Mujeres, inmigrantes y mayores de 40 años, el perfil más común del parado en Gipuzkoa
Pese a que el territorio ostenta el pleno empleo, continúa habiendo una serie de colectivos con dificultades para acceder al mercado laboral
Diario Vasco, , 08-02-2026La tasa de paro del 6% sitúa a Gipuzkoa cerca del pleno empleo técnico, pero ese indicador oculta un desajuste entre la oferta de trabajo … disponible y los perfiles de una parte de la población activa. Más que un problema coyuntural, el paro de los colectivos más vulnerables refleja las costuras de un mercado laboral muy eficiente para unos perfiles, pero excluyente para otros. Gipuzkoa genera empleo, aunque no siempre crea oportunidades para todos.
¿Pero quiénes son las personas que tienen más dificultades para conseguir un puesto de trabajo? Fuentes consultadas por DV lo tienen claro. Se trata de las mujeres, de mediada edad en adelante, con formación básica y extranjeras. Sí, el paro en Gipuzkoa sigue teniendo un rostro definido. Sobre todo, femenino.
Así lo explica Patxi Arrazola, responsable de la agencia de desarrollo de Oarsoaldea. «Actualmente hay 28.609 personas inscritas como demandantes de empleo en Gipuzkoa, según datos de Lanbide, y el primer rasgo que destaco es el género. Está claro que el desempleo tiene cara de mujer. La tasa de paro femenina alcanza el 9,2%, frente a un porcentaje inferior de los hombres, de un 6% en Lanbide o de un 3,5% con los datos de la Encuesta de Población Activa». Una brecha que se mantiene incluso en un contexto de crecimiento económico.
Otro dato clave es la duración del desempleo. Casi la mitad de las personas paradas en el territorio lo son de larga duración. «El 44,7% de las personas desempleadas son personas paradas de larga duración», subraya. Se trata de personas que llevan más de un año sin trabajar, un factor que multiplica las dificultades de reincorporación al mercado laboral y que preocupa a quienes trabajan en políticas de empleo.
El origen también es determinante. Aunque la población extranjera representa alrededor del 14% de la población guipuzcoana, el 20% de las personas desempleadas son de origen extranjero. «Vemos también que el tema del origen tiene su importancia», apunta Arrazola, que añade que algunos colectivos, como las personas de origen magrebí, encuentran aún más obstáculos.
La edad es otro de los grandes factores de exclusión. Más de la mitad de las personas desempleadas –el 54,7%– tiene 45 años o más. «Aquí nos encontramos con la problemática del edadismo», señala. Personas con experiencia, trayectoria y cultura del trabajo que, una vez pierden su empleo, «tienen muchísimas más dificultades para encontrar trabajo», pese a que su perfil podría ser valioso para muchas empresas. Frente a ello, los jóvenes menores de 25 años, en su mayoría alumnos e inactivos –el gráfico sólo recoge aquella minoría que no estudia–, apenas representan el 9% del paro.
El nivel de estudios completa el retrato. Más de la mitad de las personas desempleadas, el 51,8%, cuenta únicamente con estudios obligatorios. «Vemos que el desempleo tiene una relación directa con el nivel de cualificación», resume Arrazola. Solo un 12,2% de los parados tiene estudios universitarios, mientras que la formación profesional concentra cerca del 28%.
Más allá de los datos, el responsable de Oarsoaldea pone el foco en las dificultades cotidianas que cronifican estas situaciones: problemas de conciliación y cuidados, falta de transporte a polígonos industriales, problemas de salud física o mental y una creciente polarización del empleo. «Cada vez tenemos puestos de trabajo de muy alta cualificación y otros de muy poca, con condiciones muy diferentes», explica, lo que provoca que incluso personas con empleo tengan dificultades para llegar a fin de mes en un contexto de encarecimiento general de la vida. En este sentido destaca especialmente la vivienda, una primera necesidad cuyos elevados precios obstaculizan el progreso de la sociedad.
En Oarsoaldea, una comarca marcada históricamente por la crisis de la industria pesada de los años 80, la situación ha mejorado en los últimos años pese a que sigue encabezando la tasa de desempleo. «Hemos ido acercándonos a la tasa de Gipuzkoa y alejándonos de la de Euskadi», señala Arrazola, aunque reconoce una debilidad estructural: la falta de grandes empresas tractoras y el predominio de un tejido empresarial pequeño, con menor músculo innovador.
Precisamente para tratar de mejorar la integración de las personas desempleadas nacen asociaciones como Oarsolan, que actúa como pieza clave en ese engranaje de inserción laboral. Su trabajo se apoya en la colaboración con los cuatro ayuntamientos del territorio –Pasaia, Lezo, Errenteria y Oiartzun– y con el respaldo de las instituciones, pero también en una red más amplia que incluye al tercer sector, centros formativos, centros especiales de empleo, empresas de inserción y tejido empresarial local. «Nuestra labor es trabajar de forma colaborativa con procesos de inserción social y laboral, sobre todo de las personas que más dificultades tienen», explica Arrazola.
Para ello, la agencia dispone de recursos diferenciados según el perfil y la situación de cada persona. Desde programas ocupacionales para personas en situación de exclusión, hasta itinerarios de inserción sociolaboral para quienes están en riesgo de exclusión o recursos más orientados a personas en situación de desempleo.
A este acompañamiento se suma el trabajo directo con las empresas, con el objetivo de ajustar las necesidades de contratación al perfil de los desempleados. «Se trata de facilitar ese encaje entre personas y empresas», resume Arrazola, consciente de que estos procesos «no siempre son lineales», esperanzado con la oportunidad que se abre con la próxima regularización extraordinaria de extranjeros y convencido de que el acompañamiento sostenido es clave para que el empleo llegue también a quienes siguen quedándose al margen.
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