dando cuenta de que no son inmunes. Esto puede trasmitir algo de sabiduría.
En su viaje por el sur de EEUU, usted se encontró con una resistencia acérrima de ciudadanos que no aceptan que se prohíban libros considerados subversivos, algo que ha sucedido incluso con algún libro suyo.
Descubrí esa resistencia en lugares que eran muy trumpistas, pero en los que la población fue capaz de contraatacar ante algo que consideraban nocivo. No hablo de gente necesariamente negra. Lo vi en una escuela de mayoría blanca en la que profesores y padres de alumnos se rebelaban contra la censura. Fue una experiencia hermosa.
En su viaje a Senegal, Coates visita la isla de Gorra, epicentro del comercio de esclavos africanos en el siglo XVIII, y pasa por la célebre Puerta de No Retorno, lugar emblemático cuyo paso es un acto de peregrinación para la diáspora africana que hay por el mundo por culpa de las cadenas.

«Para un tema tan grandioso como el de la esclavitud, se tuvo que elaborar una teoría», explica Coates. «Producir una serie de garantías, todas ellas arraigadas en una afirmación: el africano es inferior».

Menciona el tema de las reparaciones. Desde el sufrimiento provocado por la esclavitud perpetrada en África hasta la vida actual de una parte de la población, la negra, que sigue siendo mucho más pobre que la blanca en su país. Un discurso que a lo largo de una década ha ido apuntalando no sólo con palabras, sino con cifras. Doscientos cincuenta años de esclavitud. Cien años de segregación racial. Ochenta años de «separados pero iguales». Cuarenta años de políticas de viviendas que considera racistas. Para Coates, Estados Unidos no será un país pleno y completo hasta que afronte sus «deudas morales».

«La esencia de este problema es que los países europeos decidieron que tenían derecho a salir al mundo y saquearlo y eso ha generado problemas hasta el día de hoy. Los más agudos se ven en África, pero también están presentes en toda América, en Australia y Oriente Medio. Nunca lo superamos».

Este es el mensaje de Coates, un recordatorio de responsabilidades que juega a ser un diario, un libro de viajes y un puñetazo lanzado desde un púlpito.

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