‘Vacaciones en Paz’ cumple 40 años acogiendo a niños y niñas saharauis

Para este verano el objetivo es lograr 15 familias en Donostia

Diario de noticias de Gipuzkoa, Arantxa Lopetegi, 02-02-2026

Cuatro décadas, 40 años de en los que, verano tras verano, se ha activado el programa Vacaciones en Paz, que sigue buscando familias de acogida en Donostia para niñas y niños saharauis, con edades comprendidas entre los 10 y los 12 años.

El objetivo último de este programa es “aliviar las duras condiciones de vida que soportan esto estos menores en los campamentos de población refugiada de Tindouf”.

El tiempo que pasan en Donostia es fructífero a distintos niveles, sobre todo en lo que se refiere al cuidado de su salud, ya que reciben revisiones médicas, mejora de forma evidente su alimentación y, sobre todo, “tienen la oportunidad de conocer un entorno completamente distinto al desierto en el que viven”.

Este año, Vacaciones en Paz pretende lograr, al menos, la colaboración de 15 familias, de las que nueve ya acogieron menores saharauis el pasado año.

El concejal de Juventud del Consistorio donostiarra, Iñigo García, ha destacado que esta iniciativa es “de las más transformadoras que impulsa el Ayuntamiento”, siendo muestra “de la solidaridad de las familias donostiarras” y de “un compromiso que honra a nuestras ciudad”.

El pasado año fueron once las familias donostiarras que se sumaron a esta iniciativa, de las que nueve repetirán en 2026. El objetivo mínimo que se pretende alcanzar este curso es llegar hasta las quince familias.

Las familias, de cualquier tipo, que quieran contribuir alojando e estos niños y niñas a que su salud mejore puede ponerse en contacto con Oporrak Bakean, a través de cualquier red social, o acudiendo a la oficina de Cooperación, ubicada en el Palacio Aiete. Los teléfonos de contacto son el 630 533 468 y el 943 48 14 71.

“Cualquier familia puede acoger a los niños y niñas saharauis, solo hace falta tener tiempo y ganas”

Elixabet Eizagirre, responsable del programa Oporrak Bakean en Gipuzkoa, explica a NOTICIAS DE GIPUZKOA las razones por las que mantener en activo esta iniciativa sigue siendo de vital interés.

40 años de Vacaciones en Paz. ¿Sigue siendo necesario este proyecto?Hace 40 años que llegó el primer grupo de niños y niñas a Donostia, que venían de un campamento de refugiados saharauis que se creó para unas pocas semanas, unos meses, mientras duraba la guerra. Siguen allí, 50 años más tarde. ¿Han cambiado mucho las cosas? La situación de los campamentos de refugiados es similar ahora a la de hace 40 o 20 años. Siguen necesitando de ayuda humanitaria, política y social. Esos niños y niñas han nacido en los campamentos en los que las madres tienen anemia, también en el embarazo. Son bebés que han nacido con anemia, una enfermedad que hasta recibir una alimentación adecuada no se cura. Vacaciones en Paz da la posibilidad de recuperar la salud que el exilio les ha robado. Les posibilita recibir una alimentación adecuada y pasar por unas citas médicas para tratar patologías que no conocían. Porque hasta llegar aquí no sabían que necesitaban unas gafas o que tienen en los oídos tapones desde hace varios años. No saben que quitando esos tapones podrían oír mejor. Hemos conocido a niños que han sabido al llegar aquí que eran celiacos o que requerían de alguna cirugía. ¿Y en los campamentos?Se trata de llevar servicios médicos, pero no son tantos los disponibles. No hay recursos para atender a todas las personas que viven en los campamentos. Es necesario que pueden salir, al menos una vez, para acudir a las revisiones médicas, para poder alimentarse adecuadamente y conocer una realidad diferente. Les da la posibilidad de disfrutar del agua, que en el desierto es un tesoro. Aquí descubren la playa y el mar en el que pueden jugar con las olas o las piscinas donde pueden nadar. Descubren otra cultura, otras costumbres. Y dos idiomas. Hay niños que se llevan en su mochila nuestros dos idiomas. Les ayuda en la educación, en lo que han ido aprendiendo en los libros. Pueden ver un árbol, una flor o un monte. Es imprescindible para esos niños y niñas, pero importante para nosotros, para que podamos aprender, para disfrutar un verano diferente y aprender de ellos.¿El beneficio para esos niños es sobre todo médico?Las revisiones médicas son muy importantes, pero también poder comer bien, lo que aquí consideramos comer normal. Les ayuda a curarse y coger fuerzas para seguir creciendo. Pero, además, en la mochila de su corta vida son conscientes de que son refugiados, de que a pocos kilómetros está su tierra. Sus abuelos y abuelas les recuerdan que ellos nacieron en el Sáhara Occidental, donde había playas y otras cosas. Nosotros decimos que este programa ayuda a darles fuerzas para seguir luchando, para poder conocer una realidad muy diferente a la que han conocido y poder contribuir en la lucha de su pueblo para vivir en su tierra.¿El número de niños y niñas que ha llegado ha fluctuado?Ha bajado muchísimo. En un tiempo llegaron hasta 40 niños y niñas. Después tuvimos que bajar a 30, a 15… Con el Covid se dieron años de parón y remontarlos fue muy difícil. Conseguimos cinco familias, el pasado año once (de las que siguen nueve). El programa es para dos meses y cada familia decide si quiere seguir o no. Este año, al tener nueve familias repetidoras, nos hemos puesto como objetivo llegar a15. ¿Qué es para Donostia seis familias más? Solo pedimos seis, pero si fueran más mejor., mucho mejor. Esperamos que para el 15 de febrero, fecha límite, hayamos conseguido esas seis familias.¿Las familias tienen que cumplir algunos requisitos concretos? Lo importante es tener tiempo y ganas. Tiempo, porque los niños llegan de una realidad diferente y necesitan adaptarse, pero también nosotros necesitamos tiempo de adaptación, de asimilar que hay una nueva persona en la familia. El abanico de familias es abierto totalmente, cualquier tipo de familia. Lo que tiene que ser es una familia que pueda ofrecer tiempo. Si los primeros días de adaptación los tienen libres, lo agradecemos. Luego las niñas y niños pueden ir a los udalekus, contamos con un equipo para ayudar, etc. Un consejo.Que las personas a las que le llame la atención llamen y se informen. Después nosotros miraremos cada familia, cada situación, para ver si es posible o no la acogida.¿Es obligatorio que haya niños en la casa? No. Ha habido familias sin hijos o con hijos mayores. Ahora tenemos una familia que ha acogido a dos niños, que no se conocían de nada, que ahora se sienten como hermanos. Su familia de acogida no tenía niños y estaban dudando. Les ofrecimos que acogieran a dos y ha ido fenomenal. Por lo demás hay familias con niños pequeños, con mayores, sin niños, con una madre, un padre… Cualquier tipo de familia.¿Cómo animaría a las familias donostiarras a participar en Vacaciones en Paz? Yo les pediría que llamen, que se informen sin ningún compromiso. Luego ya tendrán tiempo de decidir, pero que lo hagan con información, que no los descarten de primera. Decirles que quizá esta es la última oportunidad. Porque nosotros luchamos con la idea de que el pueblo saharaui tiene el derecho de volver a su tierra. ¡Aprovecha esta oportunidad! Porque dos meses pasar rápido y tenemos un equipo y familias acogedoras que nos van a ayudar. Nunca se van a sentir solos. Se hacen planes, hay cursillos, un plan lúdico para ayudar a la adaptación. Hay una gran red de apoyo.

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