Cuando trabajar no basta: la pobreza en España se vuelve estructural
La pobreza en España afecta especialmente a la infancia y a quienes más difícil lo tienen para entrar -o mantenerse- en el mercado laboral. Fundación »la Caixa» reunió en Madrid a expertos del ámbito social, económico y educativo para analizar esta realidad y poner el foco en las soluciones que ya están en marcha
Diario Vasco, , 02-02-2026No siempre se ve. No siempre se reconoce. Pero está ahí: la pobreza se ha vuelto una realidad estructural que atraviesa todas las capas de … la sociedad. No hace falta estar desempleado, ni vivir en situación de calle. Hoy, en España, trabajar no garantiza una vida digna. Tampoco estudiar. Ni siquiera tener un hogar. Según los últimos datos, uno de cada tres menores vive en riesgo de pobreza o exclusión social. Más de dos millones de niños crecen en entornos que no les ofrecen las mínimas condiciones para su bienestar y desarrollo.
Ante esta realidad, la Fundación »la Caixa» organizó en CaixaForum Madrid una mesa redonda con voces del ámbito social, educativo y económico para abordar los factores que perpetúan la desigualdad y visibilizar las respuestas que ya están en marcha desde programas como CaixaProinfancia e Incorpora. Participaron Nekane Abalia, coordinadora del programa CaixaProinfancia en la entidad social madrileña Redes Sociedad Cooperativa; Sonia Pérez, coordinadora territorial del Grupo Incorpora Madrid en Fundación Tomillo; Carlos Fernández, de Fundación »la Caixa»; y María Miyar, directora de Estudios Sociales de Funcas. Moderó el encuentro la periodista Mar Domínguez, directora de Colpisa.
CaixaProinfancia es uno de los programas sociales más consolidados de la Fundación. Desde su creación en 2007, ha llegado a más de 400.000 menores en situación de vulnerabilidad. Solo en 2025, atendió a 67.000 niños y niñas, y a más de 43.000 familias en toda España. El programa está dirigido a menores de entre 0 y 18 años que viven en contextos de exclusión social y ofrece un apoyo integral: refuerzo educativo, atención psicológica, acompañamiento familiar, acceso a bienes básicos como gafas, audífonos, alimentación saludable o material escolar. Todo ello coordinado en red con más de 460 entidades sociales y en colaboración con escuelas, servicios sociales y centros de salud.
«Nos encontramos con familias donde todos duermen en una misma habitación, donde no se puede pagar una reparación urgente, donde no hay estabilidad emocional ni material para criar a los hijos», explicó Nekane Abalia. Y añadió: «Muchas de esas familias quedan fuera del sistema de ayudas porque el criterio de acceso es el IPREM, que está desactualizado. El resultado es que nos encontramos con muchos trabajadores pobres: gente que tiene un empleo, pero no puede salir del círculo de la pobreza». El IPREM —Indicador Público de Renta de Efectos Múltiples— es el umbral de referencia que se utiliza en España para calcular el acceso a ayudas sociales. En 2025 y 2026 se mantiene congelado en 600 euros mensuales, lo que deja fuera a muchas familias que, aunque ingresan algo más, siguen viviendo en la precariedad.
Sonia Pérez compartía en la mesa redonda la experiencia del programa Incorpora, centrado en la inserción laboral de personas en riesgo de exclusión. Solo en 2025, facilitó más de 39.000 contrataciones gracias a la colaboración de más de 15.000 empresas comprometidas con la inclusión. Desde su creación en 2006, Incorpora ha consolidado una red de más de 400 entidades sociales y 1.000 técnicos especializados, que diseñan itinerarios personalizados, acompañan a empresas y trabajadores, y promueven la formación como herramienta clave para la inserción. «Lo difícil no es solo encontrar empleo, sino mantenerse en él», explicó Pérez. «Muchas personas llegan con grandes barreras: falta de formación, de experiencia, de red familiar, de confianza. El 58% de quienes atendemos son mujeres, y muchas están al frente de familias monomarentales. Acompañamos también a las empresas, para que entiendan, se adapten y se impliquen».
Incorpora trabaja con perfiles muy diversos: jóvenes sin titulación, personas migrantes, mayores de 45 años, personas con discapacidad, mujeres víctimas de violencia de género o personas privadas de libertad. Pero Pérez insistió en que el empleo no es solo una herramienta económica. «También es una vía de reconocimiento, de autoestima, de vinculación social. Por eso no se puede trabajar solo con la persona. Hay que trabajar con su contexto».
Desde Funcas, María Miyar introdujo una mirada macroeconómica que complementó los testimonios del terreno. «España es uno de los pocos países europeos donde la pobreza no ha disminuido durante los periodos de crecimiento económico. Eso indica que no hablamos de un problema coyuntural, sino de una desigualdad estructural». Miyar advirtió de que los hogares más afectados siguen siendo los monoparentales y los de origen migrante, y subrayó que la carencia material ha aumentado: «Hablamos de personas que no pueden calentar su casa, asumir un gasto inesperado o comer proteínas con regularidad. Esto tiene consecuencias directas en la salud, en la natalidad, en la vida cotidiana».
Carlos Fernández aportó la visión institucional de la Fundación, que ha consolidado estos programas dentro de su Plan Estratégico 2025 – 2030, con una inversión de más de 4.000 millones de euros. «Las entidades sociales son las que están ahí, las que conocen a las familias, las que hacen posible que los recursos lleguen donde deben llegar», afirmó. «Pero las ayudas económicas no son suficientes por sí solas. Si no hay alguien que escuche, que acompañe, que esté cerca, no hay transformación real».
«Tener hijos te integra en la sociedad, pero también aumenta el riesgo de pobreza. Es una paradoja: más conexiones sociales, pero más vulnerabilidad económica.»
El medio rural apareció en la conversación como alternativa. ¿Podría ser una vía de integración para personas en situación de exclusión? Miyar lo matizó: «La tendencia a la urbanización es global. La gente va a donde hay servicios y empleo. En el mundo rural hay vida más asequible, sí, pero menos oportunidades». Abalia, sin embargo, apuntó que con inversión suficiente podría ser una vía real para muchas familias. «Si hay colegios, centros de salud, Wi – Fi, sí es una alternativa. En un entorno rural las redes informales son más densas. La vivienda es más accesible. La conciliación más viable. Pero no podemos dejarlo todo en manos de programas sociales. Hace falta voluntad política».
Uno de los temas recurrentes fue la pobreza invisible, esa que no siempre se reconoce ni se ve. «Hay muchas personas que no se acercan a los servicios sociales porque no se identifican como vulnerables, o porque sienten vergüenza», señaló Abalia. Pérez lo ilustró desde su experiencia con Incorpora: «A veces las detectamos a través de sus hijos». Fernández cerró con una idea compartida por todos: «Cualquiera puede caer. Lo que hace la diferencia es si tiene una red o no».
Porque frente a una pobreza cada vez más silenciosa, lo que marcan la diferencia no son solo los recursos, sino la capacidad de acompañar. De estar cerca. De sostener cuando la red falla. Y sobre todo, de no olvidar que detrás de cada cifra hay una historia que puede cambiar si se le da la oportunidad.
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