Ibilki, una iniciativa de inclusión montañera y compañerismo que ha hecho cordada con Palestina

Para Ibilki, no hay ningún obstáculo que impida a nadie disfrutar de la montaña. Trabajando con personas con discapacidad física, sensorial e intelectual desde 2015, su actividad incluye expediciones en varios países diferentes. La última, en Jordania junto a refugiados palestinos.

Gara, Natxo Matxin , 09-02-2026

Las ascensiones montañeras suelen estar asociadas generalmente a algo dificultoso, incluso con su correspondiente tono épico, pero para el club Ibilki, de Getxo, este tipo de experiencias se enfocan más bien desde un punto de vista convivencial y, sobre todo, priorizando el apartado de la accesibilidad, ya que en sus salidas participan personas con discapacidad física, sensorial e intelectual.

Su presidente, Christian Rodríguez, guatemalteco de origen pero afincado en Bizkaia desde 2009, se ha especializado como guía profesional que colabora habitualmente con asociaciones y ONGs de diferente tipo para acercar la montaña, incluso organizando expediciones a otros países e impartiendo conferencias sobre experiencias llevadas a cabo con invidentes, mutilados, enfermos mentales o personas con Síndrome de Down.

Todo empezó de manera espontánea y obligada por unas circunstancias brutales, coincidiendo con la interminable guerra civil de Guatemala que se libró entre 1960 y 1997. Para intentar escapar de dicho conflicto bélico, Rodríguez y su cuadrilla de amigos solían realizar durante días escapadas montañeras, la mayor parte de las veces nocturnas y sorteando a los grupos militares de uno y otro bando.

«Conocimos a una persona que había perdido una pierna al pisar una mina antipersona y que quería incorporarse al grupo de salidas. Entre todos, le echamos una mano para que lo pudiera realizar hasta que aprendió su propia técnica. No fue algo planificado, ni pensado, ni siquiera nos planteamos que aquello pudiera ser un proyecto inclusivo», relata Rodríguez a NAIZ.

Pero aquella inesperada experiencia iniciada en los años noventa del siglo pasado fue ganando peso, hasta el punto de que convertirse en actividades organizadas con cierta periodicidad. «Llevábamos a cabo ascensiones a montañas de 4.000 metros con personas en sillas de ruedas y hasta una veintena de personas ciegas, que formaban varios trenecitos siguiendo a los guías. Era toda una paliza y algo complicado, pero comprobamos que se podía hacer», recuerda.

Tras llegar a tierras vascas, continuó con esta misma labor, primero colaborando con ONGs locales que tenían proyectos en Guatemala, a las que planteó la posibilidad de materializar esas peculiares actividades montañeras y, más tarde, a través del club Ibilki, fundado en 2015 y bajo cuyo paraguas se han ido tejiendo diversos lazos de unión con organizaciones que engloban a personas con discapacidades físicas y psíquicas, a las que acercan el mundo de la montaña.

ONCE, Fundación Síndrome Dawn del País Vasco, Mujeres con Voz, Azeri Natura o Federación Plataforma de Inmigrantes de Getxo son solo algunos ejemplos de una larga lista colaborativa que se ha ido ampliando a medida que se ha expandido una filosofía que pretende «desdramatizar el tema de la discapacidad y que no se vea la montaña como algo inasequible y épico, potenciando más el tema de la convivencia, la amistad y la interrelación en el grupo», defiende.

«También fomentamos la inclusión de migrantes que acaban de llegar y personas que se encuentran en situación de calle. Nos ayudamos los unos a los otros. Personas con Síndrome de Down guían a invidentes, invidentes que acompañan a migrantes y migrantes que empujan sillas de ruedas. Se trata de que impere lo colaborativo», argumenta Rodríguez.

Aunque pueda parecer increíble, se llevan a cabo salidas de espeleología por Cantabria gracias a la Fundación de Espeleosocorro Cántabro, «descendiendo personas en sillas de ruedas a las cuevas» y también marchas montañeras, especialmente por la cara pirenaica del Estado francés. «En esas zonas está permitido pernoctar en vivac, algo que les parece de lo más natural a quienes se encuentran en situación de calle», expone.

Expediciones por varios continentes

Ibilki, que es un club abierto a todas las personas por igual y tiene experiencia en actividades de senderismo, montaña, espeleología y escalada, tiene un amplio currículum pese a su juventud como entidad, con expediciones en contexto de cooperación internacional –«conducimos y cocinamos, no dependemos de empresas»– a regiones de Guatemala, Argentina, Marruecos, Irlanda y Armenia, entre otros.

Su última experiencia internacional tuvo lugar a mediados de este pasado enero en Jordania. Invitado por las Conferencias Internacionales sobre Discapacidad e Integración Social (ICDSI-26), celebradas en la ciudad de Zarqa, Rodríguez fue el encargado de impartir la charla “Mountains & wild nature for all” –elegida como la mejor ponencia–, un viaje que fue la mejor excusa para llevar a cabo varias jornadas de escalada.

Acompañado de otros tres integrantes del club, entre ellos Ribouane Chakouch, invidente, dispusieron de tres días montañeros, tras contactar con el mediático guía Jarah Alhawamdeh –amputado de una pierna tras padecer cáncer– y el escalador Hosni Khattab, ambos refugiados palestinos y miembros de Climbing for Palestine.

Para empezar, junto a un grupo de niños palestinos refugiados, disfrutaron del Climbat Amman, un rocódromo que cuenta con las paredes artificiales de escalada más altas de todo Medio Oriente. Al día siguiente, se desplazaron a los acantilados de Taamreh, para escalar varias vías en un entorno natural. La presencia de Chakouch, marroquí afincado en Euskal Herria desde hace un cuarto de siglo, facilitó la convivencia, especialmente en el aspecto idiomático.

A ello se le sumó que los guías locales «no nos veían como clientes, sino amigos. La convivencia fue muy cercana y a ellos les llamaba mucho la atención el grupo tan diverso que formábamos. Normalmente, suelen trabajar con escaladores norteamericanos», explica Rodríguez, que es también encargado de la sección de inclusión en la Federación Vasca de Montaña.

Como anécdota de esa buena conexión existente, los expedicionarios vascos pudieron degustar comida típica de la zona y también otras delicias líquidas. «Además del te bereber y café, el hecho de que Jarah hubiera coronado algunos montes de Sudamérica nos permitió saborear el mate», un ejemplo de mixtura que reflejó bien a las claras el buen rollo que hubo.

Como colofón, visitaron el lugar más bajo del país –Mar Muerto– para posteriormente ascender a la montaña más alta del país, Jabal Umm al Dami, ubicada en la zona sur del país, junto al desierto de Wadi Rum, con una altitud de 1.854 metros. Una ascensión un tanto peculiar, ya que «la complicada situación política de la región provocó que estuviésemos solos», lo que aportó una dosis añadida de aventura.

Además, contaron con una ayuda especial. Tras tomar la decisión de acometer la subida pese a la inestabilidad en la zona, fue un guarda medioambiental –el área natural está protegida– «el que nos acogió en su casa pues llegamos a las once de la noche y nos acercó hasta la falda del monte». Hubo final feliz en una «exploración montañera como las de antes».

Y un chute añadido de adrenalina que, junto al hecho de que cada vez hay más participación en las actividades programadas, anima a la continuidad en su labor de Ibilki, un club de montaña especial en el que nadie se queda al margen de poder vivir experiencias singulares, independientemente de sus discapacidades físicas o mentales.

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