Liam, el niño de cinco años detenido por el ICE junto a su padre en Mineápolis, ya ha vuelto a casa

El juez que ordenó su liberación carga contra la administración de Trump por «imponer la crueldad» y «carecer de toda decencia humana»

Diario Vasco, J. Gómez Peña, 01-02-2026

La despiadada política migratoria de Donald Trump se reflejó en la imagen de un niño ecuatoriano de cinco años, Liam Conejo Ramos. Asustado y vestido … con un enorme gorro – azul y una chaqueta a cuadros, fue detenido por agentes del ICE (Servicio de Inmigración y Control de Aduanas) en Mineápolis e internado el 22 de enero junto a su padre en un centro de reclusión de Dilley (Texas) mientras se resolvía su procedimiento de expulsión de Estados Unidos, pese a que han pedido la solicitud de asilo. Tras varios días de incertidumbre, el sábado el juez Fred Biery decretó su libertad y los dos, padre e hijo, pudieron regresar a su hogar. «Estoy feliz de poder de volver a casa por fin», declaró Adrián Conejo.

En esta ocasión y ante la indignación popular, mundial, por la indefensión de Liam, la administración de Trump no se ha opuesto a la orden judicial y la familia ha podido reunirse. En casa les esperaban la madre, Erica, y el hermano mayor. El congresista Joaquín Castro, representante demócrata del distrito en el que está el centro de detención, los recogió y los escoltó hasta Mineápolis.

El gorro azul de Liam y la mano represora de un agente sobre su mochila de ‘Spiderman’ son ya un símbolo de resistencia ante la ‘caza’ al inmigrante desatada por Trump. Esta campaña, ejecutada por el ICE y de la Guardia Fronteriza, le costó la vida de Renee Good y Alex Pretti, víctimas de la violencia policial durante las manifestaciones en defensa de los inmigrantes que se han desarrollado en Minnesota. Los dos tenían 37 años, eran blancos y ciudadanos de Estados Unidos, donde habían nacido. Sus asesinatos a quemarropa crearon estupor incluso entre las filas republicanas que sostienen a Trump.

La detención de Liam mostró los métodos de los agentes del ICE. Arrestaron al niño junto a su padre, que había ido a buscarlo a la escuela. Los trasladaron a su casa para utilizar al menor como cebo y capturar al resto de la familia. Así lo relató su madre:«No pude hacer nada, Liam me pidió repetidamente que no saliera. Estaba asustado porque creía que los agentes también me iban a detener a mí». No abrió la puerta para proteger a su otro hijo. «Vi que metían a Liam en el vehículo del ICE. Querían que corriera desesperadamente hacia él para arrestarme también. A Liam lo usaron de carnaza», denunció.

En su orden de libertad para el padre y el hijo, el juez Fred Biery –nombrado por el expresidente demócrata Bill Clinton– cargó contra Inmigración y quienes orquestan esta campaña. «Observar el comportamiento humano confirma que la pérfida codicia de poder absoluto y la imposición de la crueldad en su búsqueda no conocen límites y carecen de toda decencia humana», escribió.

Entre citas de Franklin y Jefferson, el juez se centró en altos cargos de la administración de Trump, como la secretaria de Seguridad, Kristi Noem, partidaria de aplicar la máxima mano dura contra los inmigrantes. Biery denunció que han ordenado la búsqueda, «mal concebida e implementada de forma incompetente, de cuotas diarias de deportación, aparentemente incluso si ello implica traumatizar a niños». «Este tribunal y otros –recuerda– envían regularmente a prisión a personas indocumentadas y ordenan su deportación, pero lo hacen siguiendo los procedimientos legales adecuados».

El magistrado también reconoce que «en última instancia» y debido al complejo sistema de inmigración de Estados Unidos, «los peticionarios podrían regresar a su país de origen (Ecuador), de forma involuntaria o por autodeportación. Pero este resultado debería producirse a través de una política más ordenada y humana que la que existe actualmente». Según la junta escolar de Columbia Heights, esta semana han sido detenidos otros dos niños.

Ana, Carlos y su hijo Luis temen a los agentes del ICE. Llevan encerrados en su casa de Mineápolis dos meses, desde que los agentes federales comenzaron las redadas para detener a inmigrantes por orden de Donald Trump.

Las cortinas de la casa de esta familia mexicana permanecen cerradas todo el día y la puerta está reforzada con una barra de metal para evitar que la tiren abajo. Llegaron a esta ciudad del norte de Estados Unidos hace más de una década para iniciar una nueva vida. Ahora, su sueño americano se ha convertido en pesadilla.

«Es inhumano vivir así, como prisioneros en nuestra propia casa», lamenta Ana. No es su nombre verdadero. Lo oculta. Luis, uno de sus cuatro hijos, nació en México. Por eso permanece oculto. Los otros tres son estadounidenses, pero Ana vive con intranquilidad cada vez que salen a la calle. «Temo que un día los detengan por el color de su piel», denuncia.

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