Los nuevos Procustos
Percibir lo que tenemos delante de las narices con los menores prejuicios se ha convertido en un desafío constante
Diario Vasco, , 01-02-2026Se ha podido ver la actuación de la policía federal de inmigración, la borrascosa ICE comandada por Gregory Bovino, un tipo de apellido vacuno pero … de temperamento caprino. Hemos visto cómo en Mineápolis uno de sus matones descerrajó tres tiros a una ciudadana que intentaba alejarse pacíficamente en su coche, y cómo días más tarde otros acribillaban por la espalda al enfermero Alex Pretti, desarmado e inmovilizado bajo una montonera de agentes.
Quien quisiera pudo verlo, pero no todos miraron. La prueba es que justificaron el primero de los crímenes en que el patrullero fue «deliberada y salvajemente atropellado» y solo por milagro logró escapar con vida. En cuanto a Pretti, según Greg ‘Caprino’, se trataba de un «pistolero listo para atacar», un «terrorista nativo» que preparaba una masacre de agentes del orden. Ante la avalancha de evidencias visuales en contra, el presidente estadounidense alegó: «Bueno, es mi punto de vista».
Hasta ahora deslindábamos lo real de lo irreal, lo verdadero de lo falso mediante un diálogo racional. Vana esperanza en las presentes circunstancias en que no pocos de nuestros contemporáneos se guían ya no por el conocimiento de lo que hay, sino por su particular deseo de que las cosas aparezcan como ellos las quieren. Bajo el régimen de las ‘verdades alternativas’ cada cual conoce solo aquello que le conviene, poniendo sus cinco sentidos al servicio de esa construcción desiderativa. Mutilan la realidad igual que el mítico Procusto cortaba la cabeza o las piernas a sus huéspedes a fin de que encajasen dentro de la cama, o los estiraba y descoyuntaba.
Mientras cada vez más gente cierra el diafragma de sus entendederas para encuadrar la realidad conforme a sus apetencias e intereses, percibir lo que tenemos delante de las narices con los menores prejuicios se ha convertido en un desafío constante.
Retomemos al Orwell del distópico mundo de ‘1984’, Oceanía, en el que paz equivale a guerra, esclavitud a libertad, ignorancia a fuerza. Y donde 2+2 = 5 se impone como fórmula exacta y fuera de toda duda desde el momento en que la verdad se constituye ya no como resultado de un esfuerzo colectivo de comprensión, sino como espuria aceptación de lo que el Poder determina.
Y, sin embargo, la realidad continúa existiendo incluso cuando se deja de creer en ella: tomarla a burla entraña riesgos dada su infinita capacidad para devolvernos el desprecio. No hay irracionalidad, ni bovina ni caprina, que pueda contra la fuerza de lo que es y de lo que no es.
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