Sanchismo fariseo
Piden «frenar a los ultras» haciendo lo contrario de lo que predican
La Razón, , 09-02-2026Si Sánchez se creyera de verdad su discurso sobre que «hay que frenar a la ultraderecha», haría en Aragón lo que de ninguna manera está dispuesto a hacer: abstenerse en la investidura de Azcón. También debería implementarlo en Extremadura, e incluso en aquellos otros Parlamentos donde el PP ganó, pero necesita a Abascal para gobernar. Se trataría, sin más, de activar la vieja teoría de que debe dejarse gobernar al candidato de la lista más votada, algo parecido a lo que sucede de facto en los Ayuntamientos cuando hay bloqueo. Lo que aplicaría igual en las Cortes Generales, de manera que, siendo así, ahora debería estar gobernando Feijóo en vez de Sánchez, apoyándose puntualmente en aquellas fuerzas con las que tuviera opción de hacerlo en cada momento. También al revés, lógicamente. Es decir, si el más votado es un candidato del PSOE o de otro partido, se ha de sobrepasar el bloqueo dejando en última instancia que salga quien mejor resultado cosechó. La realidad nos dice que esto nunca será posible si no se regula por ley, como sucede en las municipales o en el País Vasco, por cierto. Decisiones sabias que evitarían estas situaciones incomprensibles en las que el voto a los que pierden a veces vale más que el que reciben los que han ganado.
Nada de eso va a ocurrir, básicamente porque no quiere Sánchez. Feijóo se lo propuso en las anteriores generales y el socialista miró para otro lado. Prefiere cebarse en su discurso fariseo de «hay que hacer cualquier cosa para frenar a la ultraderecha». No hace falta cualquier cosa. Simplemente debe abstenerse para evitar que el PP pacte con Vox. En lugar de eso, va a seguir agitando estérilmente a un fantasma que le está empezando a devorar. El partido de Abascal sube, pero no solo a costa del PP, sino sobre todo arrebatando escaños al PSOE. Luego algo estará haciendo mal nuestro timonel para que sus antiguos votantes, o buena parte de ellos al menos, prefieran unirse al «monstruo» que él ha contribuido a crear. Habla tanto de Vox, que está logrando que miles de sus electores crean más en la doctrina de Santiago que en la de Pedro. O tal vez sea que son sus políticas las que yerran, fomentando la inmigración masiva e ilegal, destruyendo la agricultura, imponiendo el alarmismo climático, censurando a los discrepantes en las redes y alimentando políticas de género que la mayoría de los ciudadanos rechazan.
Existe la tendencia a explicar el voto a Vox en términos de franquismo, fascismo, nazismo y ultraderecha. El cambio experimentado en ese partido va justamente en separarse de tales planteamientos, originales en algunos de sus dirigentes purgados, para situarse más en línea con el trumpismo, haciendo gala de planteamientos contra la izquierda y la derecha globalistas, transformando la crítica a la agenda 2030 en su eje vertebrador. Ese discurso cala, no porque Abascal sea un personaje políticamente atractivo, sino porque la realidad palpable es que hay de verdad un sentimiento de protesta en muchos de nuestros barrios contra las políticas woke enarboladas por Pedro Sánchez, a las que en ocasiones también se ha sumado el PP.
Si unos y otros persisten en no querer ver lo que está ocurriendo, el resultado previsible será que Vox seguirá subiendo.
(Puede haber caducado)