Pasen, al fondo hay sitio

Gobiernos como el de Meloni en Italia han tenido una respuesta realista sin necesidad de comerse a los niños crudos

La Razón, , 04-02-2026

Si alguien piensa que los movimientos tácticos de Sánchez en cuestiones como la inmigración van acordes con los vientos de la izquierda y la socialdemocracia europeas, desde luego que incurre en un soberano error. Al presidente de nuestro Gobierno le importa un bledo que el «progresismo» occidental lleve tiempo abandonando las políticas de «papeles para todos», tal como estamos viendo en el laborismo británico, en los postulados de los pocos partidos socialistas aún no desaparecidos en la UE, e incluso en Canadá, donde en su momento el Gobierno de Trudeau activó el «pasen que al fondo hay sitio» para acabar rectificando ante la evidencia de los efectos acarreados por el descontrol de la inmigración desordenada.

A Sánchez –que pudo acelerar la regularización de cientos de miles de foráneos hace más de dos años– no le importa nada que vaya más allá de su supervivencia política y tal vez por ello nos brinde permanentemente una capacidad, que hay que reconocerle, magistral de jugar el billar a dos o más bandas, cortejando a la xenofobia de Junts pero al mismo tiempo cautivando a Podemos –confirmado el juguete roto de Yolanda Díaz– a través de la regularización de más de medio millón de «sin papeles».

La medida, cuya importancia bien merecía no haber ninguneado al Parlamento, en una nueva demostración de desprecio a la división de poderes y con independencia de ser más o menos justa u oportunista, arroja algunos elementos como poco inquietantes, frente a los que gobiernos como el de Meloni en Italia han tenido una respuesta realista sin necesidad de comerse a los niños crudos. Elementos como el de convertirnos en el primer país de Europa objeto del efecto llamada y vendiendo a los ciudadanos un argumento de humanidad que nadie niega, pero que requiere un análisis más realista acorde a nuestra capacidad de absorción, por no hablar de la laxitud con que se verifican cuestiones como los antecedentes penales. La medida era rápidamente abrazada en su flanco más «social – popular» creyendo –otra vez los complejos– que un análisis más detenido de la cuestión sería interpretado como tibieza a la hora de defender a los carenciados. No vendría mal –valga este ejemplo– trufar la visión desde la adecentada calle Añastro con la que sufridos ciudadanos perciben en Villaverde, Parla o Vallecas. Y luego creemos que la ultraderecha la trae una cigüeña desde París.

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